GRANADA / Gordan Nikolic: virtuosismo barroco en la inauguración de la temporada de la OCG

GRANADA / Gordan Nikolic: virtuosismo barroco en la inauguración de la temporada de la OCG

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 17-IX-2021. Orquesta Ciudad de Granada. Violín solista y director: Gordan Nikolic. Obras de Tartini, Bach, Haendel y Vivaldi.

Comienza la temporada de la OCG con el primero de sus ciclos de abono —el ‘espacio barroco’—, y el concierto titulado En busca del arte de los afectos. La velada parecía planteada para mayor gloria de su director y violín solista, Gordan Nikolic —entre otras cosas, concertino de la Sinfónica de Londres—: se interpretaba el Concierto para violín en La menor D. 115 de Tartini y Las cuatro estaciones op. 8 de Vivaldi, que se complementaban con el Concierto de Brandenburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048 y el Concerto grosso n.º 11 en La mayor op. 6 HWV 329 de Haendel, en los que, si bien no hay un violín solista propiamente dicho, este toma en ocasiones la voz cantante y el liderazgo del discurso musical.

En este sentido, ciertamente Nikolic brilló desde el primer ataque con un Tartini virtuoso, matizado, casi todo él en un diálogo a tres genuino y fructífero con la concertino, Atsuko Neriishi y el primer violín segundo, Alexis Aguado —que se repetiría luego en otras obras—. En los conciertos de Bach y de Haendel, Nikolic asumió la posición de primus inter pares, sentado con la orquesta. En el de Bach, con la formación reducida el mínimo, diez instrumentistas, Nikolic supo mostrar, incluso visualmente, el juego de ronda y repetición de los temas, donde cada instrumento tiene en un momento dado su pequeño papel que interpretar (y, en este sentido, llegado el momento, unos lo hicieron con más gracia que otros); quizá se echó en falta aquí un poco más de mordiente, por ejemplo, en las propias intervenciones solistas de Nikolic en el tercer movimiento. En el concerto de Haendel —la cuerda de nuevo en todo su volumen—, el juego era con planos sonoros, por familias; la interpretación supo destacar su aire dramático, staccato y maestoso.

Por último, en las celebérrimas Cuatro estaciones —inevitable expectativa del público—, Nikolic echó el resto de virtuosismo, excelentemente bien respaldado por la OCG para ofrecer (como por otra parte en las demás las obras), una interpretación genuinamente barroca por tempi, color y matices, pero también exenta de la agresividad que ya comienza a ser casi un cliché en este paradigma interpretativo (y en Vivaldi en particular). No obstante, Nikolic no renunció, desde su dominio casi intimidante de la partitura, a una lectura personal (algo que ya casi parece obligado con esta obra en concreto), al adorno gracioso y oportuno, y a los matices sorprendentes—un pedal muy marcado, un rubato súbito, una apoyatura, un eco— siempre cómplice con el conjunto; esto consiguió el objetivo de desautomatizar una obra que corremos el riesgo dar por consabida y ayudarnos de ese modo a recordar que su fama —e incluso de su sobreexposición espuria— radica justamente en un no sé qué de inspiración y belleza excepcionales.

Ante el entusiasmo del público, Nikolic interpretó, delicado y ligero, la Allemande de la Partita nº 2 en Re Menor BWV 1004 de Bach, para acabar así de confirmar su maestría como solista.

(Foto: Rafa Simón)