Henry Threadgill: rebeldía sin edad

Pocos músicos alcanzan la gloria y se olvidan de sus raíces. Henry Threadgill (Chicago, 1944) representa como casi nadie un irreductible compromiso con la creación más afilada del jazz, aquella que nos emplaza ante la espalda del propio género. Hoy por hoy, ya desde sus cuarteles de invierno, y tras hacer historia en la vanguardia jazzística como uno de los principales ideólogos de la Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM), obtener un Premio Pulitzer a la Música por su disco In for a Penny, In for a Pound, el mítico saxofonista y flautista sigue agitando su instinto creador como si no hubiera mañana.
Hoy la actualidad de su rebeldía pasa por su última entrega discográfica, Poff (Pi Recordings), firmada junto a su veterana banda Zooid, con la que celebra dos décadas de guerrilla jazzística. Tiene esta reunión miembros con mucha carga creativa, caso del violonchelista Christopher Hoffman, el maestro de la tuba José Dávila, el guitarrista Liberty Ellman y el baterista Elliot Humberto Kavee. Todos ellos, con el patrón al mando, han construido una manera siempre nueva de enfrentarse a la música, diferente, con grandes desarrollos armónicos y rítmicos, y mucha querencia por los territorios abiertos de la improvisación.
El viaje a lo desconocido consta de cinco composiciones, todas de Threadgill, con un sonido radical, enérgico y profundo. Con más de 150 grabaciones en catálogo, este artillero de Chicago mantiene una actitud adolescente con la creación, que hoy testimonia una coherencia y una generosidad infinitas, y una insobornable apuesta por la búsqueda constante de nuevos horizontes musicales. “No percibo mi música con un sentido finito, sino más bien como parte de un continuum, como algo en constante cambio y evolución”, nos confesó en 2008, en su paso por el XXVII Festival de Jazz San Juan Evangelista. Y ahí sigue, en un bucle creativo constante.
La memoria artística de Threadgill nos sitúa ante uno de los grandes ideólogos no ya del jazz moderno, sino de la música contemporánea en general. Su instinto creativo prende tanto en la memoria del blues y el góspel como en la composición clásica más afilada, dejándose querer igualmente por toda suerte de repertorios: folclóricos, teatrales, cinematográficos… Considerado en la década de los 90 como el mejor compositor de jazz por la reputada revista especializada Down Beat, hoy la música de este improvisador nato y creador visionario nos llega a través de algunas de las formaciones más audaces de los últimos años, caso del Trío Air, los grupos Make a Move y X-75 o la Society Situation Dance Band.
Igualmente, su escritura musical ha recibido encargos de los cuartetos de Roscoe Mitchell o del Rova Saxophone, así como de grandes orquestas como la American Jazz Orchestra de Harold Arlen. Todo ello sin olvidar las que probablemente son sus formaciones más conocidas: Very Very Circus (donde recientemente recibimos la agradable sorpresa de la inclusión del saxofonista Ro án Filiú en sus filas) y la mencionada Zooid.
Henry Threadgill se inició musicalmente frente al piano y el contrabajo, decantándose después por la flauta y el saxo contralto. Durante su estancia en la Wilson University, donde realizó los estudios de secundaria, coincidió nada menos que con Anthony Braxton, Joseph Jarman y Jack DeJohnette, con los que años más tarde se reencontraría en torno a la AACM, cuya filiación se produjo a través del mencionado Trio Air, junto al contrabajista Fred Hopkins y el percusionista Steve McCall. Junto a ellos establecería una fructífera y larga relación que se prolongaría hasta los años 80. Y con ellos realizaría interesantes investigaciones sobre la obra de jazzistas pioneros como Jerry Mol Morton y Scott Joplin.
Posteriormente, formaría un sexteto con la colaboración de intérpretes tan visionarios como el cornetista Olu Dara o los trombonistas Frank Lacy y Craig Harris. Con este grupo la música de Threadgill creció en armonías, consecuencia de sus trabajos como arreglista y orquestador. A esta etapa pertenecen tres grabaciones cardinales en la historia del jazz moderno Just the facts and pass de bucket (About Time Records, 1983); You know the number (Novus, 1986) y Easily slip into another world (Novus, 1987). Paralelamente, en este tiempo colaboró con el también saxofonista David Murray, otro de los nombres ilustres de la vanguardia jazzística reciente. Tras esta experiencia, llegaría la que sin duda es una de las actuales maquinarias creativas más excitantes y audaces, la Very Very Circus, cuya alineación se ampliaba a septeto con la presencia de dos tubas (Edwin Rodríguez y Marcus Rojas), dos guitarras (Brandon Ross y Ed Cherry), un trombón (Curtis Fowlkes), un trompetista (Ted Daniels) y dos baterías (Gene Lake y Pheeroan Aklaff). Este grupo abanderó la experimentación libre de toda suerte de estéticas musicales, dese la vanguardia, al funk o la música de la Europa del Este. Luego llegaron Make a Move, Zooid, Ensemble Double-Up y la 14 or 15 Kestra: AGG, y siempre con la sensación de estar al comienzo de todo. ¶
Pablo Sanz


