Ildar Abdrazakov: “No fui yo quien eligió la ópera italiana, fue mi voz”

Durante la larga conversación que mantuve el pasado 11 de noviembre en una pausa de los ensayos de Boris Godunov en la Scala, intenté pedir a Ildar Abdrazakov un comentario sobre la actualidad política de la ópera de Musorgski, su punto de vista sobre las cuestiones dramáticas que la guerra suscita en todos nosotros… Muy educadamente, Abdrazakov prefirió no responder. Una actitud totalmente comprensible, dada la fuerte presión que un artista de su calibre sufría en esos momentos. También por eso me sorprendió su frase, unos minutos más tarde, en la que agradecía a los italianos el no haber cancelado la ópera a pesar de las presiones recibidas. Otra prueba de la gran humanidad de un artista que se encuentra en Italia como en casa (sobre todo, en Milán): desde las primeras audiciones en 2000, por las que cantó el papel del Conde Rodolfo en La sonnambula al año siguiente, hasta las seis inauguraciones (con este Boris) de temporada. Después de Boris, ha vuelto a la Scala en marzo, con los Cuentos de Hoffmann.
¿Qué recuerda de su debut en la Scala?
La impresión del teatro desde fuera no era tan majestuosa: acostumbrado a la grandeza del Bolshoi o del Mariinski, el Piermarini me pareció un edificio ‘normal’. Pero cuando entré en la sala, me quedé boquiabierto: no podía creer tanta belleza. Y además toda la gente estaba llena de entusiasmo, era amable: desde 2000 hasta hoy este rasgo no ha cambiado, por suerte. Cuando recibí la propuesta de cantar el Conde Rodolfo, fue una emoción enorme.
¿Cómo era su voz en aquel momento?
Hace veinte años, tenía una voz más ligera: cantaba Mozart, Rossini, porque era joven y no tenía mucha experiencia teatral. Yo era esencialmente un bajo-barítono, pero con el paso de los años mi voz se ha oscurecido y se ha ensanchado, ganando volumen; me sentía más apto para la música italiana y francesa, no tanto para la rusa, que tiene más peso. Aunque desde el principio me pidieron que abordara a Gremin y Boris, me negué, pues quería conservar mi voz y dejar que evolucionara con calma. No fui yo quien eligió la ópera italiana al principio, fue mi voz la que lo hizo.
En sus primeros años, trabajó mucho con Riccardo Muti, y la colaboración continúa hasta hoy: ¿qué aprendió de él?
Sencillamente, hacer música en serio, interpretar no sólo las notas sino el texto y todo lo que hay detrás de un personaje; estudiar con él es como empezar por el solfeo, porque Muti parte siempre de lo que está escrito en la partitura y explica el porqué de cada elección. Cuando has cantado un papel con él, mantienes esa visión el resto de tu vida, con cualquier otro director: nadie me ha rebatido nunca una idea musical que me haya sugerido Muti.
Hablemos de Boris: ¿llegó directamente al protagonista o ‘pasó’ primero por Pimen o Varlaam?
Mi acercamiento a la ópera fue a través de un papel muy pequeño, en 1998 en Roma con dirección escénica de Faggioni y Ferruccio Furlanetto en el papel principal: yo era Mitjucha, un papel con sólo unas pocas líneas, pero que representó mi primera aproximación a esta obra maestra. Nunca canté ni Pimen ni Varlaam (ni siquiera el aria en concierto) y finalmente debuté como Boris en París, veinte años después, en 2018, también en esa ocasión con la versión original. Luego llevé mi Boris a Moscú, al Bolshoi (donde aún se utiliza la versión de Rimski-Korsakov) y lo canté dos veces con Gergiev (en forma de concierto en el Mariinski, y en versión escénica en Vladivostok).
“Con Riccardo Muti aprendí a hacer música en serio, interpretar no sólo las notas sino el texto y todo lo que hay detrás de un personaje”
¿Qué opina de las distintas versiones de la ópera?
