GRANADA / La elegante expresividad de Rafael Aguirre

GRANADA / La elegante expresividad de Rafael Aguirre

Granada. Museo Arqueológico. 3-VIII-2020. IV Festival Internacional de la Guitarra de Granada. Rafael Aguirre, guitarra. Obras de Albéniz, Barrios, Mendelssohn, Rodrigo, Sanlúcar y Tárrega.

La octava jornada del Festival Internacional de la Guitarra de Granada estuvo protagonizada por el guitarrista malagueño Rafael Aguirre, quien interpretó un programa de escogida autoría. Las proporciones áureas del patio renacentista del Museo Arqueológico granadino propiciaron la bondad de una escucha precisa a la vez que íntima, hecho que favoreció el recogido sonido de la guitarra que, desde los primeros diseños de su padre, relevante lutier, fue producto de los ideales sonoros que Aguirre buscaba como personal proyección de su sentir musical. Esta particularidad se pudo percibir ya desde los primeros punteados de la Leyenda de Albéniz que abría su actuación. Con Sevilla, del mismo autor, apareció ese garbo del popular palo hispalense que quiso imprimir a esta obra, dando más expansión a su toque sin que se perdiera ese sonar hacia dentro que caracteriza la voz de los instrumentos del constructor almeriense Antonio de Torres al que se asemeja el timbre de su guitarra.

En tales manifestaciones de expresividad y después de un fino y concordante retoque de afinación de las dos primeras cuerdas, se adentró en la exquisita versión que Francisco Tárrega hizo de la Romanza sin palabras op .19  nº 6 de Felix Mendelssohn, también conocida como Barcarola veneciana, imprimiendo un cadencioso ritmo de remo gondolero acentuado por un manifiesto sentido evocativo que realzaba el gusto musical que posee este intérprete, cualidad que, desde las diferencias estilísticas de cada pieza, no hizo sino crecer a lo largo de la actuación.

Después de una delicada recreación de la obra Invocación y danza que Joaquín Rodrigo compuso para Falla, siguió el recital con el precioso Capricho árabe de Tárrega que Aguirre transmitió con sugestivo exotismo. Su aire añorante fue muy contrastado por los trémolos de Sueño en la floresta del paraguayo Agustín Barrios que tañó seguidamente con precisa y cadenciosa regularidad. Un destello del arte de Esteban de Sanlúcar con sus Panaderos flamencos, una de las piezas referenciales de Paco de Lucía, Aguirre la transmitió con más serenidad que la del mítico guitarrista algecireño, cuidando siempre su precioso aire goyesco.

Como colofón del recital, Aguirre hizo una interpretación muy interesante de la Gran jota de concierto de Tárrega, en la que quiso resaltar el tratamiento musical que el autor dio a las diferentes variables de su inspiración folclórica más que hacer una exhibición técnica de complicada transmisión artística. Fluía aún por mi memoria la deslumbrante versión del maestro Pepe Romero en el concierto inaugural del festival. Ante el unánime aplauso, Aguirre quiso ofrecer al público como regalo una adaptación de la famosa canción Granada del mejicano Agustín Lara, que interpretó con gran sentimiento y elegante expresividad.

(Foto: José Albornoz)