Joel Frederiksen: “Hay canciones de Leonard Cohen que figuran entre las mejores de los últimos años”

Joel Frederiksen, director y fundador del Ensemble Phoenix Munich, presenta su última grabación, que, como todas las que él acomete, rebosa originalidad. Se titula A day with Suzzane – A tribute to Leonard Cohen, y es, obviamente, un homenaje al cantautor canadiense, fallecido en 2016. Junto a canciones de este, Frederiksen coloca canciones renacentistas francesas, unidas por la misma temática.
Este proyecto recuerda a Requiem for a Pink Moon, CD que grabó en Harmonia Mundi como homenaje a Nick Drake, en 2012.
No exactamente. En estas grabaciones he cogido música de Leonard Cohen y Nick Drake y la he puesto junto a música antigua, pero hay diferencias notables entre un proyecto y otro.
¿Y por qué Cohen? ¿Es usted un fan suyo o se ha fijado en él por ser un símbolo de nuestros días?
Ambas cosas. No sé si realmente me podría definir como fan suyo, pero sí es verdad que admiro su música. Algunas de sus canciones figuran entre las mejores de los últimos cuarenta o cincuenta años. Especialmente, Suzanne, que en definitiva es el punto de partida de este proyecto. Lo curioso es que, hasta grabarlo, en mi vida había interpretado Suzanne, ni siquiera cuando era joven y me dedicaba a tocar la guitarra y cantar. Cohen se definió a sí mismo como un chansonnier y, habiendo nacido y vivido en Montreal, tenía el francés como su segunda lengua. Por ahí encontré la conexión con una pieza que he interpretado en infinidad de ocasiones: el motete Suzanne un jour de Orlando di Lasso.
Imagino que la conexión con las otras piezas que figuran en el disco no habrá sido tan sencilla.
El enfoque que le he dado a este proyecto, como a todos los que hago, parte de un punto de vista drama-temático. Escuché todas las canciones de Cohen para seleccionar las que encajaban mejor, lo cual fue un proceso bastante largo, y después busqué piezas antiguas, francesas principalmente, que pudieran tener un nexo con esas canciones. Por ejemplo, he situado juntas A thousand kisses deep de Cohen y Un jour l’amoureuse Sylvie de Pierre Guédron, porque la temática es la misma. Otras conexiones no funcionaban tan bien, así que no me quedó más remedio que descartarlas. Lo primero que busqué es que hubiera conexión entre los textos; el aspecto musical llegó luego.
Usted ha dicho de Cohen que era un trovador moderno: componía la música, la interpretaba, la temática casi siempre era amorosa y estaba permanentemente viajando de corte en corte… como hacían los trovadores occitanos del siglo XIII.
Muchos de los que nos dedicamos a la música tenemos un poco de trovadores, salvo que en lugar de viajar de corte en corte viajamos de sala de conciertos en sala de conciertos. Y no buscamos el favor de los nobles, sino el del público que paga por escucharnos.
Cohen cantaba y tocaba a la vez, que es lo que hace usted: canta mientras toca el laúd. Y eso es algo inhabitual entre quienes se dedican a la música antigua.
Eso quizá sea lo que más me acerca a Cohen. O, incluso, a Nick Drake.
También toca y canta en esta grabación Emma-Lisa Roux. ¿Le ha costado mucho encontrar un alter ego?
Un poco, sí. Emma-Lisa es muy joven. De hecho, este es su debut discográfico. Pero, a sus 24 años, ya ha completado dos másteres en la Schola Cantorum Basiliensis. Fíjese, ella empezó tocando el laúd, sin haber tocado antes otro instrumento, ¡con 6 años! Ha sido un gran descubrimiento. Habíamos hecho un concierto en Basilea y ella, que estaba entre el público, se me presentó. Acordamos hacer algo juntos. Creo que su presencia le da una mayor autenticidad al programa, por la naturalidad con la que canta.
En Basilea también hay una soprano que canta mientras toca la viola da gamba: Giovanna Baviera.
Claro, ya hemos actuado juntos en varios conciertos. Giovanna es maravillosa. Pero el color de su voz es más oscuro y profundo que el de Emma-Lisa.
Un grupo de músicos que cantan mientras tocan es algo que no ha había hecho nadie en siglos…
No sé si habré servido de inspiración a alguien, pero me consta que hay más intérpretes de música antigua que lo están haciéndo. Tengo ‘controlados’ a ocho violagambistas que cantan y tocan al mismo tiempo. Varios de ellos han participado en un proyecto titulado La Pellegrina que hicimos en octubre del pasado año. En el proyecto estaba asimismo una intérprete eslovena, Tanja Vogrin, que toca el arpa mientras canta.
¿A quién está más enfocado A day with Suzanne: a los amantes de la música antigua o a los fans de Cohen?
Es una buena pregunta. No lo sé, pero me gustaría que la gente abriera las orejas y apreciara este trabajo, cualesquiera que sean sus preferencias. He sido muy respetuoso con unos y con otros en este proyecto, y me gustaría que eso se valorara. Respetuoso, incluso, por el tiempo que me he tomado para realizarlo, que ha sido mucho. Bueno, al menos pude aprovechar la larga inactividad a la que nos obligó el confinamiento por la pandemia para avanzar en él.
Quizá esa gente a la que se refiere descubra que no hay tanta diferencia entre nuestra sociedad y aquella del siglo XVI.
Desde luego: los temas de las canciones que se cantaban entonces siguen vigentes en nuestros días.
¿Cuál va a ser su próxima grabación?
Mi próxima grabación ya está hecha y saldrá en mayo. Es un proyecto que, en cierta medida, forma parte de mi propia identidad: canciones cortesanas medievales de Walther von der Vogelweide, al que también podemos considerar un trovador. El CD aparecerá junto a un film documental sobre este compositor. Es un proyecto en el que he trabajado estrechamente con Mark Lewon, director del Ensemble Leones. Él se ha encargado de reconstruir algunas de estas canciones. Lo siguiente será, seguramente, Thomas Campion, porque tengo la intención de grabar todas las canciones que se conservan de este compositor del periodo isabelino. Haré primero en concierto todos sus libros de canciones y el último concierto coincidirá con el vigésimo aniversario de mi debut discográfico, con un disco que se tituló Orpheus, I am.
Eduardo Torrico
La crítica de esta grabación se puede leer AQUÍ.


