José Antonio Montaño realiza la primera grabación del ‘Requiem’ de Nebra

José Antonio Montaño realiza la primera grabación del ‘Requiem’ de Nebra

No fue una reina agraciada en lo físico (tenía el rostro marcado por las cicatrices que le dejó la viruela y el cuerpo deforme por la obesidad), aunque sí cultivada en las artes (especialmente, en la música: fue mecenas de Scarlatti y amiga de Farinelli, y se decía de ella que era una talentosa clavecinista). No fue tampoco una reina querida por un pueblo que la acusaba de antiespañola por favorecer los intereses de Portugal (ella era portuguesa) y de ser avara y tacaña. Y, para colmo de males, era estéril. Sobrellevó como pudo el acoso incesante de la segunda mujer de su suegro, Isabel de Farnesio, empecinada en poner en trono de España a su hijo Carlos, virrey de Nápoles. Sin embargo, fue feliz a su manera: amó a su esposo y le fue fiel, y fue amada por este, que la correspondió en fidelidad (cosa extraña en aquellos tiempos y, mucho más, tratándose de un Borbón). Cuando murió, con solo 46 años, en Aranjuez, el día 27 del caluroso agosto de 1758, “aquejada de fiebres” (en realidad, lo que padecía desde hacía tiempo era un cáncer de colon), su marido, el rey Fernando, enloqueció, hasta el punto de morir justo un año después, el 10 de agosto, tras varios intentos de suicidio y de un buen número de episodios de enajenación mental que le llevaban a morder al primero que tuviera al lado.

Así fue la vida de Bárbara de Braganza, reina consorte de España durante doce años por su matrimonio con Fernando VI. El pueblo de Madrid, ese mismo que hacía chanzas de ella (“Bárbaramente comió, bárbaramente cagó, bárbaramente murió, bárbaramente testó”, figuraba en un libelo), la trasladó en dos jornadas a pie desde el Palacio Real de Aranjuez hasta la Iglesia de las Salesas de Madrid (también llamada de Santa Bárbara), la misma que ella había ordenado construir y la misma en la que reposa, a solo unos metros de su amado esposo (son de los pocos reyes de España que no están enterrados en el Monasterio de El Escorial). A su llegada al templo, sonó el Oficio y Misa de difuntos de José de Nebra, quien justo treinta años antes, con motivo del enlace de Fernando y Bárbara, había compuesto el primer acto del drama Amor aumenta el valor (el tercer acto, así como el prólogo, fueron obra de Jayme Facco, y el acto restante, el segundo, se debió a Felipe Falconi). Así pues, el bilbilitano Nebra, el más grande musico español del siglo XVIII, fue el encargado de recibir y de despedir a esta reina en España.

El Requiem de Nebra volvió a sonar en tiempos modernos en 2005. Primero, en la Real Capilla de Santa Isabel de Zaragoza, y más tarde, en el Auditorio Nacional de Madrid. La empresa de recuperación corrió a cargo de Luis Antonio González y de su grupo, Los Músicos de Su Alteza, quienes tres años después, coincidiendo con el 250º del fallecimiento de Bárbara de Braganza, volvieron a interpretarlo justo donde había sonado por primera vez, en la madrileña Iglesia de Las Salesas Reales, dentro de la programación del Festival de Música Antigua de Aranjuez, del que es director Javier Estrella. Nunca ha quedado claro si Nebra llevaba tiempo trabajando en este Requiem, ante la posibilidad de una próxima inminente de la reina, o si, por el contrario, lo compuso en apenas dos días.

Ahora, en cierta forma, se cierra el círculo de esta emblemática obra, con la grabación de la misma por José Antonio Montaño al frente de la orquesta de la que es titular, La Madrileña, el Coro Victoria y Schola Antiqua (dirigida por Juan Carlos Asensio). Con motivo de los 250º años del fallecimiento de Nebra, la Comunidad de Madrid encomendó a Montaño la interpretación del Oficio y Misa de Difuntos durante el Festival de Arte Sacro (FIAS) de 2018. El concierto sirvió también para rendir homenaje a Jesús López Cobos, maestro de Montaño, quien había fallecido solo unos días antes. Tras el concierto, tuvo lugar la grabación, en la Basílica Pontificia de San Miguel, en Madrid, de este Requiem, que ahora acaba de ser publicado por el sello Pan Classics.