La belleza según Jörg Widmann

En 2009, Jörg Widmann inició la composición de un quinteto con clarinete. Era su segundo intento, tras Trauermarch und Frühlingsmusik (1996), que retiró de su catálogo. La obra era un encargo del Cuarteto Hagen y el compositor y clarinetista alemán (Múnich, 49 años) comenzó inspirado por los ejemplares producidos en su madurez por Mozart, Brahms y Reger. Pero detuvo su mano en el compás 17 y abandonó la composición.
“Como intérprete, la combinación de quinteto con clarinete me resulta muy cercana, pero como compositor es absolutamente sagrada”, me confesó Widmann, el 17 de abril de 2017. Fue entonces cuando volvió a intentarlo y, a la tercera, nació su Klarinettenquintett, una de sus creaciones más fascinantes y personales.
Nos habíamos encontrado en la cafetería del madrileño Hotel NH Nacional con motivo del inicio de su primera residencia en España, en el Centro Nacional de Difusión Musical. Una semana de conciertos y talleres que iba a concluir, los días 24 y 25, con sendas actuaciones junto al Cuarteto Hagen, en la sala de cámara del Auditorio Nacional, donde se iba a poder escuchar el estreno absoluto de su nueva obra.
Widmann me habló de su quinteto. Lo había comenzado donde Brahms terminó el suyo, con esa quinta descendente del clarinete que conduce a si menor. “Pero he intentado reflejar esa belleza tan melancólica como peligrosa que irradia la obra”, añadió. Me confesó que estaba estructurado en un movimiento lento y que su duración rondaba los 25 minutos. Terminó bromeando acerca de lo que le había costado escribir un quinteto con clarinete: “Ya sabes, Mozart, Brahms y Reger murieron poco después de escribir el suyo”. Pero la obra no estaba terminada.
Aquel 17 de abril, Widmann tocó un exigente recital para clarinete solo, en el Auditorio 400 del MNCARS. Incluyó composiciones propias junto a otras escritas para él por Peter Ruzicka, Wolfgang Rihm y Gerhard E. Winkler, que incluso viajó a Madrid para controlar la electrónica interactiva. Abrió con Lied, de Berio, y tocó dos veces la minúscula Pour Pablo Picasso, la composición más antigua para clarinete solo, que Stravinski redactó, en 1917, dentro de una tarjeta postal.
“El Quinteto con clarinete de Widmann es un tratado sobre la belleza, que se torna prohibida y peligrosa”
Al día siguiente, el compositor regresó a casa completamente imbuido en su nueva obra. No paró de componer en el avión. Y, al llegar al aeropuerto, se tiró en el suelo de la terminal, mientras su maleta daba vueltas en solitario por la cinta de recogida de equipajes. Aquel rapto de inspiración alargó la obra hasta alcanzar los 40 minutos. Unos pentagramas donde Widmann se desnuda y nos muestra su lado más íntimo.
Myrios acaba de lanzar la primera grabación de la obra junto al Quinteto con clarinete de Mozart. Un registro realizado por Widmann con el Cuarteto Hagen, en febrero de 2019, en la Sendesaal de Bremen. La extraordinaria toma sonora de Stephan Cahen permite disfrutar de su inmensa gama dinámica. Una composición plena de contrastes que nace y muere con ese temblor del “Toppan”-Staccato.
El Quinteto con clarinete de Widmann es un tratado sobre la belleza, que se torna prohibida y peligrosa. Misterio y melancolía, pero también magia y elegancia. Abundantes técnicas extendidas junto a un exquisito vals vienés truncado. Y un final aterrador con un chillido multifónico casi prehistórico del clarinete.
Pablo L. Rodríguez
[Foto: Sven Jakob-Engelmann]


