Jan Lisiecki: “Asumo mis riesgos”

Jan Lisiecki: “Asumo mis riesgos”

El canadiense de origen polaco Jan Lisiecki (Calgary, 1995) es el más joven representante de un grupo de brillantes pianistas que han alcanzado muy temprana, pero a menudo justa celebridad, y que han visitado el ciclo de Grandes Intérpretes en los últimos años, como Beatrice Rana, Benjamin Grosvenor, Daniil Trifonov o Bezhod Abduraimov. Aún ha no cumplido los 25 años, pero tiene ya tras de sí una carrera de diez años, que incluye contrato con Deutsche Gammophon, debut en la sala grande del Carnegie Hall hace cinco años y más de cien actuaciones anuales junto a las mejores orquestas y batutas: Nueva York, Londres, Chicago, Múnich y Abbado, Nelsons, Paavo Järvi, Pappano o Nézet-Séguin. Entrevistamos a Lisiecki con ocasión de su visita al Ciclo de Grandes Intérpretes, y es inmediata la impresión de un joven abierto, inteligente, con los pies en el suelo, humilde pero determinado, con las ideas clarísimas…

Canadá inmediatamente evoca nombres como los de Glenn Gould o, en nuestros días, Angela Hewitt, que visitará este mismo ciclo este año. ¿Qué le inspira a usted el nombre de Gould?

Para mí, lo más importante es su compromiso con la música, con lo que hacía, el modo en el que estaba dispuesto a asumir riesgos, y la determinación de hacer cosas porque creía firmemente en ellas. En muchos aspectos descubrimos gracias a él cómo escuchar a Bach. Y también, para bien o para mal, ‘inventó’ cómo el sistema de grabación funcionaba en los tiempos modernos. Aprecio especialmente esa voluntad sin concesiones para asumir riesgos, nuevas ideas y proyectos. Todo eso demuestra una inteligencia especial, dentro y fuera de la música, y me siento privilegiado porque él fuera canadiense y yo lo sea también.

Ya que hablamos de Bach, él figura entre sus compositores favoritos, pero hasta ahora no figura en sus grabaciones. ¿En qué diría que su acercamiento a Bach se aleja o no del de Gould? Gould era muy individualista, pero en cierto modo también lo es usted.

Una de las citas que más me gusta de Gould es que no tiene sentido tocar, y menos aún grabar, una obra si no tienes algo especial que decir sobre ella. Y, por supuesto, él llevó eso al extremo. Pero desde luego es cierto que cuando tenemos tantas opciones, en conciertos y más aún en grabaciones, no tiene mucho sentido que hagamos todo exactamente igual que se ha hecho durante muchos años. La manera en la que yo me acerco a la música es la que yo siento como correcta, no me siento obligado a hacer las cosas exactamente como se han hecho tradicionalmente. Asumo mis riesgos, pero lo hago porque creo en el camino que he tomado, no porque me sienta obligado a seguir una tradición, pero tampoco…

… ¿a ser diferente por el mero hecho de serlo?

Exactamente. En cuanto a Bach y las grabaciones, he de decir que, cuando vuelvo la vista atrás, ¡soy el primer sorprendido ante la cantidad de grabaciones que he hecho con solo 24 años! Pero simplemente ocurrió así, una cosa llevó a otra, aunque cuando miras hacia atrás dices “¡esto es una locura, nunca hubiera pensado en hacer algo así!”. En el caso de Bach, siento que no ha llegado aún el momento de grabar su música. En las grabaciones que he realizado hasta ahora se ha dado una coincidencia de distintos factores, y en algún caso han requerido un esfuerzo y compromiso especial por mi parte, pero en todos los casos sentí que era el momento adecuado de hacerlas. En el caso de Bach, llegará el momento, pero no ahora.

En conexión con lo anterior, usted aún no ha cumplido los 25 años, pero lleva ya una década desde aquella grabación que supuso el primer gran impacto, y ha hecho muchas cosas desde entonces. ¿Cómo ve esta trayectoria ahora? ¿No le da cierto vértigo la mirada hacia atrás?

Es algo que te asalta en algunos momentos, sí. Y en ellos siento una mezcla de asombro, casi de incredulidad, y de agradecimiento. Para mucha gente sería un sueño, difícil de creer que pueda ocurrir, pero pasó. Para mí, que no vengo de una familia musical, que nunca tuve especial ambición de ser un pianista, ni seguí el camino ‘estándar’ de educación musical, ni gané grandes concursos, nacido en Calgary, que no es realmente un centro musical… Sin embargo, una cosa llevó a otra… y ¡aquí estamos hoy! Es esa incredulidad la que a menudo sientes, la que hace que no puedes explicarlo todo. Simplemente, toca disfrutarlo.(…)

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 359 de Scherzo, de febrero de 2020)

[Foto: Christoph Köstlin]