LA CORUÑA / Perianes con la OSG: músculo y agilidad

La Coruña. Palacio de la Ópera. 11-X-2024. Orquesta Sinfónica de Galicia. Piano y director: Javier Perianes. Obras de Beethoven.
Que Javier Perianes (Nerva, Huelva, 1978) es uno de los grandes del piano actual resulta más que evidente. Su carrera internacional con las mejores orquestas y en las mejores salas del mundo, su medida pero inteligente dedicación a la música de cámara y la altura de sus grabaciones discográficas —su reciente y referencial Goyescas de Granados— lo han situado en un lugar tan destacado como merecido. Perianes no ha cumplido aún los cincuenta, quienes hemos seguido su carrera desde que era un adolescente hemos visto como cada etapa hacia la madurez se cumplía felizmente y, lo que es más importante, cada nuevo concierto no ya confirma lo dicho sino hace pensar en que el crecimiento no se ha parado. Y eso es lo que se siempre se debe esperar por difícil que parezca.
Como a tantos pianistas, la dirección orquestal atrae a Perianes pero, según puede comprobarse, de manera perfectamente medida. No como una actividad que vaya a acabar por imponerse al teclado o relegarlo a un segundo plano, sino como un complemento a su manera de hacer música o, mejor, como la consecución de un anhelo por compartir esa misma manera. Y para ello parece ser que la Orquesta Sinfónica de Galicia es su pareja de baile predilecta. Ya hace algunas temporadas hizo con ella un par de conciertos de Mozart y esta vez lo propio con Primero y Tercero de Beethoven. La temporada próxima se culminará el ciclo con los tres restantes. Así, pues, el público coruñés vivirá la experiencia en dos sesiones, en lugar de las cinco —una por temporada— en la que el de la Sinfónica de Sidney se los debe repartir. Aquí con el onubense como solista y director, y allí acompañado, hasta la fecha, por Simone Young y Jaime Martín.
La experiencia beethoveniana de Perianes en La Coruña ha sido enormemente gratificante para todos, para el propio artista, para la orquesta y para una audiencia que ovacionó con largueza al final de la sesión. El orgánico se redujo muy sensatamente —10/8/6/5/3 en las cuerdas— y el sonido resultó en todo momento equilibrado y diáfano, acorde con una lectura a la vez musculada y flexible —la cuerda estuvo modélica siguiendo el patrón propuesto—, poderosa y ágil. Las maneras directoriales de Perianes desde el piano recuerdan inevitablemente a las de Daniel Barenboim y la eficacia del gesto, claro y al grano, se correspondió a la perfección con lo que la orquesta, en evidente estado de felicidad, ofreció a lo largo del programa. Dentro de una altura constante hubo momentos verdaderamente antológicos, como la cadenza del primer movimiento del Concierto nº 3 —surgida en un contexto dramático casi como de continuidad histórica del Sturm und Drang—, como antes lo había sido la semicadenza del final del Rondó del Primero y, después, la formidable manera de tratar, como director, la sucesión de episodios del bienhumorado Rondó del Tercero —más la fuga—, cada uno de ellos con su guiño peculiar. Brillantísima la expectación creada antes de la aparición del postrero.
La Orquesta Sinfónica de Galicia parecía sentirse como haciendo música de cámara. Destaquemos esta vez a unas maderas sensacionales en el Primero, recordando en su manera de respirar las músicas al aire libre de Mozart, y con mención especial para el clarinete Iván Marín en el Tercero. Espléndido José Trigueros con baquetas duras. Una velada para recordar.
Luis Suñén
(foto: Pablo Sánchez Quinteiro)


