Inglaterra y el cisma de Enrique VIII

La ruptura con Roma llevó a las islas una nueva forma de hacer música
El cisma entre las Iglesias inglesa y romana ocurrió en dos etapas distintas. La primera parte —y más famosa— fue la separación política de Enrique VIII (1491-1547) con el fin de poder librarse de su primera mujer, Catalina de Aragón, cuando el Papa Clemente VII no le otorgó una anulación matrimonial que le solicitaba. El cambio al protestantismo se dio durante el corto reinado de su sucesor Eduardo VI (1537-1553), hijo de Enrique y su tercera esposa, Juana Seymour.
Catalina de Aragón (1485-1536), la más joven de las infantas de España, fue casada con Arturo (1486-1502), heredero al trono inglés y hermano mayor de Enrique. Pero Arturo murió en 1502 a consecuencia de una infección, solamente cuatro meses después de su boda. El rey Enrique VII pidió una dispensa papal para que su hijo menor —y ahora heredero— pudiera casarse con la viuda. Gracias a la insistencia de Isabel I de Castilla, la bula fue otorgada por el papa y Catalina quedo comprometida con el futuro rey. Enrique VII murió en 1509, y el matrimonio entre Catalina y el nuevo monarca se realizó de tal modo que ambos pudieran ser coronados juntos.

El joven Enrique VIII era un hombre culto y muy religioso (se dice que escuchaba hasta cinco misas diarias, salvo en temporada de caza). Su consejero más importante era el canciller del reino, el Cardenal Wolsey. Como respuesta a los ataques de Martín Lutero en sus 95 Tesis y en De Captivitate Babylonica, el rey, probablemente con ayuda del filósofo-político Tomás Moro, escribió el libro Assertio Septem Sacramentorum, publicado en 1521 y dedicado al papa León X, quien le premió con el título de Fidei Defensor (Defensor de la Fe), título que a día de hoy ostenta la reina Isabel II. Lutero respondió con su libro Contra Henricum Regem Anglie (Contra Enrique, rey de los Ingleses), que a su vez tuvo réplica por parte de Tomás Moro —por encargo por Enrique— en Responsio ad Lutherum (Respuesta a Lutero).
Entre 1509 y 1527, la reina Catalina quedo embarazada al menos seis veces, siendo casi todos ellos mortinatos. En 1511, sobrevivió un niño sobrevivió, aunque solo siete semanas. En 1516, nació una niña, María. El rey tuvo, como era costumbre, varias amantes, incluyendo Elizabeth Mount, con quien concibió otro hijo, reconocido por él mismo, a quien llamó Enrique FitzRoy (Fitz es una forma común en apellidos para denotar “hijo de”). Pero ese hijo murió en 1533, cuando el rey estaba en proceso de cambiar la ley inglesa para que los hijos legítimos pudieran acceder al trono al trono. En 1527, la reina ya tenía cuarenta años y el rey treinta cuatro.
Enrique buscó una forma legal para anular su matrimonio, citando un capítulo del libro Levítico que prohíbe que una viuda se case con el hermano de su marido; exactamente, lo contrario de lo él que había esgrimido años atrás para conseguir la dispensa papal. El gran problema era que el papa Clemente VII estaba bajo el control del emperador Carlos V de España y Carlos era el sobrino de Catalina. Las negociaciones entre Inglaterra y los Estados Pontificios duraron unos dos años, pero era obvio que se trataba de un callejón sin salida. El cardenal Wolsey perdió así la confianza del rey y fue destituido. Incluso, se le imputaron varios crimines. Murió esperando el juicio. Su considerable riqueza pasó al rey, incluyendo su palacio de Hampton Court y su institución educativa de Oxford, el Cardenal College, que cambió su nombre primero a King’s College y, más tarde, a Christchurch. En 1521, Enrique se declaró “Único Protector de la Iglesia Inglesa”, rompiendo con la jurisdicción de Roma. El matrimonio con Catalina nunca fue anulado por el papa y Ana Bolena (al igual que las siguientes esposas de Enrique VIII) fue considerada esposa ilegitima.
Disolución de los monasterios
El Acto de Supremacía de 1534 dispuso que todo el dinero de la iglesia que antes iba a Roma ahora fue destinado al erario real. Este hecho fue la gota que colmó el vaso y Enrique VIII fue excomulgado. Desde 1536, Thomas Cromwell, el más poderoso consejero de Enrique VIII, visitó monasterios e instituciones educativas religiosas para convencer a las autoridades eclesiásticas de que se sometieran al rey. Los que resistieron vieron cómo sus bienes quedaban confiscado. Al menos tres abades fueron ejecutados “para convencer a los otros”. Las riquezas resultaron muy útiles para financiar las campañas militares de Enrique, pero se perdieron infinidad de obras de arte, especialmente libros y manuscritos, incluyendo una gran cantidad de música. Fue desastre para el patrimonio artístico del país.
