La música serena de Peteris Vasks

La música serena de Peteris Vasks

PETERIS VASKS: Musica serena, Musica dolorosa. Musica appassionata. Concierto para violonchelo n. 2 /Uladzimir Sinkevich, violonchelo. Anna-Maria Palii, soprano. Orquesta de la Radio de Múnich. Dir.: Ivan Repusic / BR Klassik

Peteris Väsks (1946) es una suerte de contraparte letona al estonio Arvo Pärt. Diez años más joven que su colega báltico, Vasks escribe obras tonales largas, lentas y contemplativas con un fuerte sentimiento por los lagos, los bosques y el paisaje en general. La pieza que abre este CD (Musica serena), para orquesta de cuerda, es uno de esos adagios al estilo de Samuel Barber que parece no  tener principio, centro ni fin, ofreciendo una imagen del universo que es al mismo tiempo reconocible y poco amenazadora. Gran parte de la música de Vasks está impregnada de un carácter de lamento -por la ocupación de su país por Alemania y Rusia, por los amigos que murieron, etc.-, pero tiene la virtud de no caer jamás en lo mórbido. En alguna orilla del Báltico siempre queda un recodo de esperanza.

Vasks, un contrabajista a quien se le prohibió asistir a clases de composición bajo el régimen soviético, posee una gran habilidad para establecer diálogos bien diferenciados entre las secciones de cuerda, creando una imagen sonora que oscila entre la banalidad cotidiana y la furia explosiva (por ejemplo, en la sección central de Musica dolorosa).

La pieza más destacada de este álbum, interpretado por la Orquesta de la Radio de Múnich bajo la batuta de Ivan Repusic, es un concierto para violonchelo con un final en el que interviene -sin palabras- una soprano solista. La aparición de la voz resulta tan inesperada que el oído tiene que hacer un esfuerzo especial para saber de qué se trata. Pero la obra exhibe una enorme belleza, y los dos solistas, Uladzimir Sinkevich (violonchelo) y Anna-Maria Palii (soprano), están perfectamente compenetrados. Al oyente afecto a este tipo de repertorios sin duda le vendrá a la cabeza, entre otros precedentes, la Tercera sinfonía de Gorecki.

En un año en el que pocas orquestas son capaces de tocar a pleno rendimiento, las creaciones para orquesta de cuerda de Vasks se antojan una alternativa perfecta para atravesar la oscuridad y regresar a la luz, suponiendo que los muy bien pagados asesores artísticos de las grandes orquestas escuchen lo suficiente. Entre tanto digamos que la orquesta de la radio de Múnich toca mucho mejor de lo que podríamos esperar de la que es en la práctica la cuarta agrupación sinfónica de la capital bávara.