Juan Antonio Cuéllar, gerente de la Sinfónica de Galicia: “Hay que lograr la estabilidad financiera con conciencia y austeridad”

Tras un proceso dominado por una rumorología a la postre mal informada, basada más en ciertas apetencias mediáticas que en las necesidades reales de la formación coruñesa, el nombramiento del compositor y gestor Juan Antonio Cuéllar (Bogotá, 1966) como gerente de la Orquesta Sinfónica de Galicia fue toda una sorpresa.
Creador junto con Mark Gillespie de la Americas Orchestra y, con Fernando Cortés, de la Filarmónica Joven de Colombia, ha sido decano de la Facultad de Artes y director de la maestría en música de la Pontificia Universidad Javeriana, así como presidente ejecutivo de la Fundación Nacional Batuta. Realizó sus estudios de composición en la Jacobs School of Music de la Universidad de Indiana, donde ganó el Premio de Composición en el año 2000.
Ha sido director ejecutivo, hasta 2024, de la Asociación Nacional de Música Sinfónica de Colombia, que incluye a la Orquesta Sinfónica Nacional. Todavía casi recién llegado, y tras los necesarios trámites burocráticos que han retrasado su toma de posesión, Cuéllar, que muestra dosis iguales de ilusión, energía y realismo y a quien de vez en cuando le sale alguna expresión muy colombiana, ha recibido a SCHERZO en su despacho de la sede de la OSG.
Su nombramiento fue un secreto bien guardado que, además, puso de manifiesto la importancia de una vida cultural latinoamericana, colombiana en este caso, que olvidamos con frecuencia en España. El hecho de que su gestión se haya desarrollado sobre todo en Colombia, que tiene una actividad musical viva y activa, y que ello haya representado un mérito añadido es realmente importante.
Mi experiencia en Colombia, junto con el vínculo cultural entre ambos países, me permite, al mismo tiempo, ver las cosas y compartirlas desde un ángulo diferente. La presencia de artistas españoles en Colombia, bien sea en el Festival de Música Sacra de Bogotá, que este año cumple quince y que el año pasado recibió del rey Felipe VI la Orden de Isabel la Católica, o en la propia Sinfónica Nacional, de la que fui gerente hasta ahora, o la importancia de dinamizadores de esa colaboración como Ramiro Osorio, que fue nuestro primer ministro de Cultura, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, o de la Embajada de España han sido determinantes para que esa relación cultural esté permanentemente viva.
De hecho, fue uno de los directores invitados a la Sinfónica Nacional quien me envió por WhatsApp el mensajito con la convocatoria en Galicia. Llegó en un momento muy especial para mí.
Además, usted es compositor…
Sí, antes que todo soy compositor. Desde chico quería ser compositor y arreglista, es lo que he hecho, pero nunca pude suponer que yo tendría que componer entuertos y arreglar problemas, entre otras cosas.
Ese carácter de creador, ¿le da una cierta ventaja a la hora de plantear cuestiones más allá de la mera administración? Programar, por ejemplo. Eso te da, digamos, un cierto conocimiento del medio, de su actualidad.
Mi faceta de compositor me permite seguramente abordar la gestión de manera creativa y algo tan estimulante como poder conversar con directores, con solistas, sobre la programación. Y, desde luego, con los mismos músicos de la orquesta, con el Comité Artístico. Es muy emocionante poder discutir de ideas, de iniciativas, de programación…
¿Qué se ha encontrado al llegar?
Llevo diez días y lo primero fue un batazo, un jarro de agua fría, una sorpresa. Llegué un miércoles a las dos de la madrugada, ese mismo día fui a saludar a la gente y a situarme. El jueves, todavía perdido en el tiempo, me citaron ya a una reunión en el ayuntamiento y allá fui con los informes que la noche anterior me había enviado el interventor y en los que se reflejaba una situación económica muy difícil en cuanto a deudas y realización del presupuesto, lo que nos lleva a una situación complicada a la hora de la próxima programación.
