LA CORUÑA / Noites na Cidade Vella. Cuarteto Hana: nuevos nombres en la música de cámara

La Coruña. Iglesia de las Capuchinas. 13-IX-2025. Cuarteto Hana. Obras de Haydn, Webern y Mendelssohn.
Los resultados del Concurso Internacional de Cuartetos de Cuerda de Banff, del que el pasado día 3 informara Juan Lucas en estas mismas páginas, son un buen ejemplo de cómo se renueva en el tiempo una de las formaciones básicas en la historia de la música. Los jóvenes cuartetos aparecen por doquier con un grado de preparación que tiene mucho que ver con una sucesión generacional cuyos pasos han sabido nutrirse de los anteriormente dados por agrupaciones de gran altura que hoy sientan cátedra, además, cómo no, de profesores y escuelas bien acreditadas. Si miramos la trayectoria formativa del Cuarteto Hana, encontramos nombres como el Cuarteto Ébène, con quienes se formaron en Múnich, o el de Günter Pichler —que fuera primer violín del Alban Berg— con quien hicieron lo propio en la Escuela Superior de Música Reina Sofía en Madrid. También han trabajado en el Programa Mentorship de la Fundación Rogelio Groba, organizadora de las Noites na Cidade Vella. Por cierto, que desde el año pasado han cambiado dos de sus miembros: a la viola estaba Emiko Yuasa y ahora Simon Rosier, y en el violonchelo Tzu-Shao Chao ha sustituido a Johannes Välja
Una de las cosas que más llaman la atención del Hana es su ímpetu, su consideración de la partitura como un problema a resolver, y tómese problema por el lado más estimulante de la expresión, no por el más incómodo. Ya desde el Moderato del Cuarteto Op. 20 nº 2 de Haydn se vio por dónde irían los tiros en el doble aspecto de la referida intensidad y de la importancia en el equilibrio sonoro del violonchelista Tzu-Shao Chao. Ambas cosas se incrementarían en el Cuarteto nº 6 de Mendelssohn, en el que apareció diáfano el drama —la muerte de su hermana Fanny— y la inevitable presencia, igualmente, de la cercana del compositor, sólo seis meses después. Se trata sin duda de una de las obras maestras del catálogo del hamburgués y, aún dentro de ese casi microcosmos que representa en él, los del Hana no olvidaron nunca que ahí permanecían algunos de los estilemas fundamentales del creador, como demostraron en su grabación sus maestros del Ébène. Fue una estupenda lectura precedida por una muy hermosa, cordialmente acentuada, de Langsamer Satz de Webern.
La sesión, que colmó de público la Iglesia de las Capuchinas de A Coruña —de excelente acústica, por cierto— mostró así a un muy prometedor joven cuarteto del que cabe esperar una evolución tan natural como bien argumentada, a la que debiera contribuir igualmente que su primera violín, Gyurim Kwak, se soltara un poco, se atreviera a llevar la voz cantante con más riesgo pero también con más posibilidades de aportar al grupo un plus de personalidad. Ser líder de un cuarteto es algo muy difícil, pero tener como ella tiene los mimbres para serlo y la compañía adecuada es también una posibilidad irresistible.
Luis Suñén


