GRANADA / Rígida impostación

GRANADA / Rígida impostación

GRANADA.- Patio de los Mármoles (Hospital Real). 02-VII-2019. LXVIII Festival Internacional de Música y Danza de Granada. ROBERTA & FRIENDS ENSEMBLE. Roberta Invernizzi (soprano). Obras de Settimia Caccini, Isabella Leonarda, Élisabeth Jacquet de La Guerre y Barbara Strozzi.

Considerada en la actualidad como una de las más relevantes sopranos especializadas en música barroca, Roberta Invernizzi actuó en el Festival interpretando un programa homenaje a mujeres compositoras de aquel periodo, acompañada por un pequeño ensemble que demostró un exquisito gusto musical, especialmente en algunas piezas puramente instrumentales.

Invernizzi inició su actuación con un lamento de la compositora veneciana del siglo XVII Barbara Strozzi titulado Lagrime mie, pieza significativa de su drama lírico Diporti di Euterpe en cuyos versos se describe la pena y el sentimiento de culpabilidad de un enamorado ante el encierro de su amada por su padre, contrario a tal enamoramiento. El sentido dramático, ayudado por una densa impostación, fue la característica de esta interpretación que se repetía en el pasaje Tradimento! de la misma ópera, enriquecido por un interesante tratamiento melismático.

Siguió después la interpretación de la Sonata a tre nº 5, Op.16 de la religiosa ursulina Isabella Leonardo, nacida en Novara, incorporándose al grupo las violinistas Claudia Combs y Rosella Croce, animadoras melódicas de las siete partes de esta breve página, entre las que destacaban las de mayor velocidad, que favorecían el realce de su rico contrapunto. La cantante volvió al escenario para interpretar dos arias estróficas de la florentina Settimia Caccini, Due luci ridenti y Si i miei tormenti, emitidas con acusado estilo hemiólico, haciendo como si pulsara su fraseo, cualidad canora que dejó patente su gran agilidad vocal pareja a una clara dicción y potente emisión.

Después de una segunda sonata de Isabella Leonarda, en la que volvió a brillar el grupo instrumental  con la rica conjunción de los dos tiorbas, el recital entró en su recta final apareciendo de nuevo Barbara Strozzi con la primera cantata de la ya mencionada Diporti di Euterpe, Op. 7, donde se lució el violonchelista Alberto Guerrero. Antes de las dos últimas obras de la Strozzi, el conjunto instrumental hizo una animada lectura de un pasacalle de la clavecinista francesa Élisabeth Jacquet de La Guerre perteneciente, a modo de interludio, a su tragedia musical Céfalo y Procris, obra con la que esta compositora fue creciendo en fama en la última década del siglo XVII, siendo actualmente su obra más interpretada.

Roberta Invernizzi terminó su recital con una última alusión al “euterpiano” drama lírico de la Strozzi cantando su décimo número, Mi fà rider la speranza, para culminar la actuación con la sentida tercera aria de su Op. 8, Hor che Apollo è à Theti in seno, sobre texto de anónima autoría, dejando una sensación de plenitud vocal y tensión expresiva, cualidades que la soprano milanesa sustenta en una impostación que ya quisieran tener muchas sopranos en Verdi o en algunos papeles de ópera expresionista de autores como Erwin Schulhoff o Viktor Ullman, que requieren una fuerza e intensidad realmente sobrecogedoras. Sin embargo, esta capacidad llevada a tales límites de fijación vocal nos sigue pareciendo menos interesante cuando se aplica a la música barroca, ya que va en detrimento de una emisión menos rígida que refleje con más naturalidad los sentimientos y las emociones al permitir que hablen los sonidos y suenen las palabras, como diría el mítico barítono Dietrich Fischer-Dieskau.