La interesante música de Johanna Müller-Hermann

MÜLLER-HERMANN:
Quinteto con piano op. 31. Sonata para violín y piano op. 5. Oliver Triendl, Daniel Gaede, Nina Karmon, Benedikt Schneider, Antoaneta Emanuilova HÄNSSLER (1 CD)
Suele olvidarse que la Viena de Klimt, Schnitzler y Mahler fue igualmente la de Broncia Koller, Else Jerusalem y Johanna Müller-Hermann. De esta última, ocho años más joven que el autor de Das Lied von der Erde y que fallecería tres años después de que los nazis invadieran Austria, solo se conocían hasta ahora tres testimonios discográficos: las versiones (mejorables) de Obertura heroica y Epílogo a una tragedia (Thorofon, 1994), el Cuarteto de cuerda, op. 6 —una de sus mejores obras— servido de manera excelente por el Artis (Nimbus, 1999) y un puñado de lieder en grabación recentísima del dúo Whately-Middleton (Chandos, 2023).
Zemlinsky, Foerster y Schmidt se contaron entre los maestros de esta compositora vienesa que estrenó su primera obra en 1903, publicó no pocas de sus partituras en una editorial de tanto prestigio como Universal y gozó de cierto reconocimiento en la archiconservadora capital del Imperio Austrohúngaro durante el primer tercio del pasado siglo. Además de creadora, Müller-Hermann fue profesora durante más de dos décadas en el Nuevo Conservatorio de Viena donde sustituyó a Foerster cuando, concluida la Gran Guerra, éste regresó a su Praga natal.
Tanto la muy lírica Sonata para violín, estrenada en 1905, como el tardío Quinteto, de atmósfera más apasionada y conflictiva —baste escuchar su soberbio Scherzo—, están escritos en el mismo idioma posbrahmsiano que tanto sus maestros como muchos otros músicos coetáneos del ámbito vienés no adscritos al atonalismo cultivaron (entre ellos, los más jóvenes Weigl y Gál). Tras el Anschluss, el Nuevo Conservatorio fue cerrado y Müller-Hermann, aunque no era judía, tampoco respondía a la doctrina nazi que limitaba el rol de la mujer a “las tres K”: Kinder, Küche, Kirche. He aquí, por tanto, una excelente oportunidad para comprobar que su voz merece ser escuchada.
Juan Manuel Viana


