Ignorantísimos, despistadísimos… o tal vez, otros “ísimos”

Ignorantísimos, despistadísimos… o tal vez, otros “ísimos”

Uno, que es muy del humor jardielesco, se acuerda a menudo de una escena descacharrante de Jardiel en su obra Usted tiene ojos de mujer fatal. En el segundo acto, en la villa del Marqués de Pantecosti, el inefable mayordomo Oshidori, preparando la llegada de su amo, el seductor Sergio Hernán, se topa con uno de los parientes, Roberto, que está sordo como una tapia. Como señala el propio Jardiel en su indicación escénica, resulta “rotunda y definitivamente sordo”. Oshidori intenta, inútilmente, pedirle a Roberto confirmación de que aquella villa a la que ha llegado es, en efecto, la de los Pantecosti. Cuando poco después el barón hace la presentación formal de Oshidori a cada miembro de la familia, el mayordomo hace en cada caso la correspondiente reverencia y saluda, solemne, uno por uno, con la misma fórmula exagerada: “Honradísimo”. Hasta que llega el turno de Roberto. Pantecosti le introduce con la pompa de turno: “Mi primo, don Roberto de Pantecosti la Torre y Gamboredo de Tres Viñas del Pomar.” Y Oshidori responde, impertérrito, con la correspondiente reverencia: “Sordísimo”. Todavía recuerdo al inolvidable Ismael Merlo, que hacía una encarnación sensacional del irrepetible mayordomo, haciendo magistralmente esta escena con esa sonrisa socarrona con la que uno no podía hacer otra cosa que partirse de risa.

Viene este preámbulo jardielesco a cuento porque algunas de las cosas que viene uno viendo reclaman el sarcasmo, pero no uno cualquiera, no, sino un sarcasmo, como el de Oshidori, superlativo. Hay en la materia varias medallas a repartir. La correspondiente del despiste o de la ignorancia, no sé bien en qué categoría otorgarla, se la llevan en esta ocasión los colegas de la Gazetta di Parma, que en las prisas por publicar una necrológica tras el fallecimiento de la grandísima Mirella Freni, quizá pensaron que era una buena ocasión de emular a Waldteufel, y ofrecieron una perfecta ejecución periodística del célebre vals de los patinadores, colocando en su artículo una foto bien grande, que solo tenía un pequeño problema: la retratada no era la difunta, sino la norteamericana Deborah Voigt.

Batacazo del diario italiano, y hematoma de pronóstico menos grave del periodista-patinador. Como dice el refrán, hay gente que nace con estrella y gente que nace estrellada. Se ve que la pobre Voigt está entre las últimas, al menos en algunos aspectos. No tuvo la norteamericana bastante con toparse en el año 2004 con un escenógrafo caprichoso que decidió rechazarla, digámoslo a la clara, por gorda, en la Royal Opera[1], sino que ahora tenía que darse de bruces con periodista parmesano despistado (interpretación benévola) o ignorante (y en ciudad de tanta tradición operística, ya les vale) de manera que su foto apareciera, lagarto, lagarto, en una necrológica equivocada.

Si el también parmesano Toscanini hubiera visto algo como esto, hubiera tal vez tenido la tentación de cocinar una pizza con picadillo de periodista, y es fácil imaginarle soltando por esa boquita todo tipo de exclamaciones, desde las Mamma mia, Madonna Santissima, y otras interjecciones más o menos pías, hasta algunos otros juramentos y venablos varios menos bien sonantes, de esos que los contrabajistas de la extinta Sinfónica de la NBC conocieron bien.

Por su parte, me parece que la Voigt va a acudir en cualquier momento a que le quiten el mal de ojo porque la siguiente va a ser que se la pega cayendo sobre algún foso orquestal… Esta metedura de remo es digna de figurar junto a clásicos dislates operísticos que en su día merecieron del firmante, como recordará alguno de los que ha tenido la paciencia de leerme desde hace años, el choteo correspondiente en esta misma publicación. Ejemplos como Tosca de Verdi, la Escena de la locutora (que teniendo en cuenta las cosas que uno ve en los escenarios hoy en día podría mutar de disparate a realidad en cualquier momento), Las alegres comadrejas de Windsor o El rapto del desarrollo no son cosas que uno olvida fácilmente, y seguro que a la Voigt no se le olvida su inesperada y desde luego no deseada usurpación del lugar que Freni debía ocupar, desgraciada pero oportunamente, en su propia necrológica.

En otra categoría, pero compartiendo patinaje con la anterior, está el hecho reciente de la cancelación de un concierto previsto de Charles Dutoit al frente de la Filarmónica de Gran Canaria. El que suscribe no es fan del director suizo, más allá de que esté implicado en acusaciones de acoso sexual que aún están por aclarar. Pero en este caso, lo más gordo es que el pretexto principal de la decisión es que el concierto se celebra en la semana de la mujer y, según la consejera de cultura del Cabildo de Gran Canaria, Guacimara Medina, debe ser, por tanto, dirigido por una mujer, y si se cuenta con un solista, también debe ser una mujer. La consejera le recuerda (véase entrevista más abajo) al titular de la Filarmónica, Chichon, que el Cabildo puede alterar cualquier programa musical, materia en la que, por lo que se ve, el director de la orquesta pinta más bien menos que lo político. Algo que no sé si resulta más patético, más trágico o más cómico, pero desde luego sí más demagógico. Con todos los respetos (máximos) por las iniciativas defensoras de la igualdad, creo que imponer a una mujer (le ha faltado decir “la que sea”, con tal de que sea una mujer, todo muy en línea con criterios de competencia profesional), cancelando un contrato que, según ABC, ella misma ha aprobado hace apenas tres meses, lo que va a costar al erario la bromita de 30000 euros (ay, la pólvora del rey), no parece la más inteligente alternativa, por plantear el asunto con británica y elegante ironía.

Pueden encontrar el artículo de ABC aquí: https://www.abc.es/cultura/musica/abci-chichon-orquesta-filarmonica-gran-canaria-no-contratara-directora-cuestion-genero-202002200137_noticia.html. Y les aconsejo que no se pierdan la entrevista con la tal Guacimara, aquí: https://www.elespejocanario.es/audios/ampliar/12941/guacimara-medina-recuerda-al-director-de-la-ofgc-que-el-cabildo-puede-alterar-cualquier-programa-musical. Me viene a la cabeza, además de Oshidori, un dicho chistoso pero muy cierto que me enviaron el otro día, y que dice: “No te alteres con el primer tonto que aparezca. Hay más…”. Yo contesté: “No lo sabes tú bien…”. Efectivamente, hay, digamos… otros “ísimos”.

 

[1] La norteamericana fue descartada por el Director de Casting de Covent Garden Peter Katona porque no “entraba” en el vestido que él había decidido escoger, y fue sustituida por otra colega más esbelta. Cuando el asunto se hizo público la polémica fue de aquí te espero, con toda razón, claro.