Yo no hablaría de versiones, porque en realidad son óperas diferentes. El original centra toda la atención en Boris, nunca perdemos el hilo de lo que le ocurre: en el transcurso de la obra vemos lo que le pasa a él y a su alrededor, la gente pobre huyendo y mendigando pan (históricamente, en aquella época en Rusia hubo tres años consecutivos de gran hambruna). Antes de ser zar, Boris había sido embajador y, al parecer, había sido muy bueno en este cargo. Es muy importante conocer los hechos históricos para interpretar este papel.
El rol es realmente para bajo-barítono. ¿Cuáles son las dificultades vocales más evidentes?
Verá, en el aspecto vocal no hay realmente grandes dificultades: nunca esperas el gran agudo o la nota baja. Sin embargo, siempre hay que ‘vivir’ en el personaje, interpretar sus expresiones, sus emociones, su mentalidad. Si cantar a Chaikovski es más o menos como cantar a Donizetti o Verdi, en el caso de Musorgski el discurso es muy diferente: no hay melodías que lleven al agudo o que tengan una cantabilidad inmediata. El agudo viene de la emoción.
Nikolai Ghiaurov, el gran Boris, decía que en la escena de la alucinación hay que evitar recurrir al parlato, so pena de una bajada de tensión. ¿Qué le parece?
No estoy del todo de acuerdo. Hay que encontrar una forma de expresarse que esté a medio camino entre cantar y hablar. Es difícil de explicar, el tipo de vocalidad debe ser una consecuencia natural de la identificación con el personaje. Esto también significa que no puedo ensayar la misma escena varias veces seguidas, porque sería insoportable a nivel psicológico. A menudo se me saltan las lágrimas, porque la música y las palabras son conmovedoras.
¿Escucha a los grandes Boris del pasado, de Chaliapin a Petrov y Christoff, de Reizen a Ghiaurov?
Ha mencionado grandes nombres, cada uno con su cualidad particular. Evidentemente, tengo mi propia voz, mi propia sensibilidad, mi propio biorritmo… y no quiero imitar a nadie. Por supuesto los escucho, y cada uno de esos grandes artistas me convence en momentos concretos de la ópera.

Su repertorio incluye mucho Verdi y mucha ópera italiana. También iba a debutar como Scarpia, aunque más tarde se canceló. ¿Qué se busca en un personaje?
Que me emocione a nivel teatral. Sobre todo, ahora, que soy un hombre maduro, es el momento de vivir el teatro, de exaltar el drama. La línea de canto es importante, cantar bien es crucial… Pero, si de niño pensaba casi sólo en eso, en ser vocalmente perfecto, ahora me importa menos. Pienso en las palabras, en el carácter, ¡en la verdadera sangre!
¿Dónde se encuentra la ‘verdadera sangre’ en la ópera rusa?
En Boris, por supuesto, pero también en papeles como El caballero avaro de Rachmaninov. Muchos papeles de bajo ruso son nobles, relajados (pienso en Gremin y René en Iolanta), pero el repertorio es muy amplio: estoy estudiando Ivan Susanin (Una vida por el Zar).
Demos un paso atrás: cuando era niño, cantaba incluso las canciones de Muslim Magomayev, el “Sinatra soviético”, pero luego, mientras escuchaba a Attila, tuvo un flechazo…
Verá, cuando era joven yo no quería cantar ópera, simplemente no me gustaba: no entendía la letra, la música me parecía triste, siempre había alguien muriéndose… Me llevaban a ver óperas al teatro de Ufa, mi ciudad natal, y la primera que vi fue La novia del zar de Rimski. La vida en aquella época era de por sí triste, y no entendía por qué también en teatro tenía que ver aquellos trajes que apestaban a naftalina, aquellas barbas postizas sujetas con elástico, aquellas escenas pintadas de forma irreal… “No es para mí”, me dije. Pero, por dentro, quería cantar, y pensé dedicarme al pop, a la música melódica ligera. Sin embargo, mi hermano Askar, también bajo y siete años mayor que yo, me enseñó el vídeo de Attila representado en la Scala con Samuel Ramey, bajo la dirección de Muti. “¡Entonces la ópera es esto!”, me dije. Así que decidí estudiar en serio y le pedí a mi profesor que me enseñara el aria de Attila. La respuesta fue: “Quizá dentro de diez años”. No olvido la emoción cuando, en 2010, canté ese papel en el Met con Muti en el podio y Samuel Ramey a mi lado en el escenario como el Papa León. ¡Fue un regalo de Dios!
