LAS PALMAS DE GRAN CANARIA / Ainhoa Arteta: excelencia interpretativa, elegancia y simpatía

Las Palmas de Gran Canaria. Auditorio Alfredo Kraus. 10-V-2026. Ainhoa Arteta, soprano. Javier Carmena, piano. Obras de Fauré, Puccini, García Abril, Obradors, Falla, Giménez, Granados, Sorozábal y Barbieri.
Dentro de la programación del 20º aniversario del Festival Mar Abierto, el festival de las estrellas en Canarias, pudimos disfrutar de la soprano Ainhoa Arteta, en esta isla que la recibe siempre afectuosamente, acompañada por el extraordinario pianista Javier Carmena, en la Sala Jerónimo Saavedra del Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria. Es siempre un placer encontrarse con una artista que sepa comunicar, que no se limite a cantar bien y deje al público indiferente. Ainhoa Arteta, dominó el repertorio ofrecido, mayormente de autores españoles, y supo trasmitir de forma natural, todo el sentimiento e intención en cada intervención.
La primera parte, la abrió con dos melodías del francés Gabriel Fauré, Chanson d´amour y Automne, basadas en poemas de Armand Silvestre, ambas cantadas con elegante musicalidad, expresividad y un atractivo colorido vocal. Le siguieron tres pequeñas composiciones de Giacomo Puccini, autor, cuyo repertorio ha formado parte de los grandes roles de Ainhoa Arteta, (Mimí, Magda, Liù, Manon Lescaut…) aquí, lejos de las exigencias de sus heroínas operísticas más exitosas, nos interpretó unas pequeñas canciones, llenas de dulzura y encanto, a las que el propio compositor, años más tarde de su creación, daría una segunda vida en sus óperas La Rondine o La Bohéme. Cautivó la soprano con E l’uccellino, Sogno d’or y Sole e amore, principalmente en la segunda, una nana, cantada con sensibilidad, buen gusto y fluido legato.
Cerró sus primeras intervenciones, con tres canciones de su admirado Antón García Abril, incluidas en el ciclo de Canciones de Valldemosa, con textos de Antonio Gala, Agua me daban a mí, A pie van mis suspiros y No por amor, no por tristeza, enfocadas con buen dominio en la exigencia interpretativa, línea vocal y perfectamente fusionada con el piano de Carmena, que introdujo cada tema magistralmente.
Continuó el recital con obras de Fernando Obradors, como Al amor o Coplas de Curro Dulce, que constataron la homogeneidad en el registro, agilidad, graves bien apoyados y agudos penetrantes, aunque en contados pasajes que exigían más intensidad, dicha zona alta no estuvo del todo bien sostenida, no por ello, el público entusiasta, dejó de valorar la excelencia interpretativa de esta artista, que ha sabido mantenerse a gran nivel, a pesar de las dificultades personales.
Las Siete canciones populares españolas, de Manuel de Falla, fueron de las más aplaudidas de la noche, quizás por ser una de las obras más conocidas del repertorio clásico español y del gran público, y que sirvieron para conmemorar, sin pretenderlo, el 150º aniversario del nacimiento del compositor gaditano. Íntima y aterciopelada en la Nana, y perfecta en los cambios de color y energía de la Jota, Seguidilla murciana y Polo, gustó muchísimo y así el público se lo premió.
Concluyó el programa oficial con cuatro Tonadillas al estilo antiguo de Enrique Granados, donde demostró, no solo su versatilidad para adaptarse rápidamente a nuevas formas de hacer, sino también una gracia innata, que armonizaba muy bien con los textos de El majo tímido o El majo olvidado. Aprovechó la ocasión para dedicar El tra la la y el punteado, a la gran mezzosoprano y amiga personal Teresa Berganza. Magnifica Arteta en estas tonadillas más simpáticas de la colección.
Maite de Pablo Sorozábal, la Canción de Paloma de El Barberillo de Lavapiés de Barieri y La Tarántula de La Tempranica de Giménez, pusieron el broche de oro al recital, con acento vasco y de zarzuela festiva.
El pianista Javier Carmena, interpretó correctamente el intermedio de la ópera Manon Lescaut de Puccini, respirando cada frase, y muy bien contrastado, pero se echó de menos un poco más de tensión dramática. Perfecto y brillantísimo en Mazzantini y pasodoble de Gerónimo Giménez, con tintes toreros y zarzueleros.
Ainhoa Arteta interactuó con el público, habló a la audiencia casi de manera didáctica sobre cada compositor y obra que interpretaba, contó anécdotas, trasmitió emociones e inquietudes, habló de la vida, fue simpática, agradecida y divertida, a la vez que profundamente artista, en cada una de las palabras y notas que salieron de su garganta; se bajó del escenario mientras cantaba para sentir de cerca el calor de quienes la admiraban y consiguió que al menos la mayoría de los que estaban en la sala se fueran satisfechos y convencidos de que habían disfrutado de una auténtica estrella española de la lírica mundial.
José Juan Robaina Martín


