Khatia Buniatishvili

Khatia Buniatishvili

Sobre el atento pensamiento de aquel que crea arte como algo connatural a su ser, la pianista georgiana Khatia Buniatishvili ha conseguido lo que muchos ansían: acercar la música clásica a nuevos públicos mediante una nueva forma de comunicar. Con motivo de su concierto en el Ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, el 29 de octubre, profundizamos en el pensamiento musical de esta peculiar pianista para ver algo que va más allá de la interpretación: cómo se concibe esta.

(…) Recientemente ha grabado un disco centrado en el universo de los Impromptus y las Sonatas de Schubert. En Madrid, presenta un programa con, posiblemente, las cuatro sonatas más heroicas de Beethoven. ¿Qué diferencias encontramos dentro de estos dos grandes genios?

Todo lo que ocurre en la personalidad musical de Schubert —entendiendo personalidad musical como el discernimiento que hago a través de su música, pues no tuve el placer de conocerlo personalmente— está en un nivel de intimísimo muy profundo. Todo aquello que produce dolor, pasión o incluso amor sincero te lo cuenta desde la perspectiva de una persona introvertida. Su música rebosa amor, muchas veces un amor oculto que no ha sido compartido con el resto, o incluso rechazado. Un amor que siempre permanece localizado en un individuo concreto. Beethoven, por el contrario, coge este amor y lo hace universal. Busca conectar con el resto, hacerte sentir partícipe de su obra. Es como si estuviera luchando por los derechos humanos a través de su música, favoreciendo a esa unión entre las personas.

Pese a no ser música programática, cada una de estas cuatro sonatas de Beethoven que va a interpretar parecen que nos cuentan una historia repleta de luces y sombras. ¿Cómo se sumerge en estas cuatro atmósferas musicales sin que suenen todas igual?

Beethoven posee esa magia que te permite encontrar diferentes ápices de amor en fragmentos ínfimos de música. Por lo tanto, el acercamiento a cada una de las cuatro sonatas ha de ser diferente. Dentro de su universo musical, hay algo recurrente que parece augurar el futuro de su obra cumbre, y es que en cualquier fragmento de su producción podemos escuchar los primeros ecos de la futura Novena sinfonía. Ese espíritu de la Novena que, aunque todavía no haya sido compuesta, ya está viviendo en su música. Por otro lado, Beethoven es un compositor de contrastes. Expresaba su sentir de una forma muy directa. Escuchamos momentos de gran intimismo, en donde se puede apreciar ese amor universal hacia el mundo, y otros que rebosan de ira, en los que parece que las fuerzas de la Naturaleza se alían para para desencadenar una gran tormenta musical. Esa ira muchas veces muestra el amor que el sentía y que no era comprendido por sus coetáneos. Él buscaba un bien universal mediante su música y le frustraba en exceso que esta utopía del bienestar que ansiaba no fuese del todo comprendida. La lucha de contrastes entre la ira y lo íntimo está presente en cada una de sus sonatas, y es parte de su alma musical. Pasar de la ira a la tranquilidad y el intimismo en cuestión de segundos suena complejo… Sonará muy tópico, pero el secreto está en vivir cada uno de estos sentimientos en el momento adecuado. En cada obra que interpreto intento siempre vivir ese preciso instante. Podrás estar de acuerdo con mi interpretación o no, con lo que siento, con lo que hago, pero la verdad es que siempre intento ser sincera conmigo misma y mostrar cómo soy y de qué forma canalizo todas las emociones que me aporta la obra. La música que interpreto ocurre conmigo y en mí. (…)

Nacho Castellanos

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 355 de Scherzo, de octubre de 2019)

[Foto: Esther Haase]