Ives por Dudamel: un disco ejemplar y extraordinario

Ives por Dudamel: un disco ejemplar y extraordinario

IVESSinfonías 1-4. Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Director: Gustavo Dudamel. DG 4839505 (1 CD)

Las cuatro sinfonías de Charles Ives —más el resto de su obra orquestal— constituyen un corpus fascinante y no solo en el conjunto de la música de Estados Unidos. Su carácter, a la vez de aluvión y profundamente original, constituye una cumbre de esa modernidad buscadora y al mismo tiempo suficientemente anclada que atraviesa los últimos cien años y algo más de la música occidental. Desde los rasgos brucknerianos de que parte su Primera Sinfonía hasta la suma de distorsiones formales, de rupturas de moldes y sistemas que significa la Cuarta. Y ello desde la necesidad de ser fiel a sí mismo por más que tal actitud comportara el desdén o la pereza de quienes también debían poner algo de su parte. No olvidemos que la Primera Sinfonía, terminada en 1908, se estrenará en 1953; la Segunda, de 1901, cincuenta años después; la Tercera, de 1911, en 1946; y la Cuarta, de 1918, en 1965. Añadamos al retraso correcciones, ediciones y el escepticismo al respecto de un compositor con la vida resuelta y tendremos el panorama en el que enmarcar a un genio absolutamente peculiar.

Hay muy buenas versiones discográficas de las sinfonías de Ives, de todas y cada una de ellas: Bernstein, Tilson Thomas, Serebrier, Andrew Davis, Litton, Dohnanyi, Mehta, Marriner, Faberman, Sinclair… Esta de Gustavo Dudamel me parece ejemplar a la vez como introducción al universo estético del autor y como lectura del mismo en relación con sus líneas de fuerza interiores —emocionales— y con ese contexto que le interesaba más o menos. Su lectura de la Primera mira a la tradición, naturalmente, pero resalta también las traiciones —el ansia por soltarse en el Adagio, la forma fugada del Scherzo y, sobre todo, el sentido de celebración que asoma en el Allegro molto. En la Segunda Dudamel subraya más detalles del salto que se avecina, así la creciente aparición de lo popular, el detalle subrayado de la caja a lo Nielsen en el Allegro. En la Tercera el aspecto celebrativo aparece sin ambages, pero también sin guiños fáciles, como en una imagen de un pasado que no volverá, de una América seguramente perdida. Y la Cuarta es la suma de todo lo anterior desde la libertad completa, vista con el ojo avizor de un director que ha sabido llegar admirablemente a la esencia de esta música. Un disco ejemplar y extraordinario.