Kenneth Zammit: “Malta respira barroco por los cuatro costados”

Kenneth Zammit: “Malta respira barroco por los cuatro costados”

La octava edición del Valletta Baroque Festival culminó el pasado día 25 de enero, confirmando a este evento como una de las grandes citas de la música antigua en territorio europeo. Este año, el Valletta Baroque Festival ha contado con la presencia de dos grupos españoles, el dúo integrado por los hermanos Pablo y Daniel Zapico (con un concierto de cuerda pulsada en el que se incluían obras de autores españoles e italianos del siglo XVII) y La Grande Chapelle, bajo la dirección de Albert Recasens, con un programa renacentista en torno a la música en la corte bruselense de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. La temática de la edición de este año ha girado en torno a la influencia napolitana en la música maltesa del siglo XVIII, según explica en esta entrevista el director del festival, Kenneth Zammit Tabona, que también es el director del Teatru Manoel de La Valeta y uno de los más afamados artistas plásticos de su país.

Podría decirse de usted que es un maltés medio inglés-medio latino.

Soy maltés, pero tengo ADN latino, por mucho que hable inglés debido a que Malta fue un dominio británico hasta 1964. Nuestros idiomas oficiales son el inglés y el maltés, nuestra propia lengua, que es de origen semítico. Pero básicamente somos latino porque casi todos los pueblos que han pasado por aquí en los últimos quinientos años han sido latinos, desde aragoneses a franceses, pasando por italianos. Sin embargo, es innegable que también lo anglosajón forma parte nuestro carácter. Creo, sinceramente, que tenemos lo mejor de los dos mundos, el británico y el latino. Somos un microcosmos que no tienen parangón con ninguna otra parte de Europa.

¿Por qué un festival de música barroca en Malta?

Porque vivimos en una ciudad, La Valeta, sellada por mar y por tierra, que es la quintaesencia del Barroco. La huella barroca en La Valeta —que fue diseñada en 1566 por el arquitecto del papa Pío V, Francesco Laparelli— ha permanecido inalterable desde entonces. Y la música barroca, asimismo, ha sido una parte fundamental de esta ciudad. Quizá la pregunta correcta sería por qué no hubo en festival de música barroca en La Valeta hasta el año 2012. Pero la respuesta es obvia: el redescubrimiento de la música barroca es un fenómeno relativamente reciente, sobre todo en el sur de Europa. Por eso hemos tardado en incorporarnos a este revival. No obstante, una vez que lo hemos hecho, estamos plenamente consolidados y podemos afirmar que somos uno de los festivales barrocos punteros de cuantos se celebran anualmente en toda Europa.

Este año la temática ha tenido que ver con el reino de Nápoles. ¿Por qué?

Odio los festivales temáticos, odio las etiquetas… pero este año, en efecto, Nápoles ha sido el factor principal del festival. La respuesta también resulta obvia: por la proximidad geográfica (nos hallamos relativamente cerca de Sicilia, que formó parte del reino borbónico de Nápoles) y por la influencia que Nápoles siempre ha tenido en lo maltés. Si se fija en las vedute que decoran el exterior de cada uno de los palcos del Teatru Manoel, nuestro teatro nacional, observará que en varias de ellas aparece el Vesubio.

¿También fue grande la influencia de Nápoles en la música maltesa?

Músicalmente Nápoles fue el alma mater de Malta. Un buen número de compositores malteses del siglo XVIII, como Girolamo Abos o Benigno Zerafa, viajaron a Nápoles para estudiar con Francesco Durante, que, por ese motivo, ha sido uno de los compositores con más presencia en la presente edición de nuestro festival. Igualmente han figurado en el programa otros compositores napolitanos como Nicola Porpora, Leonardo Leo, Nicolo Fiorenza o, por supuesto, Giovanni Battista Pergolesi, del que se hemos seleccionado su famoso Stabat Mater. Muchas de las partituras que están depositadas en la Biblioteca Statale Oratoriana dei Girolamini de Nápoles también se hallan en los archivos de nuestra catedral, en Mdina, la antigua capital de Malta.

