Kurtág y Beckett: Fin de partida

Kurtág y Beckett: Fin de partida

Fin de partie, de Samuel Beckett, se estrenó en Londres en 1957. Década prodigiosa de posguerra que para los países de Europa Occidental y algunos de la Europa Central fue de auge cultural: en Francia, en el Reino Unido, incluso en los países vencidos y antes malhechores como Alemania, Austria e Italia. No en España ni en Portugal, desde luego, pero eso tiene otro tratamiento, y hoy vamos por otro camino. Roger Blin fue un director necesario, imprescindible para el conocimiento de Beckett y fue él quien interpretó como actor y dirigió aquel estreno de Londres, que inmediatamente sería estreno en París con prácticamente el mismo elenco (cuatro personajes, por llamarlos de algún modo).

Un gran director de teatro es aquel que potencia a un gran autor de piezas teatrales, eso que se llamó dramaturgo, si bien ahora lo de dramaturgo es término para gente con despacho en un teatro de ópera y alguna intrusión en el escenario. En nuestro país se dieron los Rivas Cherif y las Margaritas Xirgu, que apoyaron como pudieron los Valle y los Lorca originales. Hoy desapareció esa raza. Nuestros directores prefieren hacer a Shakespeare (siempre mal), a Chéjov (casi siempre mal) y a Valle (habitualmente, mal). Pero sabemos que en otros medios culturales menos mezquinos siempre se ha dado un Patrick Chéreau para un Koltès, un Claus Peymann para un Thomas Bernhard, un Roger Blin para un Beckett. Blin fue quien estrenó en París Esperando a Godot (Théâtre Babylone, París, enero de 1953), obra cuyo equivalente español, entonces y ahora, habría sido rechazado o simplemente ni siquiera contemplado por ningún director apalancado en un sillón público, ocupados en simular rebeldías y otros movimientos de distracción.

La vanguardia musical de posguerra luchó –o fingió luchar- contra la ópera, pero se apuntaron al carro con obras fallidas, o al menos insuficientes, como Intoleranza (Nono) o Un re in ascolto (Berio), por no hablar de los arrogantes experimentos de Stockhausen o las anti-óperas de Mauricio Kagel. Ya avanzada la batalla vanguardista, Boulez ocupó el foso del Garnier, y con el tiempo el de Bayreuth. Hacia el final de la vida física y artística de estos compositores, dos de ellos han escrito óperas que pueden quedar en la memoria mejor que las mencionadas, aunque sea inevitable registrarlas todas en un estudio histórico, tanto si es inmediato como si se redacta dentro de cincuenta años. Esos dos compositores son húngaros. Uno de ellos, György Ligeti, compuso Le Grand Macabre, hace ya muchos años, pero ya era el final: una primera versión muy Singspiel en 1975, para convertirse en auténtica ópera a finales de los ochenta. Y hace dos años se estrena en La Scala de Milán Fin de partie, música de György Kurtág.  No es cuestión de describir, analizar, resumir los hallazgos o insistencias de Kurtág en Fin de partie, pero sí podemos recomendar su escucha a través de un audio (solo audio, lástima) de la Scala de Milán, de hace menos de un año.

La vanguardia ha revisado su antioperismo, ahora que es un poco tarde y que solo queda Kurtág para contarlo (nació en 1926… como el gran operista Hans Werner Henze). En cambio, en nuestro pobre medio nacional (no solo escénico) puede decirse: sin novedad en el frente.

Aquí tienen el enlace para la versión audio del estreno en la Scala:

https://www.youtube.com/watch?v=ep9k_lsVRLs

El locutor, in italiano, a veces nos avisa de cambios de escena, sin que afecte a la música.

Y en esta página pueden conseguir el libreto, que en rigor es el texto de Beckett, con algunas modificaciones y un discurso previo. Bilingüe en francés original y traducción italiana. El monólogo inicial, en inglés.

http://www.teatroallascala.org/en/season/2017-2018/opera/fin-de-partie.html

Una hermosa propuesta, podría decirse. Para ello, sin renunciar a su total modernidad, Kurtág ha tenido que renunciar a la pose, la mueca y la carga vanguardistas. Algo que ya llevaba haciendo desde hace tiempo. Solo que, como indica la dedicatoria que pueden ver en el libreto que les indico, ya llevaba dentro otra carga, ésta mucho más positiva: sabía “lo esencial de la ópera”.

El reparto es el siguiente:

Teatro alla Scala, Milano, noviembre 2018.

Hamm, bajo barítono: Frode Olsen.

Clov, criado de Hamm, barítono: Leigh Melrose.

Nell, madre de Hamm: Hilary Summers.

Nagg, padre de Hamm, tenor buffo: Leonardo de Cortellazi.

Director musical: Markus Stenz

Puesta en escena: Pierre Audi.