GRAZ / El Festival Styriarte recupera ‘Gl’incantesimi disciolti’ de Antonio Draghi

Graz. Palacio Eggenberg. 21-VI-2025. Johanna Rosa Falkinger, Sophie Daneman, Anna Manske, Julian Habermann, Markus Schäfer, Dietrich Henschel. Ensemble Ārt House 17. Dirección musical: Michael Hell. Dirección escénica: Thomas Höft. Antonio Draghi: Gl’incantesimi disciolti (en la versión de T. Höft, Das verwunschene Glück)
Tras el concierto inaugural del Festival Styriarte en la Helmut List Halle de Graz —que incluyó un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del reciente tiroteo—, el Palacio Eggenberg acogió, en la noche del 21 de junio, la producción operística de esta edición: Gl’incantesimi disciolti, la ópera-ballet de Antonio Draghi, estrenada precisamente en este mismo lugar en 1673 con motivo del enlace entre el emperador Leopoldo I y la archiduquesa Claudia Felizitas del Tirol.
Draghi, compositor de la corte imperial, supo entrelazar en esta alegoría escénica los conflictos políticos y sentimentales que precedieron la boda y que estuvieron a punto de hacerla fracasar. En su historia, el Buen Consejo se enamora de la Fortuna, pero su dicha se ve amenazada por los hechizos de la Envidia, la Avaricia y la Mentira. Solo la fuerza transformadora del Afecto y la redención de la Envidia —que acaba abrazando la Razón— restablecen el equilibrio perdido.
Para esta reposición, el dramaturgo Thomas Höft ha elaborado una versión libre en alemán bajo el título Das verwunschene Glück (“La fortuna hechizada”), una recreación del título original italiano, que alude literalmente a “los encantamientos disipados”. La representación tuvo lugar en el fastuoso Planetensaal del palacio, cuyas ornamentadas pinturas añadían ya de por sí un aire sobrecargado al conjunto visual. A ello se sumó el despliegue escénico de marionetas casi a tamaño real, diseñadas por Lilli Hartmann, con un aire alegórico que evoca los retratos vegetales de Arcimboldo. Estas figuras, animadas tanto por los cantantes como por el cuerpo de bailarinas, se integraron en la coreografía de Mareike Franz que alternaba momentos de expresionismo con episodios más gestuales, incluso pueriles, que pretendían ilustrar ideas abstractas mediante movimientos temblorosos, saltarines o abruptos. El resultado fue una estética recargada que quizá habría agradecido una mayor contención formal.

Sin embargo, el mayor logro de la velada residió en la parte musical, viva y colorida, liderada desde el clavecín por Michael Hell al frente del ensemble Ārt House 17. La partitura original, solo conservada parcialmente, y la pérdida total de la música de ballet del estreno obligaron a Hell a reconstruir los intermedios musicales con obras instrumentales de compositores contemporáneos a Draghi. Las piezas seleccionadas —una sinfonía de Biber, una giga de Schmelzer y una chacona de Rittler— ofrecieron momentos de intensa energía rítmica, deslumbrantes fanfarrias y un brillo ceremonial que enriquecieron notablemente la textura musical de la obra.
El reparto vocal ofreció un resultado desigual. Brillaron los dos papeles femeninos principales: Johanna Rosa Falkinger, con una voz luminosa y flexible, encarnó a la Fortuna con frescura y expresividad, mientras que la veterana Sophie Daneman deslumbró en el papel de la Mentira con una interpretación segura y coloratura impecable. También destacó la mezzosoprano Anna Manske, cuya voz oscura y sugestiva dotó a la Envidia —que al final se convierte en la Razón— de gran intensidad. Julian Habermann impuso su presencia como el Afecto, con una voz poderosa y gran vitalidad escénica. En cambio, los experimentados Markus Schäfer (la Avaricia) y Dietrich Henschel (el Buen Consejo) resultaron menos convincentes: sus voces, ya algo gastadas y por momentos veladas o sin brillo, no estuvieron a la altura del resto del elenco.
El público, sin embargo, ovacionó con entusiasmo la recuperación de esta exquisita rareza barroca, agradecido por la oportunidad de redescubrir una obra perdida en el tiempo.
Bernd Hoppe