Hemos construido ya alternativas y estamos trabajando tanto para lograr el respaldo de las instituciones, como el Consorcio para la Promoción de la Música, el Ayuntamiento, la Xunta o la Diputación de A Coruña, que aporta una importante cantidad todos los años, como el de socios estratégicos fundamentales y aliados del sector privado con quienes es muy importante construir confianza. Aquí hay prominentes empresas, muy sólidas, en el sector textil, en la cervecería, en la banca y personalidades que históricamente le han dado su respaldo a la orquesta, un grupo de unas cien personas que son los Amigos de la OSG. Creo que es el momento de rodearnos de los aliados y enfrentar juntos esta situación que, como todas las situaciones, es pasajera.
Los músicos han estado también muy dispuestos a colaborar. Me he encontrado con un grupo extraordinario. Es una orquesta de primerísimo nivel, de unas calidades más allá de lo artístico, humanas. Las orquestas son a la vez una suma de grupos diversos, pero también conflictivos, que respiran sensibilidad por todos los poros, que ponen en su trabajo su vida. Un buen número de músicos llevan treinta años aquí, toda una vida, y eso es un tesoro. Por un lado, la dificultad y por otro la maravillosa humanidad de que esa dificultad está rodeada.
Por lo que cuenta, pues, hay un enorme desequilibrio entre la situación económica y la artística, todo un contrasentido. Y más hablando de uno de los mayores haberes culturales de Galicia.
Y de España realmente. La orquesta es fundamental para la imagen de A Coruña. Esta es una ciudad de cultura y la orquesta uno de sus estandartes. Cuando estaba el Festival Mozart llegaba una peregrinación de aficionados de toda Europa y hay que honrar ese patrimonio y a las personas que lo crearon. Las crisis son momentos de oportunidad. Hoy la orquesta está en un nivel artístico superlativo, como se demostró en los llenos totales de los conciertos de la gira por Barcelona, Girona y Madrid. Ovaciones con el público puesto en pie a ella y a su director titular.
Que es uno de los elementos decisivos en ese actual estado de forma.
Roberto González-Monjas es uno de los grandes directores europeos de su generación.
Con una relación muy cercana con Colombia.
Ha estado durante trece años yendo a Colombia a trabajar con Alejandro Posadas, un director muy conocido en España, en el proyecto Iberacademy que, además, tiene una relación muy cercana con la Fundación Mozarteum de Salzburgo. Mi primera reunión con Roberto, ya designado como gerente, fue precisamente en Medellín. Como puede suponer, no me imaginaba la situación para nada pero ese encuentro representa lo que significa trabajar con una orquesta de primer nivel que tiene, además, un director titular también de primer nivel.
Y una orquesta que, sin embargo, toca en uno de los peores auditorios de España.
Qué bueno que lo dice. Ese es un tema que tengo que tratar. Ustedes ya están acostumbrados a eso.
Sí, claro, ya sabemos dónde se oye mal y dónde se oye peor, el problema de las voces, las dificultades de los maestros a la hora de hacerse con las riendas del sonido. Y que puede haber goteras sobre nuestra butaca…
Cuando uno escucha las grabaciones del canal de YouTube la orquesta suena estupendamente… gracias a los micrófonos. Y el esfuerzo de los músicos ha conseguido que esa orquesta colocada en un buen auditorio sea un cañón.
Pero parece que hay que seguir allí.
La pregunta que yo me hago es por qué. Cuando trabajé en México recuerdo una expresión que era “la ceguera del taller”. Cuando vas al taller mecánico a que revisen tu coche te encuentras con una serie de anomalías, un calendario de hace diez años pegado en la pared y la gente que trabaja allí ya no ve eso. Pero yo sí y pienso “¿esto que hace aquí, esta caja, este cartel?… Pues lo mismo con el auditorio: ¿por qué no hay concha acústica?, ¿qué pasa con los camerinos?, ¿por qué hay goteras?, ¿por qué pagamos tanto dinero por este lugar? Son preguntas obvias para una persona que viene de afuera y con toda la desprevención del mundo. Y tengo que hacerme esas preguntas porque tengo que ofrecer las respuestas.
Cuando comenzó a aflorar la realidad de la crisis económica de la orquesta se transmitió desde el Consorcio que había un consenso generalizado en cuanto a que la situación debía regularizarse. ¿Ha detectado ese interés?