Antes de la Contrarreforma había varias liturgias y ritos en Europa, con sus propios cantos. En España, había ritos distintos en Toledo y Sevilla, por ejemplo. En Inglaterra la liturgia general era la de Salisbury o “Sarum”, su nombre en latín. Muy importante era el culto a la Virgen, desde el siglo XII, demostrado por la arquitectura de las catedrales con sus Lady Chapels (Capillas de la Virgen), donde se celebraban misas votivas. Este culto a la Virgen se ve en la cantidad de obras marianas. La colección más importante de los primeros años del siglo XVI es el cancionero de Eton, el Eton Choirbook.

Durante los últimos años del reinado de Enrique, el cambio más importante que se produjo fue la introducción de la primera Biblia traducida al inglés. La imprenta de libros contribuyó a la propagación de información, y la Biblia, en su traducción de Coverdale y Tyndale a partir las versiones en griego de Erasmus, fue editada en 1539.
Eduardo VI
Cuando Enrique murió en 1547, Eduardo tenía nueve años, por lo que se nombró un regente, su tío Edward Seymour, duque de Somerset, simpatizante de los reformistas del continente, especialmente del calvinismo. Junto con el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, formular los nuevos ritos de la Iglesia Anglicana. The Book of Common Prayer (El libro de Oración común) se publicó en 1549. La misa, ahora llamada “Santa Comunión”, continuó existiendo, pero la Liturgia de las Horas se convirtió en un oficio para la mañana (Matins) y uno para la tarde (Evensong). El patrón para estos oficios era familiar, con elementos de vísperas y completas en el caso del Evensong, y de las otras horas para Matins: salmos, oraciones y canticos fijos, como Te Deum y Jubilate para el Matins (y otros más durante la Cuaresma), y Magnificat y Nunc Dimittis (canto de Simeón) para el Evensong. Otros cantos, frecuentemente usando textos de los salmos en forma métrica, podían ser cantados al principio del rito o en otros momentos. Así nació el anthem.
El estilo inglés de esta época cambió desde una polifonía no imitativa, construida sobre un cantus firmus, a un estilo más continental, basado en la imitación.
The Book of Common Prayer fue revisado profundamente en 1552, con cambios en 1559, y 1662, versión esta última que aún sigue vigente junto con versiones en un inglés más moderno. Estas primeras revisiones nos ayudan a poner fecha aproximada a algunas de las primeras obras compuestas para la Iglesia Anglicana, por los cambios en los textos hasta llegar a la forma estándar.
María Tudor
Tras la muerte de Eduardo VI en 1553, María, hija de Catalina de Aragón, asumió el trono por el Acta de Sucesión sancionada por su padre. Debido a ello, se produjo un retorno a la Iglesia de Roma y a la liturgia católica tal como era tras las pequeñas reformas de Enrique VIII. En 1554, María contrajo matrimonio con Felipe II de España. Este acontecimiento, celebrado en la catedral de Winchester, fue una de las pocas ocasiones que tuvieron músicos ingleses y continentales (la gran mayoría flamencos, miembros de la Capilla Real española) para poder intercambiar ideas. Durante los cinco años del reinado de María, fueron quemados casi trescientos protestantes en la hoguera, entre ellos Thomas Cranmer. Para asegurar que Inglaterra siguiera siendo católica, se necesitaba urgentemente un heredero. Ese mismo año de su boda, la reina tuvo un embarazo fantasma y, en 1557, lo que parecía ser otro embarazo fue en realidad el tumor maligno que acabaría con vida de la soberana. Además, Felipe II y María habían estado separados casi todo el tiempo: el, porque no había abandonado Inglaterra en ningún momento, y él porque se hallaba ocupado con España y el resto de territorios cuando abdicó su padre, Carlos V.