“El atractivo que tienen los grandes artistas italianos a la hora de pronunciar, de cantar, es único. Y creo que soy, por formación, más italiano que ruso”
¿Ha estudiado con cantantes famosos?
No, sólo con mi profesora en Ufa, Murtazina. Luego asistí a algunas clases magistrales, aunque estas suelen ser de poca utilidad. El que realmente me ayudó fue, en Milán, Muti, que, como le dije antes, me proporcionó las bases necesarias para convertirme en un verdadero artista. Por desgracia, hoy no es fácil encontrar figuras como la suya, sobre todo en Rusia, donde se enseña a cantar incluso bien, pero se conoce poco el estilo italiano.
Curiosamente, son a menudo más los extranjeros que los italianos quienes notan esta falta de italianidad.
¿De verdad? Sin embargo, el atractivo que tienen los grandes artistas italianos a la hora de pronunciar, de cantar, es único. Y creo que soy, por formación, más italiano que ruso.
Todavía hoy alterna a Mustafá con Boris. ¡Todo un reto!
Es cierto que no es fácil, pero es un ejercicio estimulante para la voz. Siempre con la precaución de dejar pasar un tiempo entre un tipo de escritura vocal y la siguiente.
Usted creó, hace cinco años, un festival. ¿Con qué objetivo?
El objetivo es encontrar nuevas voces de calidad en Rusia. Incluso cuando empecé, en mi país no era fácil darse a conocer para aquellos que vivían fuera de las grandes ciudades. En mi festival, anuncio con tiempo que impartiré clases magistrales en las ciudades medianas-grandes de Rusia. Los que viven cerca me envían vídeos para que los evalúe, elijo a los cantantes más interesantes y los invito a mis cursos. Si, por ejemplo, voy a Novosibirsk y he trabajado con artistas jóvenes que me han gustado mucho, les pido participar en mi concierto en la misma ciudad o en ciudades cercanas. Recuerdo muy bien que, al principio de mi carrera, la gran Irina Arkhipova hizo lo mismo conmigo. Ella y yo en el mismo escenario… ¡un sueño! Allí aprendí muchos pequeños detalles: cómo entrar en escena, cómo hacer una reverencia… En resumen, el mío es un festival itinerante. En 2022 recorrimos siete ciudades e, incluso, llegamos hasta Norilsk, más allá del Círculo Polar Ártico. Por supuesto, tengo un equipo de personas que me ayudan, porque las distancias en Rusia son enormes. También soy director artístico de la Academia para Jóvenes Cantantes Elena Obraztsova, de San Petersburgo.
Tras el disco que grabó para Deutsche Grammophon (Verdi), ¿qué prepara?
No puedo entrar en detalles, pero quiero grabar un proyecto dedicado a Rachmaninov y Chaliapin, porque en 2023 se cumplen 150 años del nacimiento de ambos. Serán melodías de cámara.
Tiene 46 años, ¿su voz es ya “madura”?
La voz del bajo es extraña: algunas pueden considerarse formadas cuando todavía son muy jóvenes, otras tienen una maduración más lenta. Sin embargo, viendo el repertorio que estoy abordando ahora (Boris, Procida, Atila, Felipe II…), siento que ahora mi voz está por fin completamente cómoda: no sé qué ha sido, si el Covid o más probablemente la edad, pero siento seguridad y estabilidad en mi canto. Hubo un tiempo en que sentía que mi voz era demasiado aguda, y me costaba bajar: me costaba entender qué debía hacer para arreglarlo, pero sólo había una solución, y era esperar. ¶
Nicola Cattò
(Entrevista publicada en el nº 393 de SCHERZO, de marzo de 2023)