La gente ha estado muy dispuesta, ha sido muy cariñosa y me han recibido con verdadera bondad. Y lo agradezco enormemente. Por mi experiencia puedo decir que las autoridades públicas no siempre son cálidas. El conocimiento del problema por parte del Consorcio genera no ya el compartir las dificultades sino una cierta empatía, y yo he detectado una química con las personas con las que he estado, empezando por la alcaldesa, que es la presidenta del Consorcio. Tengo muy buen presagio, “buena vibra”, como dicen mis hijas, y creo que eso es ya un buen indicador.
Su trabajo viene a ser la dirección de toda la actividad de la clásica en A Coruña: Orquesta, Coro, Joven Orquesta, Orquesta Infantil, Escuela Municipal…
Es un ecosistema musical al que hay que añadir la necesaria alianza de la Sinfónica con el sistema de conservatorios. Me he acercado a dos, el Superior y el Profesional. He visto los conciertos de las orquestas de niños llenos de gente, con una emoción y una efusividad que demuestra la relevancia de una orquesta en la comunidad. No son conciertos, por así decir, para un público intelectual sino la demostración de que nuestra misión es generar felicidad, orgullo, alegría, bienestar, emoción. Y eso sí que le hace bien a la niñez, a la juventud, a la familia.
¿Se ha puesto plazos para resolver los problemas económicos?
Lo inminente es la programación 2025-2026, que está en ascuas porque no tenemos con qué hacerla. Luego, enseguida, un segundo problema, que es la estabilidad financiera del Consorcio, que no es sólo una meta a alcanzar sino una forma de caminar, de hacer que ingresos y gastos estén equilibrados. Y hay que hacerlo con conciencia y austeridad, sabiendo cuáles son las prioridades.
Lo que le voy a decir puede ser en el mundo artístico un poco escandaloso: la prioridad es la orquesta, es el desarrollo sinfónico y su impacto en la sociedad, no un artista con un nombre o un solista con un nombre. Ellos vienen a ayudar, a contribuir a que la orquesta crezca y ellos crecer con la orquesta. Precisamente porque estamos en un punto en el que la Sinfónica es también una plataforma para que esos artistas surjan y hagan sus carreras hay que hacer un balance. No necesariamente tenemos que tocar con los artistas de mayor caché, ni tampoco tenemos que pagarles el mayor caché a los artistas. Va a ser muy importante la promoción de jóvenes solistas españoles y la participación de los propios solistas de la OSG en la programación.
Las prioridades hay que ponerlas en su lugar: No podemos sacrificar el trabajo que hacemos con niños y jóvenes y con diferentes municipios por traer a una figura que a algunos de los abonados les va a hacer sentir muy bien mientras a otros les va a dar lo mismo. Si tenemos un repertorio maravilloso, tocado con la calidad con que la orquesta lo hace, que el solista valga más o menos es irrelevante para el abonado. Obviamente hay que mantener determinados nombres prominentes, pero logrando un balance.
¿Y en la búsqueda de una nueva sede para la Sinfónica?
En un tercer nivel de prioridades, en esa estabilidad de la orquesta, en ese desarrollo social de la orquesta, en ese vínculo con el ecosistema musical de Galicia, tenemos que lograr construir un templo, un templo verdadero para que podamos escuchar y desarrollar propiamente esa voz musical gallega que representa la orquesta. Y eso es algo que va a tomar un tiempo, pero tenemos que iniciarlo. Es a largo plazo, pero eso no quiere decir que sea en 2029 cuando empecemos a pensar en esto. No, tenemos que empezar ya para que en 2029 abramos las puertas de ese nuevo templo.
Ahora, en este instante, hay que agradecer lo que hay. Que yo sepa, no existe aún en esta ciudad otro escenario de esas proporciones. Podemos hacer conciertos en otros teatros, yo he visto el Colón por ejemplo.
Hay otros lugares en donde podemos hacer programación, pero una orquesta del tamaño de la Sinfónica de Galicia no cabe allí, mientras el escenario que tenemos en el Palacio es óptimo en términos de metros cuadrados y con una concha acústica bien hecha puede mejorar considerablemente. Hay que entrar en conversación porque es un inmueble que pertenece al Ayuntamiento. Es un tema de concesión que tengo que terminar de entender bien cómo funciona. Todavía le quedan unos buenos años de concesión, pero también debe implicar una inversión real en la adecuación acústica y visual. También en la de acceso, porque las personas con dificultades de movilidad tienen muy difícil ir a los conciertos.

