GRANADA / Pishkar y la OCG: brillantez y equilibrio para dos obras clásicas

GRANADA / Pishkar y la OCG: brillantez y equilibrio para dos obras clásicas

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 19-III-2021. Alexis Aguado, violín. Hanna Nisonen, viola. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Hossein Pishkar. Obras de Mozart y Schubert.

El último concierto del invierno de la temporada de la OCG y, posiblemente (ojalá), el último también a una hora tan anómala como las 16:30, consecuencia de las restricciones impuestas por las autoridades, estuvo compuesto por dos obras que se complementan de un modo sugestivo: la Sinfonía concertante para violín y viola K 364 de Mozart, una obra maestra donde el genio parece por momentos mirar más allá de los moldes clásicos aun sin romperlos, y la amable Sinfonía nº 5 D 485 de Schubert, en cuyo caso la mirada del compositor, sensitiva y sin duda con ciertas insinuaciones románticas, no termina de apartarse, por tono y duración, del pasado clasicista.

Desde el principio destacó la dirección, precisa y un punto nerviosa, de Hossein Pishkar: la sinfonía concertante sin batuta, la sinfonía de Schubert con ella. Con quiebros súbitos y secos de cintura y movimientos cortantes de los brazos (en muchas ocasiones con los dedos pulgar e índice formando una o), el resultado fue muy eficaz: una combinación paradójica de subrayados y matices muy expresivos —por ejemplo, ese destacar el pizzicato de los violines del segundo tema— junto a un sensación general de equilibro y serenidad, sobre todo por lo que respecta al peso y contraste de las distintas familias de instrumentos, en especial las cuerdas, verdaderas protagonistas de ambas obras (y que sonaron particularmente inspiradas). En el caso concreto de la sinfonía concertante, esto hizo que la exuberancia melódica de la obra y determinados momentos de densidad orquestal resultaran muy claros y empastados. En cuanto al Schubert, el maestro Pishkar optó en el primer movimiento por un tempo rápido, que resaltaba su posible jovialidad por encima de su calma lírica; ya en el último, exacerbó su tendencia juguetona: pose de acecho y sonrisa anticipatoria antes de comenzar.

Alexis Aguado y Hanna Nisonen, integrantes de la orquesta, decidieron sumarse a sus compañeros de cuerda durante la exposición en la sinfonía concertante para emerger con sus intervenciones solistas desde ahí. Visualmente, provocaron el curioso efecto de parecer dos líderes de sendas facciones enfrentadas que se desafían y se replican; concluyeron la pieza de la misma manera, algo que resaltó el planteamiento de conjunto de la obra y le confirió una sugestión de cierre cíclico. Sin abandonar lo visual, es preciso notar el contraste entre las maneras interpretativas de ambos solistas. Aguado, hiperexpresivo, necesitaba de todo el espacio disponible a su alrededor; Nisonen, tranquila y quieta en el centro del suyo. Ambos, siempre a un gran nivel, alcanzaron momentos de especial belleza e intensidad en la cadencia del primer movimiento, donde, por seguir con la metáfora precedente, entablaron un emocionante diálogo de reconciliación. El violín destacó sobre todo en los momentos de virtuosismo, mientras que la viola lo hizo en ciertos momentos lentos —en especial, algunos de hermosura dolorosa y extraña en el segundo movimiento—, quizá por la propia naturaleza de ambos instrumentos.

Un programa amable, y pleno de belleza, interpretado con madura brillantez, con el que dar la bienvenida a la primavera y (ojalá) inaugurar un tiempo nuevo.