Josep Lluís Galiana, 65 años y 16 baladas para saxofón

JOSEP LLUÍS GALIANA:
Ballads for Tenor Saxophone. Josep Lluís Galiana, saxofón tenor. LIQUEN RECORDS (1CD)
Durante décadas, los sesenta y cinco fueron en España una edad totémica, como puerta de acceso que generalmente era a la jubilación, en un tiempo en el que todo parecía más ácrono y monocorde en este país.
Bien adentrados ya en el siglo XXI, el aumento de la esperanza de vida y la mayor complejidad que hoy presentan tanto nuestra sociedad como nuestro mercado laboral hacen que las edades de jubilación en España sean todo un rompecabezas compuesto por decenas de variables que son un aquilatado reflejo de un país sustancialmente más diverso que el que en 1919 estableció los sesenta y cinco años como comienzo del entonces llamado «Retiro Obrero».
Josep Lluís Galiana alcanza hoy esa edad, y sin duda podemos decir que, desde que a España volvió la democracia, este inquieto valenciano (siempre embarcado en múltiples proyectos culturales) es una de las personas que en nuestro Estado más ha luchado por la modernización de nuestras estructuras musicales en los muchos campos que su actividad artística y profesional ha abarcado: saxofonista, improvisador, compositor, poeta, crítico musical, ensayista, gestor cultural y fundador tanto de EdictOràlia Llibres i Publicacions como de Liquen Records, sello en el que Galiana ha publicado el grueso de su catálogo discográfico, con una mención muy especial para sus facetas de saxofonista e improvisador.
Ambos roles se vuelven a unir en Ballads for Tenor Saxophone (2025), un compacto que hemos de poner en la estela de lanzamientos previos de Josep Lluís Galiana por medio de los cuales ha ido explorando la familia de los saxofones, en discos publicados en España y Argentina como Tribut a Ramón Ramos (2025), Soprano Saxophone Solos (2021), Nomadic Landscapes (2021) o Tenor Saxophone Solos (2018), el precedente más directo en cuanto a lo que al saxofón tenor se refiere (para el cual algunas improvisaciones también encontramos en Nomadic Landscapes), aunque con planteamientos ahora distintos, pues en este nuevo compacto Galiana nos remite a un estilo musical en concreto, la balada, si bien en manos del saxofonista valenciano sus baladas suponen toda una reinvención del género y un libérrimo ejercicio de creatividad, distando entre sí algunas de las piezas que integran Ballads for Tenor Saxophone tanto como lo puedan hacer las Baladas (1831-42) de Frédéric Chopin de la Balada de la cárcel de Reading (1897), de Oscar Wilde.
De este modo, y aunque solemos asociar la balada a lo que Jesús Gallardo define —en sus notas para esta edición— como una música pausada y melódica con la que los compositores profundizan en sus sentimientos y emociones más íntimas, Ballads for Tenor Saxophone reinventa por completo el género, pasando de una música matérica de rugosidad y fiereza más propias de la avantgarde a piezas serenas y meditativas, cuya filiación con la balada se refuerza, precisamente, por el marcado contraste con ese otro tipo de piezas aquí grabadas por Galiana, multiplicando los paisajes acústicos de su nuevo disco y dotando a la aparición de la melodía de una fuerza epifánica cuando ésta brota de su saxofón (un Buffet tenor modelo Crampon S1), eludiendo cualquier tópico y sensiblería asociados a la balada en su dimensión más comercial.
Atropellat pel temps (tercera improvisación libre de Ballads for Tenor Saxophone) es un perfecto ejemplo de la experimentación matérica a la que antes nos referíamos, mostrando, incluso, más vínculos con el flamenco (por sus frenéticos ritmos y la aparición del zapateado) que con la propia balada, trascendida en un ejercicio de hiperactividad ruidista en el que, más que a un saxofón tenor, parece que estuviésemos escuchando a un ensemble de percusión, pues la multiplicación de las fricciones y los golpeos al cuerpo del instrumento, además de las técnicas extendidas de filiación percusiva generadas con aire en la boquilla, como el slap, crean un torrente sonoro implacable, dejándonos uno de los cortes más abrumadores del compacto.
Claro que, si de slaps hablamos, el epítome al respecto en Ballads for Tenor Saxophone sería Slap, lap, ap, p… plash!, séptima improvisación del disco en la que, desde su inicial slap a modo de Aleph que en sí contiene todos los desarrollos ulteriores (cual el juego lingüístico que despliega el título de esta pieza), Josep Lluís Galiana lleva a cabo toda una deconstrucción (palabra clave en la propuesta musical de este compacto, como bien ha señalado Miguel Ángel Pérez Martín) que acaba transformando lo percusivo en los sucesivos impulsos de una construcción melódica, cual el vínculo entre el punto y la línea en los Etudes (2011-13) de Toshio Hosokawa, aunque aquí Galiana —gran admirador del compositor japonés— abunde más en los trazos discontinuos y en el espasmo, en toda una lucha por articular líneas melódicas desde técnicas extendidas que, a priori, podríamos creer su antítesis (si bien, tras escuchar Slap, lap, ap, p… plash!, parece que no lo fuesen tanto, sino partes de un mismo todo con múltiples rostros musicales).