Hoy día no tienen sentido los meros contenedores de conciertos…
Claro. Es que, además de todo esto, tiene que ser un espacio generoso en términos de actividad artística para los propios músicos con salas de ensayo individual o para impartir clases, por ejemplo. También veo que el lobby podría explotarse de forma maravillosa. Cuando uno va al Meyerson Symphony Center en Dallas o al David Geffen Hall en Nueva York se puede tomar una copa antes del concierto, compartir con amigos, asistir a charlas previas de directores, compositores y artistas para el público en general. Hay una actividad efervescente alrededor del concierto.
Creo que nuestro espacio está situado en un lugar bastante bueno de la ciudad, que tiene acceso por todas partes y un estacionamiento. Si lográramos construir uno nuevo, pues sería maravilloso, pero por ahora es lo que tenemos. Hay que ver cómo podemos cambiarle la visión y, quizás, construir progresivamente un espacio nuevo. Pero hay que empezar hoy si queremos tener el tema resuelto en 2029.
Háblenos de la próxima temporada. Esa que, al parecer, ha de ser austera.
Están programados directores que son de la entraña de la orquesta, como Dima Slobodeniouk, que estuvo aquí quince años y forjó gran parte de lo que tenemos. Roberto tiene su temporada organizada y sus fechas cerradas. Ojalá lo podamos tener más, pero él ya tiene su agenda completa. Tenemos también otras cosas interesantes. Por ejemplo, vamos a darle protagonismo a los concertinos de la orquesta, una decisión que acabo de tomar. Uno de los conciertos de abono va a ser solamente cuerda, con obras icónicas del repertorio y lideradas por la nueva concertino, Olatz Ruiz, a quien hay que darle su aire y su protagonismo porque es una violinista extraordinaria y una gran artista.
Hay una directora joven colombiana, Ana María Patiño-Osorio, que es asistente en la Suisse Romande en Ginebra, ganó el Segundo Premio, el Premio del Público y el Premio del Jurado Joven en el Concurso Malko 2024 para jóvenes directores de orquesta, y está haciendo una carrera descomunal por todo el mundo. Figuras de diferente naturaleza nos van a acompañar en esta temporada, que va a ser fuerte, dinámica y muy, muy apetecible pero nos va a costar menos que antes. Vamos a poner el énfasis donde yo creo que debe estar, que es en la calidad de la orquesta y en su impacto social.
¿Cuándo van a presentar la temporada?
Vamos a lanzar la programación en el célebre concierto de María Pita que se hace en la tercera semana de agosto, el 22 con la Joven y el 23 con la Sinfónica. Ahí vamos a abrir ya toda la temporada, empezar a cubrir los abonos y entrar con el pie derecho en esta nueva época de la orquesta.
¿Habrá regularmente en la programación de la OSG obras contemporáneas de compositores españoles?
Mi idea es incluir obras de compositores gallegos y españoles, especialmente en el primer semestre de cada temporada. A eso hay que añadir el desarrollo de un programa de grabación de obras patrimoniales sinfónicas de Galicia de todos los tiempos, desde el siglo XIX hasta nuestros días, más el desarrollo de una línea o sello editorial con administración y promoción de obras sinfónicas gallegas y españolas. Y el estímulo a los jóvenes compositores a través de sesiones de lectura de obras y la selección por concurso de tres nuevas obras cada año para ser incluidas en la programación de la orquesta.
Supongo que, en cuanto al público, el reto es doble: mantener y ampliar.
Hay que permitirle a la generación que ha estado con la orquesta dar ese legado a la generación que sigue, pasar el bastón. Eso es algo que tenemos que ir construyendo y por eso son tan importantes las orquestas juveniles, que lleguemos a los colegios y que los conservatorios estén de nuestra mano. Porque tenemos que crear no solamente la siguiente generación de músicos, sino la siguiente generación de abonados. Tenemos que lograr que estos abonos se multipliquen en las generaciones nuevas y que se deje de percibir el concierto en el Palacio como algo elitista y exclusivo para que sea algo inclusivo y parte fundamental de la cultura general.
