La nueva temporada del CNDM

La creación del CNDM en 2011 supuso un antes y un después en la programación musical en España. A las buenas intenciones con que se inició su andadura se sumaron la ambición en el desarrollo de un proyecto que aspiraba desde el primer momento a la excelencia en sus contenidos y la profesionalización de su gestión por parte de la propia Administración, que demostraba que la iniciativa pública sirve para algo, entre otras cosas para cumplir con el mandato constitucional de acercar la cultura a los ciudadanos. Aquella ambición no suponía un brindis al sol sino la convicción de sus creadores en la viabilidad de una idea que se ha mostrado desde aquel entonces como verdaderamente brillante.
Antonio Moral, su primer responsable, imprimió su personalidad al organismo durante los siete años en los que fue su director y a partir de 2018 Francisco Lorenzo ha hecho lo propio ampliando su campo de actuación, ampliando aún más su oferta y manteniendo ese carácter de vehículo hoy por hoy imprescindible en la interactuación en materia de música entre el Ministerio de Cultura, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, sumando, además, colaboraciones diversas que involucran al conjunto de la sociedad en una tarea que, entre otras cosas, sirve también para que sus destinatarios conozcan de cerca lo que este país, que a veces pareciera en permanente conflicto consigo mismo, es capaz de llevar a cabo cuando la buena voluntad se impone a la bandería.
Catorce años después, uno sólo antes de su obligatoria marcha —dejará, como es natural, diseñada la temporada 2026-2027— Francisco Lorenzo ha firmado en esta 2025-2026 una de las más importantes en toda la andadura del CNDM, una representación modélica de la realidad de la demanda de música en nuestro país y de la adecuación a ella de una oferta que no la condiciona sino la estimula. Muchas veces se ha hablado de la importancia real de esa misma oferta en el contexto europeo, en el de una cultura propiciada y patrocinada por las administraciones total o parcialmente, y en este caso, de nuevo, queda claro que España no tiene nada que envidiar en términos de oferta a nuestro entorno.
Y ahí es donde una programación como la del CNDM alcanza su pleno sentido como suscitadora de atracción hacia las líneas esenciales en la historia de la música pero, también, y al mismo tiempo, como complemento necesario de tantas programaciones privadas como se desarrollan entre nosotros, unas con un porcentaje de riesgo perfectamente medido, otras con un punto de valentía que su público fiel apoya y agradece.
El trabajo del CNDM se centra en muy diversos ámbitos, que van de la presencia de músicas españolas pretéritas y presentes, pasando por recuperaciones con vocación de permanencia, a la de intérpretes o autores que suponen referencias indudables en sus ámbitos de actuación. Así, este año el compositor Georg Friedrich Haas, el pianista Pierre-Laurent Aimard o el director Dani Espasa con sus Vespres d’Arnadí serán sus figuras residentes.
El ciclo transversal Scarlatti 300, dedicado al tercer centenario de Alessandro Scarlatti es otro de sus puntos fuertes, como lo son la importancia dada a la creación musical femenina, a las grandes voces o a la música de cámara —dos puntales ya habituales. El jazz o el flamenco, desde puntos de vista nada convencionales, vuelven a sumarse a una oferta que no olvida nada de lo que de relevante tiene el arte musical en nuestro tiempo y en nuestro país. Y en todos los casos con protagonistas que están en lo más alto del escalafón de sus respectivas actividades, de Dave Douglas a Teodor Currentzis, de Jordi Savall a Barbara Hannigan.
Elemento fundamental en todo ello es la descentralización que siempre ha caracterizado la actividad del CNDM, que involucra a actores que pertenecen a ámbitos a veces demasiado lejos de los conciertos en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao o Valencia. Por eso Salamanca, Zamora, Cáceres, Logroño, Segovia, pero también Malpartida o Betanzos y muchos otros pueblos y ciudades figuran año tras año en su programación.
En un momento en el que se escuchan voces negadoras del Estado de bienestar o del apoyo de las administraciones a la cultura o a la educación, que llegan a proclamar que la justicia social es una aberración, proyectos como el del CNDM, nacidos para dar cumplimiento a una parte de la deuda del Estado con sus contribuyentes, y desarrollado en sus dos etapas —Moral y Lorenzo— con un altísimo nivel de competencia, merecen la continuidad y el apoyo de cualquier administración sea cual sea su color político. ¶


