GRANADA / El Barroco alquímico de Lina Tur Bonet

GRANADA / El Barroco alquímico de Lina Tur Bonet

Granada. Auditorio Manuel de Falla. 24-IX-2021. Orquesta Ciudad de Granada. Violín solista y directora: Lina Tur Bonet. Obras de Corelli y Bach.

Segundo y último de los conciertos del ciclo Espacio barroco de la OCG, esta vez con Lina Tur Bonet como violín solista y directora, en un programa dedicado de forma casi íntegra a Bach (el Concierto de Brandemburgo nº 1 en Fa mayor BWV 1046, el Concierto para violín nº 2 en Mi mayor BWV 1042 y la Suite orquestal nº 2 en La menor BWV 1067) salvo por el Concerto grosso nº 3 en Do menor op. 6 de Corelli. Resulta significativo el título del programa: “En busca del concierto original”. Es quizá un magnífico resumen del empeño interpretativo del paradigma historicista —con lo que tiene de inevitable proyección del propio tiempo—, y del grial de la ‘autenticidad’, y que en el presente concierto llevó a la directora a interpretar la conocida Suite nº 2 de Bach en una tonalidad diferente a la habitual (de Si menor a La menor) y a sustituir a la flauta solista por el violín: como ella misma explicó al público, “posiblemente, una versión más acorde con la obra original” (y en ese “posiblemente” se cifró el antidogmatismo que, por otra parte, caracteriza las exhaustivas investigaciones musicológicas de Tur Bonet).

Durante todo el concierto, a excepción de los violonchelos —por razones obvias—, todos los instrumentistas tocaron de pie. La interpretación del Concierto de Brandemburgo fue correcta, mejor en los momentos de diálogo entre instrumentos solistas que en los tutti orquestales (magnífico Trio 1, con los oboes y el fagot), con una destacada intervención del oboe solista, Eduardo Martínez, en el segundo movimiento. De Corelli en adelante, solo con las cuerdas, la interpretación ganó en precisión, empaste y ligereza, y Tur Bonet comenzó a dar lo mejor de sí misma como solista —aun tratándose, en el caso de Corelli, de un concerto grosso—. En el Concierto para violín de Bach, alcanzó una primera cumbre como virtuosa, un virtuosismo más fundamentado en la precisión y la belleza que en el alarde. Resultó curioso, incluso paradójico, que, quizá por la naturaleza del violín barroco (hasta dos diferentes utilizó a lo largo de la velada) y su sonoridad particular, en contraste con el resto de los violines de la orquesta, el suyo no sonaba tanto como solista, sino más bien como un violín primero, integrado desde su color particular, pero sin perder empaste, en el conjunto de las cuerdas; o puede que se tratara de una interesante elección interpretativa. El momento central del segundo movimiento resultó especialmente bello e inspirado, con un delicado pianissimo del conjunto sobre el que cantó el violín.

En progresión, lo mejor de la noche fue la interpretación de la Suite nº 2 de Bach: desautomatizada, de forma inevitable con un color más monocorde al faltar la flauta, pero también más ligera, en su transcurso se fueron sucediendo con precisión y elegancia la belleza y la inspiración continuas de las diferentes danzas, y el violín solista de Tur Bonet alcanzó alturas incluso superiores a las del Concierto para violín, y se erigió como verdadero protagonista del discurso musical, muy bien arropado por una OCG genuinamente barroca desde sus instrumentos de cuerda contemporáneos. La famosa Badinerie que cierra la suite (miradas de reconocimiento dudoso entre el público menos informado —¡faltaba la flauta!—) sonó ciertamente interesante, más limpia, como librada de adornos innecesarios en su línea melódica principal, atenida a sus notas justas desde el timbre mordiente del violín barroco de Lina Tur Bonet. Gran ovación y repetición, tras algunas explicaciones de la solista y directora (muy oportunas en estos casos, y el público las agradece), de esta misma danza a modo de bis para cerrar el concierto.

(Foto: Rafa Simón)