Isabel I
Tras la muerte de María en 1558, su hermana Isabel ascendió al trono. La Iglesia Católica la consideraba ilegitima, pero ella, desde el punto de vista protestante, buscó una forma para la iglesia que pudiera ser más tolerante. Durante su reinado, el protestantismo en el continente llego a una postura extrema, con un auge de sectas como la de los Puritanos. Lo primero que Isabel firmó en el Parlamento fue el Acta de Supremacía de 1558, que revocó las leyes de María y que colocó a ella misma como “Gobernadora de la Iglesia Anglicana”. Ese mismo año firmó también el Acta de Uniformidad, una versión más suave que el acta de Eduardo, a resultas del cual llegó un nuevo Libro de Oración Común. Durante todo su reinado, intentó mantener un equilibrio y una cierta tolerancia que no se había dado durante los reinados de sus hermanastros. Isabel nunca se casó y, al no haber heredero a su muerte, acaecida en 1603, la corona pasó a Jaime VI de Escocia, quien mantuvo definitivamente la Iglesia Anglicana.
La música litúrgica de los Tudor
Los compositores más destacados de los últimos años del siglo XV fueron aquellos de la fuente musical más voluminosa que no se perdió durante la disolución de los monasterios, el Eton Choirbook: John Browne (1453-1500), Walter Lambe (1450-1504) y, un poco más tarde, Williams Cornysh (1465-1523) y Robert Fayrfax (1464- 1521). Este último fue uno de los músicos favoritos de Enrique VIII, maestro de la Capilla Real durante la famosa reunión diplomática entre Enrique y el rey de Francia, Francisco I, conocida como el Campo de la tela de oro (1520). El estilo inglés de esta época estaba cambiando desde una polifonía no imitativa, construida sobre un cantus firmus, a un estilo más continental, basado en la imitación. La mayoría de las obras de este periodo son antífonas u otras composiciones dedicadas a la Virgen, como Salve Regina, Stabat Mater o Magnificat. Por lo general, son de extensión muy larga (la obra más corta dura unos 6 minutos, pero la mayoría de ellas tienen una duración entre los 15 y los 20). También es destacable una peculiaridad inglesa: usar una voz de niños más aguda, a la que se llamaba treble, en adición a la voz habitual de tesitura más central de los niños, que se llamaba mean.
John Taverner (1490-1545) fue uno de los protegidos del cardenal Wolsey. Nombrado en 1526 primer organista y magister puerorum del Cardinal College de Oxford, después de la caída política del mencionado Wolsey, tuvo que renunciar a su cargo (1530) y ya no consiguió ninguna posición musical. Se dice, aunque no está demostrado, que fue asistente de Thomas Cromwell cuando la disolución de los monasterios. Lo que sí sabemos es que reaparece en 1540 en Lincolnshire, siendo un hombre rico y alcalde de su pueblo. Todas las obras de Taverner datan de la década de los 1520. En ellas se combinan las técnicas de cantus firmus y polifonía imitativa. Otras técnicas suyas son comunes a los compositores de Eton, como la variedad de textura, alternando secciones a dos o tres voces con partes para todo el coro. La música de Eton tiene tendencia a separar estas secciones (normalmente por el texto, constituyendo cada verso una sección aislada), pero Taverner empezó a juntarlas en un gran arco de música.
Los años de cambio
Thomas Tallis (1505-1585), Christopher Tye (1505-1573) y John Sheppard (1515-1558) fueron los compositores más notables durante los años de transición: los últimos de Enrique, los primeros del protestantismo de Eduardo, los de la vuelta al catolicismo de María y, de nuevo, los del retorno al protestantismo con Isabel. Debido a la falta de información sobre lo que ocurrió en la Capilla Real en esos años, resulta casi imposible determinar qué obras fueron compuestas bajo el reinado de Enrique y cuáles en tiempos de María. Durante todo el reinado de María, los tres músicos figuraban juntos como caballeros de la Capilla Real. Tye y Tallis habían accedido a esa posición aproximadamente en 1545, y Sheppard la ostentaban al menos 1552 (antes quizás antes).
En el caso de Tallis, sabemos que su motete Gaude gloriosa sí es una obra enriqueña, porque recientemente se ha descubierto una parte de la misma con un texto en inglés escrito por Catalina Parr, la sexta —y última— esposa de Enrique VIII. También se sabe que la Missa Puer natus fue compuesta para la Navidad de 1554, cuando se pensaba que la reina estaba embarazada. Es mucho más fácil distinguir qué piezas fueron escritas para la naciente Iglesia Anglicana.

