Largo viaje hacia la última noche

EINE WINTERREISE
Basado en músicas y canciones de Franz Schubert. Idea y puesta en escena de Christof Loy. Anne Sofie von Otter, mezzo. Kristian Bezuidenhout, piano. Con Claudio Rado, violín; Nicolas Franciscus, Kristian Alm, Matilda Gustafsson. Dirección film: Friedrich Gatz. Theater Basel, II.2022. NAXOS 2.110751 (1 DVD)
¿Un cuento? Si es un cuento, vemos al sueño, la muerte y la melancolía en busca tan solo del amor. ¡Tan solo! Con la generación y los tiempos de Schubert entra la intimidad en la música, porque ésta se refugia en las casas, donde los familiares y amigos hacen música juntos. Aquí, juegan, bailan, parece que se enamoran y parece que se entristecen. Están dentro, están en casa, en casas. Fuera, hace frío; fuera, la policía de Metternich no duerme. Esta secuencia es una fantasía sobre esas intimidades. Es dramaturgia, tenue y sugerida, a partir de músicas de Schubert, que evoca fragmentos e imágenes de lo que debió de ser su vida, sus amigos (Schober), su amenaza y la evocación de su pasado (el Doble, el Doppelgänger, no es necesariamente ominoso, sino fuente de inocente nostalgia).
No solo hay Lieder, y solo oímos / vemos una parte del Winterreise D. 911, de la Molinera, del Canto del cisne. Son, sobre todo, Lieder, pero también piezas instrumentales. Veamos: el Galop D. 925 da lugar a una tríada formada por Auf dem Flusse, Fürhlingstraum (del D. 911) con Im Abendroth D. 799. Para pasar de inmediato al Allegretto de la Sonata D 537. El entrevero tiene un sentido de sugerencia, ya lo advertíamos. Es una propuesta teatral muy bella y a veces (por qué no) confusa, porque es muy sugerente, nada diáfana. Puedes perderte en el hilo dramático que tiene lugar entre esos movimientos, unas veces nerviosos y ágiles, otros sosegados, fatigados incluso. Al mismo tiempo, asistimos a un recital.
El recital lo asume Anne Sofie von Otter, actriz que hace el papel de Él (Er), el que lleva a cabo el viaje invernal, trasunto del propio Schubert. Anne Sofie trata de sernos Schubert, y propone signos que así lo establecen. Pero es teatro, y se trata de ficción que busca entre las verdades ocultas y lejanas de Schubert. Delicadeza, insinuación, prosodia casi siempre sugerida, o susurrada: eso es lo tenue, lo que sin embargo va cargado de intensidad, por debajo, sin afectación ni mueca. El drama se canta, se baila, se mima; no se encarece ni se excede. La muerte es seria y es poética, tan abrumadora que no precisa énfasis. Anne Sofie y Loy han elegido las piezas de Schubert en que se basa esta dramaturgia. Parece una buena selección, como podría haberlo sido otra distinta. Loy, director; y Anne Sofie, intérprete, le dan sentido, y el pianista Kristian Bezhuidenhout ahonda en ello con un acompañamiento permanente, que nunca descansa. Ese sentido que va más allá de los detalles evocadores, y mucho menos biográficos.
Dos culminaciones (hay más): Viola D 786, con texto de Schober (¿amor?); Der Lindernbaum, El Tilo, del Winterreise. ¿Y ese doble, ese Doppelgänger del Canto del cisne, canción, no personaje…? ¿Es anuncio de muerte esa figura que te devuelve tu mismísimo rostro y aspecto? Todo ello con unos intérpretes que contemplan el relato, el drama, o lo viven a la perfección: Alm, Tornarolli, Franciscus, Gustafsson. Franciscus, además, recita su juvenil melancolía, al tiempo que comprueba su inmediato futuro en la figura de la cantante. Frente a él, el aspecto infantil de Giulia Tornarolli, la madurez de Alm, que ya ha crecido; y Matilda Gustafsson acaso es la tentación que fue. Tornarolli y Alm son el vínculo con la extrema juventud, esos gestos ingenuos o pícaros, con ecos de canción de cuna, con lo ya ido. Amor y muerte, intimidad, suspiro. Sueño.
Santiago Martín Bermúdez


