LA RIOJA / La Rioja Festival: un crisol de músicas

La Rioja. 14/16-V-2026. Casalarreina. Monasterio de la Piedad. José Antonio López, barítono. Cuarteto Quiroga. Obras de Webern, López Estelche y Brahms. San Millán de la Cogolla. Monasterio de Yuso. José Miguel Moreno, vihuela. Obras de Narváez, Ortiz, Mudarra, Sanz y otros. Logroño. Riojaforum. Pablo Sainz-Villegas y David Antigüedad, guitarras. Juan C. Fernández, contrabajo. Diego Álvarez, percusión. Obras de Falla, Albéniz, Tárrega y otros. Viniegra de Abajo. Casa Montero. Pepe Viyuela, actor. Sara Águeda, voz y arpa. Música de Guerrero, el Livre Vermes de Montserrat y las Cantigas de Alfonso X.
Se acerca el verano y España se convierte en tierra de festivales de norte a sur, desde las grandes ciudades hasta pequeños puertos costeros o aldeas encaramadas en las montañas. En La Rioja, bajo el lema “Crisol”, el festival impulsado por Pablo Sainz-Villegas celebraba su quinta edición fiel a su idea de acercar la música a la sociedad, promover la cultura de la comunidad y ampliar la mirada hacia el mundo rural y sus tradiciones. Un festival que apela a lo humano justo en la época en que los campos riojanos están en su punto más florido, el cielo se vuelve luminoso, los ríos bajan con fuerza y aún se contemplan algunas cumbres nevadas.
Esa era la estampa desde Casalarreina minutos antes de recibir al Cuarteto Quiroga en su Monasterio de la Piedad. El programa, presentado unos días antes en el Liceo de Cámara de Madrid, comenzaba uniendo el lenguaje próximo a la ruptura tonal de Webern con la sombría atmósfera de la obra Revés de Israel López Estelche, sobre textos de Jesús Ruiz Mantilla: música grave e intensa en la que se plasmaban con dureza los temas del tiempo, la memoria y la muerte abordados por los cinco poemas. La sensación era de angustia, de una ansiedad que se veía acentuada por la oscura voz de José Antonio López. Tras envolverla en un sonido compacto y a ratos quebradizo, como pedía la partitura, el Quiroga elevó el ánimo con un Cuarteto nº 2 de Brahms trazado con líneas claras y un equilibrio constante entre mesura y vehemencia.
La mañana siguiente, el festival proponía recorrer parte del Camino Real desde Badarán hasta San Millán de la Cogolla, en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, donde una actuación de danzas tradicionales preludió el viaje musical de José Miguel Moreno a la España de los siglos XVI y XVII. Muy pocos lugares encarnan mejor que el Monasterio de Yuso la idea de La Rioja como escenario con historia, vinculada a algunos de los primeros escritos en castellano y en euskera, lo que dio trasfondo simbólico a un concierto que el gran vihuelista madrileño bordó desde la humildad y el conocimiento de toda una vida tocando esta música, del refinamiento polifónico de los compositores de la época del renacimiento (con La canción del Emperador de Narváez y la Fantasia que contrahaze la harpa a la manera de Ludovico de Mudarra como puntos culminantes) a los aires populares de las Folías y los Canarios de Gaspar Sanz. Incluso su manera lenta de pasar las hojas denotaba su encuentro del ritmo natural de la vida, en armonía con el entorno y en contraste con la premura y las prisas que hoy lo dominan casi todo.
Lo mismo podría decirse del recital de verso y arpa que Pepe Viyuela y Sara Águeda ofrecieron en Viniegra de Abajo, un precioso municipio semioculto entre valles en la comarca del Alto Najerilla. El programa se vinculaba también con los principios del castellano a través de cuatro de los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, riojano universal que fue diácono y notario del Monasterio de San Millán. Viyuela se convirtió en juglar medieval para relatar esos milagros de la Virgen protegiendo a sus devotos, desplegando sus múltiples registros —cómico, solemne, poético o grotesco— como solo él sabe hacerlo, mientras el viento silbaba acompañando el movimiento de las nubes y el arpa de Sara Águeda ambientaba el recital con música de Francisco de Guerrero, el Llibre Vermell de Montserrat y algunas de las Cantigas de Alfonso X.
Entre estos dos conciertos de pura calma, el auditorio Riojaforum de Logroño se llenó la noche del sábado por la presencia de Sainz-Villegas junto al también guitarrista David Antigüedad, el contrabajista Juan C. Fernández y el percusionista Diego “El Negro” Álvarez, quienes brindaron una emocionante velada de música española entre dos aguas: el mundo clásico y el del flamenco. El riojano demostró ser profeta en su tierra ganándose al público a base de carisma, personalidad y su arte a la guitarra, que a veces lucía en solitario (Recuerdos de la Alhambra de Tárrega) y otras rodeada por sus compañeras de viaje en arreglos bien calibrados en forma y fondo, algo más aireados en la parte del flamenco ante el tradicional Vito, las dos aguas de Paco de Lucía o el Innuendo de Queen. Era como si el concierto condensase por sí solo el espíritu del festival como crisol: música abierta al cruce y al encuentro entre pasado y presente.
Asier Vallejo Ugarte
(fotos: Rafa Lapuente)

