La Scala de Milán y la historia de sus palcos

La Scala de Milán y la historia de sus palcos

La historia de un teatro no es sólo la narración de las óperas que allí se representaron, de los cantantes que allí actuaron, o el recuento de sus directores y de sus estrenos. Un teatro es también el retrato de una sociedad que busca en este marco múltiples y a veces dispares objetivos: diversión, reflexión, visibilidad… Los palcos, por ejemplo, se concibieron desde los inicios del teatro de ópera como espacios privados que las familias se transmitían de una generación a otra, pero que también podían ser objeto de compraventa con cambios sucesivos de dueño.

El año pasado el Teatro alla Scala de Milán llevó a cabo un ambicioso proyecto titulado Storia dei palchi, que, a través de un minucioso y sistemático trabajo de investigación, reconstruye la historia de sus 155 palcos y de sus 1.223 propietarios desde 1778, año de apertura del coliseo milanés, hasta 1920, fecha en la que los palcos privados se expropiaron y se pasó al régimen actual. Ahora, estos datos se han volcado a la red y han confluido en una sugerente página que cualquiera puede consultar dentro del sitio web del coliseo milanés: https://storiadeipalchi.teatroallascala.org/

A través del menú, podemos acceder a un mapa digital de los palcos y, pinchando sobre cada uno de ellos, tenemos el listado cronológico de los sucesivos propietarios. Junto con sus nombres, se nos proporciona una sucinta biografía cuando ha sido posible reconstruirla. Muchos de estos dueños, sobre todo al principio, eran aristócratas, pero luego vemos que se van uniendo empresarios, eclesiásticos, músicos, militares y funcionarios: una abigarrada multitud de personas unidas por la pasión melómana y, quizá también, atraídas por el prestigio social que otorgaba la posesión de un palco en la ópera. Algunos palcos eran propiedad de asociaciones benéficas e instituciones que los ponían a disposición de sus miembros o de invitados.

Storia dei palchi es una forma de recorrer la historia de un teatro desde la perspectiva de su público, entendido no ya como un gentío anónimo, sino como un conjunto de personas con nombre y apellido, cada una con su propia historia. En una época de salas vacías como la actual, una iniciativa de este tipo se convierte indirectamente en la reivindicación de uno de los actores fundamentales de este espectáculo: el espectador. Sin público, el género no sería ni posible ni viable. Su presencia ha permitido que la ópera siga adelante desde hace más de cuatro siglos.