GRANADA / El canto de los ángeles

GRANADA / El canto de los ángeles

GRANADA.- Monasterio de San Jerónimo. 22-VI-2019. Sollazzo Ensemble: Perrine Devillers (soprano), Andrew Hallock (contratenor), Vivien Simon (tenor), Sophia Danilevskaia, Franzisca Fleischanderl (salterio) y Jukas Henning (láud). Directora: Anna Danilevskaia (fídula). Obras: Música sacra en el Ars Nova.

De verdadero acontecimiento puede considerarse el concierto que ofreció el Sollazzo Ensemble, inaugurando los conciertos matinales del Festival de Granada que se celebran en la hermosa iglesia del Monasterio de San Jerónimo, panteón de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, capitán general de los tercios de Castilla y Aragón en tiempos de los Reyes Católicos. La envidiable acústica del templo para desarrollar el canto polifónico surgido con el Ars Nova en el trecento y quattrocento italiano ha llevado al oyente a disfrutar de un grado de ambientación verdaderamente ideal para escuchar estas músicas. La sorpresa admirable que supuso la aparición de Sollazzo Ensemble, fundado en Basilea el año 2014 por la instrumentista de cuerda de San Petersburgo, Anna Danilevskaia, se sigue manteniendo después de un lustro como ha podido quedar patente en esta cita granatensis.

El concierto se iniciaba con una imaginaria misa con diverso origen en cada una de las partes de su Ordinario como consecuencia de esa práctica contrafactum por la que se aplicaba música profana a textos litúrgicos. El Kyrie se basaba en una adaptación anónima sobre la pieza Questa fanciulla amor del florentino Francesco Landini, uno de los más importantes músicos italianos del siglo XIV. Era también el caso del Gloria, sobre unos sones de Matteo da Perugia y el Sanctus, sacado de una partitura anónima del extenso compendio de música itálica de esta época medieval que contiene el Manuscrito de Londres. También de Landini era el Agnus Dei, en el que el contratenor norteamericano Andrew Hallock se lució de manera brillante, dando por finalizada esta parte inicial del concierto que se desarrolló sin solución de continuidad.

Después de unas piezas que sirvieron de enlace, se produjeron dos de los momentos más sustanciales; la obra instrumental Estampie del Codex Robertsbridge, danza con la que los músicos expresaron su virtuosismo individual y su perfecta conjunción y, dando continuidad, la asombrosa interpretación de la soprano francesa Perrine Devillers de El canto de la Sibilla, cuyo texto expresó con sugestiva emisión vocal en su intención de ir más allá de la atención mental del oyente de manera  prodigioso, convirtiendo su interpretación en el centro de gravedad y razón de ser de la actuación de este grupo.

Después de un pasaje laudatorio perteneciente al Ludario di Cortona, el concierto entró en su recta final con tres ejemplos diferentes del Benedicamus domino  con la intención de cerrar el orden litúrgico eucarístico que tuvo el programa; el primero cantando por el tenor y el contratenor, solo coral el segundo y un tercero, perteneciente al Manuscrito de Messina, en el que los cantantes prodigaron el efecto eco con singular belleza, todos ellos antes del Deo gratias final sacado de un pieza anónima del Manuscrito de Parma con el que volvieron a brillar los instrumentistas contrastando virtuosamente en su primigenio contrapunto.

El entusiasmo del público llevó a que el grupo interpretara la preciosa, por su rítmica factura, ballatae minimae de Niccolò da Perugia titulada Il megli’ è pur tacere en la que volvía a sorprender el desparpajo canoro del tenor francés Vivien Simon, todo un prodigio ritmando su entrecortada voz. Así se ponía fin a un concierto que ha significado todo un ejemplo de dominio del Ars Nova desarrollado con una angelical delicadeza, que le ha de llevar a ser recordado como una de las citas más significativas de esta edición del Festival por la sublime musicalidad lograda.