LA CORUÑA / Carlos Mena: pura música

LA CORUÑA / Carlos Mena: pura música

La Coruña. Palacio de la Ópera. 3-XII-2021. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Carlos Mena. Obras de Arriaga, Vaughan Williams y Farrenc.

Qué gran músico es Carlos Mena. Cantante excepcional, su competencia como director crece a ojos vistas, según puede comprobar cada temporada el público de la Orquesta Sinfónica de Galicia, a la que le queda por rendir todavía una visita más en la presente, allá por el mes de febrero, con un muy prometedor Orfeo y Eurídice de Gluck. Esta vez el programa ha sido tan bello como coherente. Comenzando y empezando por dos músicos, Juan Crisóstomo de Arriaga y Louise Farrenc casi estrictamente contemporáneos, aunque, como es sabido, Arriaga dejara este mundo demasiado pronto. Los dos formados en París con Fetis y, muestras ambos de por dónde iban las cosas en su momento.

Mena expuso con vehemencia y elegancia al mismo tiempo, sirviéndose de un orgánico suficientemente nutrido, con toques técnicos que remitían sutilmente a la interpretación históricamente informada, la sorprendente solidez, para la edad de quien la compuso y para cualquier edad, de la Sinfonía de Arriaga, sus centelleos de inspiración, sus rasgos de genio que se nos invitaba a escuchar con un oído puesto en Schubert y otro en Beethoven. Y siempre partiendo de una base sonora que quería ser demostrativa de que se trata de una sinfonía bien cumplida y, por así decir, grande de verdad. El director vitoriano sacó de la OSG el sonido ideal para la pieza, mostrando lo que sería una característica del concierto completo y que vuelve a hablar de su inteligencia rectora y de la flexibilidad de una orquesta que parece sentirse muy feliz con él: el estar siempre en estilo. Espléndida la flautista María José Ortuño en el Trío del Minuetto.

Las sinfonías de Louise Farrenc muestran muy bien los valores de una compositora que ha sido reivindicada, y con razón, en los últimos años. La Tercera es de 1847 y resulta una obra enormemente interesante, claramente relacionable con su contemporáneo Mendelssohn —inevitablemente en el Scherzo, aunque menos alado que los del alemán— pero también con el sabor francés propio de la cuna y la formación de su autora, manifestados en una elegancia que le acerca a obras como, por ejemplo, la Segunda Sinfonía de Gounod. Especialmente destacable es el uso por parte de Farrenc de las maderas, y no solo en el arranque, tan expresivo, de los dos primeros movimientos sino en su integración en el conjunto, como color y como contrapunto, así en el Finale. Preciosa obra magníficamente servida por Mena y la OSG.

Entre ambas sinfonías, el músico de los pies a la cabeza se nos mostró en doble prestación en las Cinco variantes sobre “Dives y Lazarus” de Vaughan Williams, pues antes de ella Mena cantó, maravillosamente, con el leve acompañamiento de la arpista Celine Landelle, la melodía popular inglesa en la que está basada la partitura. Sin solución de continuidad subió al podio y las cuerdas de la orquesta gallega firmaron con él una versión antológica de tan hermosa música. A Landelle se sumaron en cometidos solistas el concertino Ludwig Dürichen y la violonchelista Rouslana Prokopenko.

Fue un gran concierto que, sin embargo, no llegó a mediar el Palacio de Ópera. A partir de enero volverán a funcionar como siempre los abonos y si la gestión de las nuevas olas de la pandemia lo permite, todo debiera volver a la normalidad, incluida en muy primer lugar la presencia de un público que ha sido fiel hasta que las circunstancias se lo han puesto difícil e, incluso, durante las mismas, como demuestra el que la OSG no se sintiera abandonada cuando hubo de mudarse provisionalmente al Coliseum. A Coruña tiene una orquesta que sería un lujo para cualquier ciudad, como lo es para ella misma. Una orquesta que es uno de los grandes haberes culturales de Galicia y que entra en un periodo especialmente apasionante cara a la designación de un nuevo titular, es decir, un momento que el buen aficionado sabe vivir intensamente. Y, mientras, una orquesta que sigue, contra viento y marea, haciendo conciertos estupendos. Ahora es el turno de ese público que la necesita tanto como ella a él.