En ese aspecto fue muy ilustrativo el concierto con la música de Dire Straits: lleno total, efusivo. Gente de distintas generaciones, gente muy joven también, que se da cuenta de la orquesta que tienen. Esto es “un orquestón”, como diríamos en Colombia. La calidad de los arreglos hay que destacarla. Porque muchas veces los arreglos de música pop ponen a la orquesta como de papel de colgadura y estos eran unos arreglos que la colocan en primer plano. Y eso hay que hacerlo bien y hay que hacerlo siempre. Llevarlo al Coliseum, por ejemplo. Y a partir de ahí traer un público nuevo a la orquesta, acercarnos mucho más a las generaciones que hoy en día están accediendo a los puestos importantes, que están manejando los bancos y las empresas. Gente entre los treinta y los cincuenta, que serán la generación pujante. Que se enamoren primero. Esa es la tarea.
La OSG tiene programada una gira en Inglaterra para la próxima temporada con Roberto González-Monjas y conciertos en Londres y Birmingham. Las giras, ya sabemos, son muy caras, y las grandes y a veces no tan grandes orquestas europeas o americanas las hacen con importantes patrocinios privados.
Es una de las cosas que me encontré al llegar, que me brincó. Después averigüé que sí, que efectivamente era así y que en Birmingham están vendiendo boletería de la Sinfónica de Galicia. Dije: “¿perdón?”. Y me dijeron “Pues sí, mire, es que había un acuerdo y llegó un contrato de agencia”. Me asusté, la verdad. ¿Eso qué es? ¿Qué compromiso es este? ¿Y nos cuesta? Ellos cubren parte, pero lo que nos tocaría a nosotros está por encima de 250.000 euros.
Entonces uno dice que ok y piensa en a qué marca gallega le interesaría llevar su nombre a estos escenarios importantes del Reino Unido. Yo creo que le vendría muy bien a Galicia que alguna de sus marcas más queridas estuviera detrás de la gira. ¿Por qué nosotros tenemos que invertir en la gira? Esa es la pregunta y yo creo que hay mecanismos para un patrocinio. Porque la orquesta está ahí también para darle nombre a Galicia, a sus instituciones y a sus empresas. Hay que pensar que la orquesta tiene un nombre para ponerse a tocar y que le paguen el caché que le corresponde. Lo mínimo que deberíamos exigir es que no nos cueste un centavo.
Los ciclos privados insisten mucho en orquestas extranjeras en gira por encima de la presencia de orquestas españolas que han demostrado un excelente nivel, incluso superior al de esas mismas orquestas. Al final la gente paga un buen dinero por escuchar no más que una digna representación de la serie B europea.
Si tú traes aquí a la Sinfónica de Londres, por poner a una de las primeras orquestas de Europa, yo creo que no suena mucho mejor que la nuestra. Yo he trabajado con London Symphony en grabaciones, he escuchado a la orquesta tocar, y no tenemos mucho que envidiarles. El presupuesto, claro está.
Pero hay una cuestión fundamental que ellos nos enseñan. Una de sus características es que, además de una orquesta super reconocida, es una orquesta versátil. Es la que ha grabado las bandas sonoras más importantes de Hollywood. Casi todo John Williams lo grabó originalmente la Sinfónica de Londres. Es una fábrica de grabaciones para música popular, para música de cine, para música de videojuegos. Es un referente, también en términos técnicos, en la grabación de música para la imagen. Y ha tocado con los mejores artistas pop. Era la orquesta que tocaba con Rick Wakeman, el teclista de Yes, en los años 70. No es una cosa nueva. ¿Por qué no nosotros?
En España hay una industria cinematográfica importante y la música para cine está ahí. ¿Por qué se graban entonces las bandas sonoras con la Orquesta de Bratislava y la Orquesta de Budapest y la Orquesta de Praga teniendo la Sinfónica de Galicia?
¿Cómo se siente después del aterrizaje y el fin del jetlag?
Le voy a decir que estoy muy contento de estar acá. Después de la primera reunión, todo el mundo me decía “por favor, no te vayas”. Estoy muy agradecido por esta oportunidad y espero que, como le decía al principio, mi naturaleza de arreglista y compositor sirva para algo. Obviamente, no todo llegará en el primer año. Es preciso ir avanzando hasta conseguir una integración armónica de los diferentes frentes de trabajo.
Luis Suñén


