GRANADA / Noches de estío en otoño con Catriona Morison

GRANADA / Noches de estío en otoño con Catriona Morison

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 2-X-2021. Catriona Morison, mezzosoprano. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías. Obras de Takemitsu y Berlioz.

Primer concierto de la OCG de esta temporada con su director artístico al frente y un programa cuando menos sugestivo y curioso, en el que la primera obra poco tendría a priori que ver con el resto: Death and Resurrection de Toru Takemitsu, número de la banda sonora que compuso para la película Lluvia negra (Shohei Imamura, 1989), frente a la Escena de amor de Romeo y Julieta y Les nuits d’été de Berlioz. Aparte del acierto de combinar obras más canónicas y pretéritas con otras de música contemporánea y ampliar así el gusto y las posibilidades del público, hay algo fúnebre en el trasfondo de todo ello, como ya sugiere el título del concierto (La muerte como el perdón de los vivos); desde el punto de vista formal, hay también un vínculo lejano pero claro en torno a un tipo de composición expresiva y programática, y que va desde uno de sus principales impulsores hasta su consecuencia lógica, la música para el cine.

Con la obra de Takemitsu, las cuerdas de la OCG vuelven a demostrar su plena madurez (recordemos La noche Transfigurada de Schoenberg, interpretada en la pasada edición del Festival de Música de Granada), al extraer, bajo la dirección de Lucas Macías —cuya gestualidad lánguida y cimbreante iba acorde con la pieza (con todo el concierto, en realidad)—, todo lo que de doliente y apenas esperanzado tiene una obra intensa y emotiva, plena de cambios de dinámica y efectos sonoros como el sul ponticello, y que podía evocar a veces las composiciones de Bernard Hermann (comparación quizá odiosa pero que estaba ahí), o que incluía una cita, difícilmente fortuita, de la marcha fúnebre de la Quinta sinfonía de Mahler como uno de sus motivos conductores.

Por el contrario, con la Escena de amor de Berlioz, nos encontramos con una música de vocación descriptiva, plagada de pequeños motivos y efectos y un romanticismo más bien galante. Todo esto supo contarlo Macías con su lectura, y con una OCG exuberante debido a la peculiar orquestación, típicamente berliozianafagot y trompas a cuatro, oboes a dos y corno inglés, pero sin trompetas, trombones ni timbales—.

En la segunda parte, la apoteosis y el descubrimiento de Catriona Morison como una espectacular mezzosoprano: anoten su nombre para recordar que, antes de ponerse de moda, cantó en este concierto. Muy bien servida por la orquesta, dio con la clave interpretativa de unas canciones más rapsódicas que líricas, cuya música está al servicio del texto y de la idea, y no del solista, que no tiene momentos de lucimiento fácil: Morison no solo supo cantarlas con una belleza plena de matices y una voz controlada y poderosa en sus registros y dinámicas cambiantes, que sabía medirse con una masa orquestal considerable, sino también declamarlas, llevar a cabo algunos diálogos verdaderamente hermosos con el clarinete, la trompa o las cuerdas en trémolo, sumergirse y emerger de sus armonías, a veces ominosas, que, junto a las letras de Gautier, adelantan ya el Simbolismo y aun el Decadentismo, y que quedan autoexplicadas en los versos de una de ellas (Au cimetière, traducción de Luis Gago): “…una melodía enfermizamente suave, / a un tiempo atractiva y fatal, /que te duele, / y que nunca querrías dejar de oír”.

En suma, con una Orquesta Ciudad de Granada que demuestra su ductilidad a manos de un director artístico cada vez más cómodo con ella y solistas de semejante nivel y proyección, el ciclo sinfónico de esta temporada no ha podido comenzar con mejor pie a pesar de lo fúnebre de su propuesta y nos hace augurar futuras alegrías.

(Foto: Comunicación OCG)