¿Imaginaba cuando arrancó el festival, en 2012, que en solo ocho años se convertiría en uno de los festivales más importantes de música barroca de Europa?

Nos pusimos un plazo de cinco años para ver cómo evolucionaba el festival. Es el periodo mínimo que se necesita para comprobar cómo responden el público, los patrocinadores y los propios artistas. Pero la verdad es que solo necesitamos el primer año para constatar que la respuesta por parte de todos era extraordinaria. Nos ayudaron esas circunstancias que relataba antes: somos un festival barroco en una ciudad barroca que pertenece un país barroco. También fue un acierto la fecha para la celebración del festival: enero. Es un mes en el que no hay festivales de música antigua en otras partes de Europa, lo que supone que no tenemos competencia a la hora de traer formaciones y solistas de primer nivel, como pueden ser, por ejemplo, la Accademia del Piacere o Nuria Rial, por citar a un grupo y a una cantante de España, ya que usted es español. En otros periodos del año sería prácticamente imposible que viniera gente de tal categoría.

¿Les ayuda la afluencia de turistas?

La ventaja que tenemos en Malta es que el mes de enero no hace tanto frío como en el resto de Europa, lo cual posibilita que vengan de vacaciones miles de turistas que se convierten en público potencial del festival.  La parte restante de nuestro éxito son los escenarios —todos históricos— de los conciertos: teatros, palacios, catedrales, iglesias, capillas… De hecho, somos el único festival que posee su propio teatro, el Teatru Manoel, construido en 1731. Es el tercero más antiguo de cuantos permanecen en activo. Así que, repito, nos encontramos ante un festival barroco que tiene su sede en un teatro barroco, en una ciudad barroca y en un país barroco. Malta respira barroco por los cuatro costados.

Y en términos económicos, ¿de dónde provienen los soportes del soporte del festival?

Al principio, tuvimos más soporte del exterior que del interior, debido a esa gran cantidad de turistas que vienen a Malta. Sin embargo, en la actualidad hay numerosos organismos, públicos y privados, que colaboran de manera importante con nosotros. Le doy un dato: cuando empezamos con el festival, en 2012, aquí, en la isla, era imposible encontrar un clavecín. Tuvimos que viajar a París para comprar uno. Ahora, en cambio, el festival cuenta con tres clavecines de su propiedad, incluido un modelo alemán Mietke fabricado por Bruce Kennedy. Y, como usted sabe quién es este constructor de clavecines, no hace falta que le recuerde que no cobra precisamente barato. También contamos con un modelo italiano construido por Jukka Ollikka, un finlandés que tiene su taller en Praga y que consigue que sus instrumentos tengan un sonido inigualable. El festival es propietario, asimismo, de una preciosa tiorba y de varios instrumentos más (contrabajos, violas da gamba, timbales, sacabuches, cornetas o un clavicordio, por ejemplo), algunos de ellos, comprados, y otros, heredados de mi tío, que fue lutier. Creo que es una buena política que el festival, además de organizar conciertos, invierta en la compra de instrumentos. La razón por la que lo hacemos es evidente: si vives en el continente, puedes viajar por tren o por carretera con instrumentes voluminosos; pero a Malta solo se llega por avión, y a veces no todas las compañías que vuelan hasta aquí dan facilidades para viajar con instrumentos musicales. Lo único con lo que non contamos todavía es con violonchelos, así que los violonchelistas que vienen al festival tienen que traerse sus propios instrumentos.

¿Cuántos músicos calcula que participan anualmente en el festival?

Cada año tenemos un promedio de trescientos músicos. Me refiero solo a los que vienen de fuera. Como mínimo, están en Malta un par de noches. Las tarifas hoteleras en este país son bastante caras, así que eso complica las cosas a la hora de organizar un evento de estas características. Si alguien tiene que viajar a Ambronay, en Francia, lo puede hacer en coche y regresar después del concierto a otra ciudad o dormir en Ambronay únicamente una noche. Pero a Malta, como antes le decía, solo se puede llegar en avión y pasar como mínimo dos noches. Los gastos generales que tenemos que afrontar son, por todo ello, bastante elevados, desgraciadamente.

(Fotos: Mark Zammit Cordina)