La música que dibuja rostros

Hay músicas cuya comprensión auténtica quizá hayamos perdido para siempre. Su misterio se nos escapa; nos hemos vuelto incapaces de descifrarlo por mucho que advirtamos su presencia. Una insalvable distancia —no solo cronológica— nos separa de ellas. En la Alta Edad Media, existía una misa que plasmaba algo inusitado: sus líneas vocales eran la visualización sonora del rostro de la Virgen. Al escucharlas, el devoto podía recorrer en detalle los lineamentos de la cara sagrada y adentrarse así en una dimensión en la que el fenómeno acústico se convertía en experiencia luminosa y táctil. Desgraciadamente, nuestros oídos modernos están muy lejos de restablecer aquellas condiciones perceptivas que hacían posible seguir este “periplo facial”.
Dedicada al Sagrado Nombre de la Virgen, la misa Vultum Tuum fue prohibida a partir del siglo XI, tal vez porque ya entonces se la consideraba producto de una sensibilidad herética o cuando menos equívoca. Pero no desapareció del todo, sino que se sumió en el cauce menos controlable de las músicas de transmisión oral. La etnomusicóloga Corinne Bartolini la volvió a encontrar en Córcega, en la región de Nebbiu, donde desde el siglo VII forma parte del patrimonio de las polifonías tradicionales. Allí aún la cantan todos los años el 12 de septiembre y durante el Adviento. Es la etapa final de un largo viaje que, antes de pasar por Roma, tocó los litorales del Imperio bizantino (tal como sugiere su coloración) e incluso pudo recibir los ecos indirectos de las polifonías caucásicas.
El conjunto vocal corso Tempvs fvgit [en la foto] grabó hace unos años la misa Vultum Tuum junto con otros cantos sagrados de Nebbiu en un disco publicado por el sello Long Distance, en una interpretación que repropone y actualiza el misterio de esta obra. El contrapunto ancestral, cercano a los organa medievales, desconoce la regulación de la escritura clásica, donde las voces actúan como un sistema de fuerzas contrapuestas que se compensan entre sí (cuando una voz sube, la otra baja). Por el contrario, las voces suman aquí sus movimientos, procediendo a menudo por intervalos paralelos. De esa manera duplican su fuerza, redoblan su energía, crean texturas dotadas de unos espesores y unos relieves casi matéricos, que el canto ilumina y anima con sus modulaciones rudas y casi expectoradas.
Los rasgos de la misa Vultum Tuum —tan arcaicos como arcanos— nos retrotraen a una época en la que posiblemente la música fuera algo muy distinto: un relieve sonoro que tenía evidencia de carne perenne, un organismo transfigurado sobre cuyos lineamentos el canto vertía haces de luz.
Stefano Russomanno


