GRANADA / ‘La vida breve’ antes de ‘La vida breve’

Granada. Festival Internacional de Música y Danza. Palacio de Carlos V. 10 julio 2026. Obras de Mascagni, Wagner y Falla. Solistas, Coro y Orquesta Ciudad de Granada. Director: Lucas Macías.
En 1905, antes de su viaje a París, Manuel de Falla ganó el concurso para óperas en un acto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con La vida breve, sobre un libreto de Carlos Fernández Shaw. Pero el Teatro Real se negó a estrenarla y Falla marchó a París con un manuscrito que modificaría sustancialmente antes de los triunfales estrenos -traducida al francés- de Niza y Paris en 1913 y -de nuevo en español- en el teatro de la Zarzuela en 1914. Es ésta es la versión que siempre se ha hecho, mientras que la primera permanecía inédita hasta su recuperación este verano por parte del festival granadino. Inédita y perdida en su versión orquestal, pues se conservaban solo partituras de canto y piano y otros fragmentos; pero la aparición en una colección privada del manuscrito orquestal (no sabemos cómo llegó allí) ha permitido digitalizar la pieza y extraer materiales con un cuidado trabajo del Archivo Falla y el esfuerzo de Álvaro Flores Coleto.

Hay notables diferencias entre la primera versión y la definitiva de ocho años después, algunas útiles y otras evidentes, ya que la orquestación es muy distinta. Falla, que en realidad compuso una obra verista tal como se llevaba en el momento y también sintió el reflejo wagneriano a través de Pedrell, la ofreció primero mucho más integrada dramáticamente y más eficaz en la esencia. En la versión definitiva refinó mucho esos dos aspectos, revisando en profundidad la orquestación, que adquirió un color más variado con claras influencias impresionistas. Incluso el uso de lo popular es más directo en la primera versión e incide en elementos como la escena de la fragua -mucho más presente dramáticamente- las danzas -la segunda de las cuales se estira a la francesa en la versión conocida- el intermedio o la presencia del flamenco. Algo más corta, pero más compacta, la primera versión es más dramática, especialmente en el wagneriano final. Nada es radicalmente diferente, pero todo adquiere un aire más magistral. La obra del premio era una excelente ópera de un nuevo compositor; la final, la primera obra maestra de un compositor fundamental para la música española.
La recuperación revestía un gran interés, que no defraudó gracias a la competencia con la que fue llevada a cabo por el Coro y Orquesta Ciudad de Granada bajo la dirección irreprochable de Lucas Macías. Entre los solistas destacaron la Salud de Silvia Tro, además de Belén Elvira, Joan Martín-Royo y Alvaro Gallegos como excelente voz de la fragua, con el cantaor El Turry y el guitarrista Luis Mariano.

La experiencia, muy interesante por sí misma, no pretende sustituir la versión definitiva, pero es conveniente conocer ambas y habría que plantearse la grabación en disco de la primera versión. Incluso que se represente y hasta que, si hay un teatro con visión suficiente, se monten ambas en una misma sesión. Ya el poner en pie esta primera y desconocida versión ha supuesto un gran reto para el festival y para su director Paolo Pinamonti. Queda demostrado que era necesario hacerlo y que con ello se recupera una parte importante de nuestro patrimonio sonoro.
La primera parte del programa, muy inteligentemente concebido, nos ofrecía precisamente las fuentes estéticas y técnicas de la obra de Falla. Por una parte, el verismo de Mascagni con el célebre intermedio de Cavalleria rusticana, y por la otra el fundamental hallazgo de Wagner con el Preludio y muerte de Isolda, que se daba también en la primera versión de 1859. Macías y la Orquesta Ciudad de Granada ofrecieron lecturas muy bien estructuradas y de profunda musicalidad. Hay que constatar el buen momento de la orquesta y el talento que sin duda tiene su titular.
En resumidas cuentas, un concierto que iba mucho más allá de la curiosidad musicológica, puesto que a la postre era una profundización en el conocimiento de la música española y en su autor más importante del siglo XX. Y un éxito sin tacha de un concierto escuchado con atención, que fue precedido por un emocionante minuto de silencio por las víctimas del terrible incendio almeriense.
Tomás Marco