Para esa iglesia nueva, la regla fue “Una nota para cada sílaba” (“For every syllable a note”), y todo en inglés. Tallis compuso un Magnificat, un Nunc Dimittis en modo dórico o el famoso If ye love me. En Tye vemos una clara diferencia entre sus misas Euge Bone o Western Wynde y The Acts of the Apostles (una colección de anthems con una versión métrica del libro Hechos de los apóstoles). Sheppard también compuso música para los nuevos oficios, con cuatro ciclos para Matins, Evensong y Holy Communion, y unos quince anthems. Sheppard fue una figura importante en la capilla mariana, componiendo muchas antífonas y responsorios para la restauración del rito Sarum, incluyendo su obra más famosa, el responsorio Media vita. En los 1570, Roger Gyffard, un profesor de Oxford, preparó un libro con algunas obras católicas de Sheppard. Es más probable que las obras de esta colección fueran enriqueñas, de la época en la que ejerció de Informator choristarum de Magdalen College, entre 1542 y 1549, e incluyen cuatro misas, una de ellas basada en el tema Western Wynde.
El empleo del latín
La primera reforma de Eduardo solo permitía el inglés para los ritos religiosos. Isabel era una persona culta, quien con sus autorizó permitió el uso de latín en la Capilla Real, en las universidades de Oxford y Cambridge, y en las instituciones educativas a ellas (los colegios de Winchester y Eton). No obstante, para otras instituciones y catedrales solamente se podía usar el inglés.
Durante el reinado de Isabel, la principal figura de la Capilla Real fue William Byrd (1543-1623). Alumno de Tallis, fue nombrado caballero de la Capilla Real en 1572, tras la muerte del compositor Robert Parsons. La Capilla Real mantuvo siempre un número fijo de caballeros. En la época Tudor, los compositores y organistas más destacados del país fueron casi todos gentlemen de la capilla. Músicos como William Mundy (1529-1591), Richard Farrant (1525-1580) o Thomas Causton (1510?-1569) fueron todos muy prolíficos durante los primeros años del anglicanismo. Escribieron música para los canticos comunes de Matins y Evensong, así como anthems y versiones de salmos métricos. Tallis compuso una colección de nueve salmos en la versión del arzobispo Parker, en 1567. Una de estas miniaturas, la tercera (Why fum’th in sight) fue empleado por Vaughan Williams en su obra Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis. Otra de ellas, la octava (God grant with grace) es conocida como el Canon de Tallis y todavía se utiliza hoy en día como himno en la liturgia anglicana.

En cuanto a la obra más célebre de Tallis, Spem in alium (para cuarenta voces en ocho coro)s, no se sabe bien para qué ocasión fue compuesta. Hay teorías que la colocan como respuesta a la visita a Inglaterra del compositor italiano Alessandro Striggio durante su gira por Europa de 1567, presentando su motete y su misa Ecce beatam para diez coros de cuatro voces. Otra teoría es que fue escrita para festejar el cuadragésimo cumpleaños de Isabel, en 1573. En 1610 fue cantada con texto en inglés para la investidura de Enrique (hijo de Jaime I) como Príncipe de Gales.
Este grupo de gente de tan alto nivel también disfrutaba haciendo música por puro placer, lo cual dio origen a la tradición , y se produjo una tradición de componer obras cortas canónicas, de las que son los mejores ejemplos el Miserere mei, de Tallis, u O Salutaris, de Byrd, y en las que se buscaban los límites de la polifonía dentro del nuevo estilo. Luego vinieron músicos de la talla de Orlando Gibbons (1583-1625) o John Bull (1562-1628), un gran organista.
La peculiaridad de la música inglesa enriqueña fue el uso de los tiples agudos (trebles). Parece que estos niños fueron un fenómeno limitado a las instituciones educativas de Oxford —New College, Magdalen College y Cardinal College— y a la propia Capilla Real. Con la introducción de la música más sencilla de la Reforma, la voz de treble desapareció rápidamente de la sonoridad coral. No obstante, la tesitura de los niños permaneció algo más aguda que en el continente. Usando las dimensiones de tubos de órganos históricos, investigaciones recientes han probado la referencia de la nota La de esa época en 475 Hz. —no tan alta como anteriormente se pensaba—, a partir de otras medidas que lo situaban una tercera menor por encima del diapasón estándar, de donde viene la tesitura aplicada en muchas ediciones y grabaciones de esta música.
El culto a la Virgen fue otro fenómeno que desapareció con el anglicanismo. Se quitaron los altares y cuadros de las Lady Chapels de las catedrales y la oración Ave Maria dejó de cantarse. Algunos compositores aún escribieron el texto “Ave Maria”, pero empleando solo el texto bíblico del Evangelio, sin la oración “Sancta Maria, ora pro nobis“, por considerarse papista. Un ejemplo notable de esta práctica se puede apreciar en Robert Parsons, predecesor de Byrd en la Capilla Real.