Deaf Ballad es otro buen ejemplo de tensión musical llevada a sus extremos, con un saxofón que se antoja fascinado por las sonoridades electrónicas, de las que se embebe haciendo que sus agudos resuenen como acoples y descargas electroacústicas que alteran por completo el sonido del instrumento. Para extraer sonoridades de un saxofón tenor como las que aquí escuchamos, es evidente que hay que tener un dominio del mismo apabullante, ya no sólo a nivel técnico, sino artístico, pues conferir unidad y sentido a una paleta tan heterogénea como la que Galiana emplea en piezas como las tres que primero hemos destacado, es una labor titánica sólo realizable por quien haya convertido al saxofón en una parte de sí mismo.
Pero si a la proyección de aire sin tono nos referimos, entonces es obligado citar en este compacto su undécima improvisación, Camí del desert, que alterna los pasajes de espiración ruidista con el slap para así trazar ese paisaje desértico en el que el aire sin tono remeda las propias dunas, mientras que el slap resuena como los pasos de un caminante de las arenas que, entre lo más rugoso, construye melodías quebradas cual si rotas apareciesen éstas entre los espejismos acústicos que el saxofón va encontrando en su caminar sin caminos, en pos del silencio (aunque, como nos advirtió Edmond Jabès en La arena (1980-88), «Jamás el silencio / se refiere al silencio»).
Si Atropellat pel temps, Slap, lap, ap, p… plash!, Deaf Ballad y Camí del desert nos dejaban algunas de las improvisaciones más modernas y acústicamente extremas de Ballads for Tenor Saxophone, otras piezas recogidas en el disco sí resultan más cercanas a lo que esperaríamos del género que da nombre al compacto, como Ballad II. Nocturn, Ballad III. Sonant com les roselles o Ballad IV. Pels indrets de la imaginació, improvisaciones más melódicas y pausadas en las que el saxofón se muestra lírico y poblado por los ecos de un jazz del que, como de la avantgarde, Galiana tanto ha bebido. Ello le confiere a estas improvisaciones un carácter melancólico y nocturnal, de fraseos libres y ondulantes que, sin embargo, en la primera pieza de esta serie (único ‘ciclo’ numerado dentro del disco), Ballad I. Langsam, había nacido desde otra técnica extendida, el multifónico, cuyos resplandores y halos de luz más sostenidos en el tiempo se iban, progresivamente (como en algunas de las piezas antes vistas), transformando en melodía y estableciendo el tono para que la serie de las cinco Ballads numeradas pudiese llegar a afianzarse.
Quizás es, por ello, por lo que Ballad I. Langsam es la pieza más larga del disco (con sus ocho minutos de duración), tiempo empleado por Galiana para asentar la progresiva e intrincada transformación del ruido en melodía, haciéndolo, además, con la consistencia suficiente para que los pilares de las posteriores improvisaciones de esta serie queden bien asentados (y es que, una vez más, aunque de improvisación libre hablemos, no dejan de asomarse estructuras y elementos que redundan en la unidad de estas piezas, pues ninguna improvisación lo es jamás en el vacío, sino en el magma que resuena en el interior del músico a la hora de atacar su sonido fundacional).
Entre los extremos (¿antagónicos?) de lo ruidista y lo lírico (algo más acusados, respectivamente, en los cortes del disco que hasta aquí hemos destacado), otras improvisaciones en Ballads for Tenor Saxophone transitan territorios que diríamos intermedios, mostrando Josep Lluís Galiana que es un buen conocedor y partícipe de que la hibridación entre el ruido y la armonía es uno de los puntos fuertes, en cuanto a desarrollo estético, de la música actual. De ello resultan paradigmáticas improvisaciones como The Ballad of Marjana, con su tensión en los multifónicos (la de un saxofón que parece inspirado por la pintura, dada la plasticidad en la expansión del cromatismo y las texturas); los juegos rítmicos de Broken Ballad, que evoca el sonido del mizmar árabe; un ritmo que zumba, se multiplica y revolotea (como el fastidioso animal que le da nombre) en De la mà d’un mosquit; o que se convierte en escherianas escaleras que se retuercen y conducen a sí mismas en la laberíntica Soroll de fulles.
Los heteróclitos paisajes acústicos que transitamos en Ballads for Tenor Saxophone se nos ofrecen en unas soberbias grabaciones registradas en los Liquen Studios de Pedralba (Valencia), con tomas de sonido y masterización a cargo de Josep Lluís Galiana y postproducción de Juan Carlos Tomás. Las notas del ya mencionado Jesús Gallardo completan esta nueva etapa en un viaje por la improvisación para la familia del saxofón en cuyo horizonte esperamos que pronto se asome un disco dedicado al barítono. Pero, antes de que tal compacto se haga realidad, Josep Lluís Galiana continuará embarcado en múltiples proyectos musicales que seguirán haciendo de su labor algo artísticamente tan valioso como necesario en una sociedad que se quiera considerar culta y civilizada. A todo esto, descarten por completo que, alcanzados ya los sesenta y cinco años, Josep Lluís Galiana tenga pensado jubilarse.
Paco Yáñez


