GRANADA / Un ‘tocaor’ con más que duende

GRANADA / Un ‘tocaor’ con más que duende

Granada. Peña de la Platería. 31-VII-2020. IV Festival Internacional de la Guitarra. José Fermín Fernández, guitarra.

Como si de una confirmación de alternativa se tratara y pensado en Manolo Sanlúcar, a quien está dedicado este festival, el guitarrista granadino José Fermín Fernández se presentaba después del confinamiento en la Peña de la Platería, que es como decir uno de grandes templos del flamenco que existen en el mundo y la institución más antigua en su clase en España, con setenta años de historia, referente absoluto del mundo del jondo, ese genuino arte andaluz que se caracteriza, a través de la guitarra, el cante y el baile, por su profunda expresión de sentimientos.

Estos han sido la base de la actuación de este guitarrista, ganador en un mismo año, 2019, de dos de los premios más importantes de este género musical como son el Bordón Minero del Concurso de Cante de las Minas de La Unión y el primer galardón del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, lo que apunta su trascendencia artística. Inició su actuación con dos toques genuinos de los principales palos flamencos permitiendo que el sonido de su guitarra inundara ese misterioso silencio del barrio del Albaycín, patrimonio de la humanidad junto a la Alhambra.

En tercer lugar y con una asombrosa facilidad se adentró en un “zapateao” en el que hizo que el oyente pudiera imaginar al bailaor en ese necesario diálogo con el instrumento, prodigando una velocidad endiablada a su tañer y percusión que venía a resaltar la enorme limpieza de las progresiones y regresiones de su toque. Fue admirable el mantenimiento constante del ritmo interno que requiere la música que contiene el cante por serrana, al que accedió después de una búsqueda temática que, alcanzada, hizo explosionar con sin igual distinción e intensidad sus melismáticos tercios. Sin duda, fue uno de los momentos cumbre de la velada. Para terminar la primera parte quiso tocar por sevillanas rompiendo purismos trasnochados y experimentando con novedosos retos armónicos que dejaban clara su capacidad de improvisación apoyada en una muy bien entendida musicalización de su guitarra.

Reanudó su actuación por “granainas” en homenaje a los fandangos propios albaycineros, de donde se dice proviene este cante, cuyo estilo plasmó con un sensitivo dominio de las melodías ligadas que sabía sustentar en patrones armónicos que se iban transformando, alterando y variando, hasta llegar en algunos momentos a modificar el carácter tímbrico de la guitarra, cuyo sonido fluía siempre con singular belleza. Paradójicamente, con el menos ennoblecido palo flamenco, la bulería, por su destino a intrascendentes momentos de fiesta y juerga, quiso terminar su actuación haciendo toda una diversificación de cambios tonales que demostraban el prodigio técnico de su toque y su repente creativo, cualidades que seguramente han de proyectar la carrera de este tocaor a cotas de muy alta singularidad. El entendido público de la elitista peña granadina ratificaba su destilado duende con ese jaleo jondo y sentido aplauso que sólo allí se experimentan.

(Foto: José Albornoz)