LA CORUÑA / La Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia celebra sus primeros treinta años

La Coruña. Palacio de la Ópera. 31-III-2024. Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia. Miren Urbieta-Vega, soprano. Director: José Miguel Pérez-Sierra. Obras. Richard Strauss.
Si el año pasado la Joven Orquesta Nacional de España cumplía cuarenta años, este 2024 celebra sus treinta la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, nacida como un proyecto que aunaba lo social y lo artístico y como una posibilidad —final y felizmente cumplida— de servir como vivero para su hermana mayor desde la participación de esta en su propio desarrollo. Hoy la implicación de la OSG en su Orquesta Joven es tal que la mayoría de sus responsables y profesores —empezando por su director académico, el percusionista Alejandro Sanz— son miembros de aquella, lo que supone la transmisión de un modo muy especial de ser músicos profesionales. Y si para muestra basta un botón, ahí está Roberto González-Monjas que fue concertino de la Joven antes de ser director titular de la grande.
Cada promoción tiene sus propias características, sus resultados finales dependen de sus alumnos, cada encuentro está marcado por la personalidad de los maestros que lo dirigen, pero el entusiasmo es siempre el mismo y cada curso la sensación es la de que estamos ante un elemento imprescindible en la vida cultural gallega y en lo que esta recibe de los profesionales que en ella trabajan o, como en este caso, trabajarán. El proceso lógico que comienza en la orquesta infantil, sigue en la joven y culmina en la OSG es una herramienta que da pleno sentido a la música como servicio público a través de, en el caso que nos ocupa, el trabajo gestor del Consorcio para la Promoción de la Música. Por eso, y porque sabemos de la fragilidad de estas cosas, todo el mundo tomaba nota de las palabras previas del concejal de Fomento y Promoción de la Ciudad, Gonzalo Castro, comprometiéndose, en nombre de la alcaldesa, a mantener su apoyo a la Orquesta Joven. Eso, en realidad, fue lo más importante de un concierto muy aleccionador.
Comenzó la sesión con una magnífica versión de las Cuatro últimas canciones de Richard Strauss impecablemente cantadas por Miren Urbieta-Vega, una estupenda soprano lírica, de línea impecable y capaz de transmitir toda la emoción de tan hermosa como crepuscular página. Cómoda en los extremos, supo, además, traspasar esa barrera invisible entre escenario y butacas que constituye uno de los inconvenientes para las voces en un escenario acústicamente tan incómodo como el del Palacio de la Ópera. Fue muy bien acompañada por José Miguel Pérez-Sierra y en la tercera de las canciones se sumó a ella un concertino de lo más prometedor, con una seguridad en sí mismo y un desparpajo expresivo admirables. El maestro tradujo de manera muy certera, en la segunda parte, Así habló Zaratustra, mostrando —manes de Alberto Zedda, Vittorio Gui o Nello Santi— que no sólo es un acompañante de esos que todo cantante quiere a su lado sino un músico completo. A la conclusión, el público que llenaba el Palacio de la Ópera se sumó al entusiasmo de un escenario rebosante de felicidad.
Luis Suñén