Música de cámara
La música de cámara para las casas de las clases pudientes surgió con fuerza ent4re 1560 y 1580. Tanto la nobleza como la burguesía gozaban de una buena educación musical, que incluía tocar instrumentos como el laúd o la viola de gamba. En el caso de esta última, tener un consort (conjunto) con los varios tamaños de la familia de la viola se puso de moda. Se compuso música para cuatro, cinco o seis violas da gamba, usando el nuevo estilo de polifonía: frases cortas y de ritmos sencillos, con mucha imitación. También se empleó cantus firmus, por ejemplo, en obras basadas en la frase “In nomine” del Benedictus de la misa Gloria tibi Trinitas, de Taverner. No supuso un salto complicado que los textos cantados pudieran sustituir un instrumento, lo que dio lugar al consort song. Byrd publicó dos colecciones notables de este género, en 1588 y 1589. Desde aquí, los instrumentos regresaron a la capilla con un género nuevo: el Verse service (canticos comunes) y el Verse anthem. En estos, hay partes para solista con acompañamiento instrumental polifónico (órgano o violas de gamba), alternando con secciones para todo el coro doblados por los instrumentos. Ejemplos de este género son el Second Service (Magnificat y Nunc Dimittis) de Byrd, o anthems de Orlando Gibbons como This is the Record of John. Este género se desarrolló a lo largo del siglo XVII, llegando a su cumbre con Thomas Tomkins, Henry Purcell y John Blow.
Tanto la nobleza como la burguesía gozaban de una buena educación musical. que incluía tocar instrumentos como el laúd o la viola da gamba.
Los católicos
La vida para los católicos en Inglaterra era difícil e incierta. Declararse católico o celebrar misa roma se consideraba un crimen, que acarreaba multas y otros castigos peores. En la corte isabelina siempre hubo una paranoia con los complots contra la reina. Los más sonados fueron el de la reina Maria de Escocia (1569 y 1585), y la amenaza de Felipe II de 1588. En 1605, el rey Jaime I también se vio en peligro amenazado por el Gunpowder Plot (conspiración de la pólvora), cuyo objetivo era hacer volar por los aires el parlamento. Todos ellos fueron organizados por católicos, de ahí que se hubiera contra ellos mano dura.
Muchos músicos católicos, como Peter Phillips o Richard Dering, tuvieron que abandonar Inglaterra. John Dowland se convirtió al catolicismo cuando se hallaba en París. Al no conseguir trabajar en la Corte inglesa, se trasladó a Dinamarca para ser laudista del Rey Christian IV. Más tarde, a partir de 1612, regresaría a Londres, ya para entrar al servicio del rey Jaime I.
Byrd y Tallis tuvieron más suerte, al ser protegidos por la reina Isabel. Además, la soberana les concedió sendas licencias de monopolio para imprenta de música y para papel de partituras en 1575, con una duración de 21 años. No obstante, no fueron grandes empresarios. Pese a esta enorme ventaja, su primera publicación fue una colección de 34 motetes, Cantiones Sacrae… ¡en latín! Aunque los textos elegidos resultaron aptos en contenido para las sensibilidades anglicanas, las escasas ventas ni siquiera cubrieron los gastos, y los compositores tuvieron que suplicar a la reina que les ayudase económicamente. Más tarde, Byrd publicó otras colecciones de música en latín para uso privado de los católicos, incluyendo tres misas y algunos motetes para las fiestas importantes del año litúrgico.
En definitiva, el éxito del anglicanismo se debe en gran parte al hecho de que la reina Isabel I permaneciera durante más de cuarenta años en el trono, con la estabilidad política y social que eso lleva consigo. Al mismo tiempo, los compositores más destacados de este periodo trabajaron para la iglesia. Así, hoy en día, casi toda la música compuesta entonces permanece en uso dentro del repertorio de las catedrales, capillas e iglesias anglicanas.
Rupert Damerell es musicólogo por la Universidad de Cambridge y director de Zenobia Música.
[Imagen superior: Sesión del Concilio de Trento en ” Tyrolischer Adler”, vol.IX por Matthias Burglechner, s. XVI (Archivo Estatal Austriaco, Viena).]
Bibliografía:
Benham, H. (1975). Latin Church Music in England 1460–1575, Londres, Barrie & Jenkins.
Caldwell, J. (1991). The Oxford History of English Music, vol. 1, Oxford, Oxford University Press.
Le Huray, P. (1967). Music and the Reformation in England 1549–1660, Londres, Herbert Jenkins.
Caja
Artículo perteneciente al dosier “La Reforma luterana en la música” publicado en los nº 328 y 329 de SCHERZO, de abril y mayo de 2017.



