LA CORUÑA/ Noites na Cidade Vella. Cañón-Valencia: corazón y cabeza

La Coruña. Teatro Rosalía de Castro. 4-IX-2025. Santiago Cañón-Valencia, violonchelo. Obras de J. S. Bach, Ponce de León, Golijov y Cañón-Valencia.
Vuelven las Noites na Cidade Vella, la cita coruñesa que sirve para dar vida al final del verano y que desde hace cuatro años recogiera el testigo de la que fuera una de las más veteranas y apetecidas para la afición local. Esta vez el ciclo se extiende —ahora sin escenarios en el lugar que le diera título— durante casi mes y medio hasta su cierre por el Cuarteto Casals el 18 de octubre y con propuestas jóvenes y brillantes como el Cuarteto Hana, reciente finalista del Concurso Internacional de Cuartetos de Cuerda de Banff, del que el pasado día 3 diera cumplida cuenta Juan Lucas en estas mismas páginas.
Para empezar, nueva visita del violonchelista Santiago Cañón-Valencia (Bogotá, 1995), ya algo más que una promesa, uno de los nombres más interesantes de su generación desde su muy revelador primer disco en 2013 hasta su reciente fichaje por Deutsche Gramophon, materializado en un par de EP disponibles en plataformas y a los que es de esperar sucedan empresas más extensas. La evolución del colombiano se ha manifestado imparable para quienes lo hayan escuchado a lo largo de los últimos años. Sobre todo por el hecho de que su crecimiento en la técnica, partiendo de una base que aquel disco ponía bien de manifiesto, tiene un correlato evidente en una expresión sabiamente transmitida por su propia presencia escénica. Se diría que el concepto del músico crece a través de las herramientas del virtuoso con toda naturalidad. Por eso su Bach se revela tan personal, asimiladas influencias varias que surgen de fuentes bien distintas —de la musicalidad en sí misma al rigor filológico, el vuelo decidido al análisis conspicuo— para confluir todo en un discurso perfectamente natural en el que los guiños que el intérprete se hace a sí mismo y comparte con quien escucha aportan siempre un plus de confidencialidad. Ello empezó ya con el Preludio de la Suite nº 1 y se hizo definitivamente sólido en una Chacona en Re menor en la que la emoción voló por sí misma dejando el sustento técnico como un entramado necesario pero que nunca es suficiente.
El resto del recital estuvo dedicado a música latinoamericana de hoy, muy coherentemente reunida por lo que tenía de seguidora de una línea y, a la vez, de complemento mutuo entre cada pieza, además de suponer una posibilidad de acrecentar el conocimiento del repertorio por parte del respetable. La ruta de las mariposas de Damián Ponce de León (Bogotá, 1980), un compositor que ha estado en muchos escenarios distintos del mundo de la clásica, sabe ir más allá de lo que de evocador pueda tener su título: una célula en crecimiento en sus primeros fragmentos, un ostinato más dramático en el central y una conclusión que nos devuelve al inicio. Música muy bien hecha que sabe, desde la descripción más o menos evidente, bastarse a sí misma. Omaramor, de Osvaldo Golijov (La Plata, 1960), es un concentrado ejercicio que une con ingenio a Bach con el Nuevo Tango de Piazzolla. Ad Noctem, del propio Cañón-Valencia —quien al escribir para sí mismo sabe, de nuevo, aplicarse la mecánica en pro de la poética propia—, comienza con una suerte de moto perpetuo al que sucederá una inquietante reflexión entre la ensoñación y la vigilia para concluir en una curiosa apelación danzante que hace de esa noche del título algo menos unívoco de lo que cabría pensar. Éxito grande que fue agradecido por el violonchelista con un par de encores: El cant dels ocells, la canción popular catalana en arreglo de Pau Casals y la Sarabande de la Suite nº 4 de Bach.
Luis Suñén
(Foto: Irene Ortiz Leal)


