GRANADA / Alegría contra los nubarrones

GRANADA / Alegría contra los nubarrones

Granada. Palacio de Carlos V. 9-VII-2020. LXIX Festival Internacional de Música y Danza. Beethoven. Sinfonía nº 9 en Re menor op. 125. Raquel Lojendio (soprano), Cristina Faus (mezzosoprano), Gustavo Peña (tenor) y David Menéndez (bajo). Coro participativo. Coro y Orquesta Ciudad de Granada. Director: Miguel Ángel Gómez Martínez.

A pesar de los malos augurios que hace tan sólo un par de meses amenazaban la celebración del festival granadino  y con la Espada de Damocles de los rebrotes que en estos días pende sobre la ciudad, la edición número 69 del festival arrancó finalmente. Y lo hizo con una obra que pretende ser un conjuro contra las noticias inquietantes, con esa Oda a la Alegría con la que Beethoven cierra su última sinfonía.

El concierto estuvo precedido por el acto de entrega de la medalla del festival a los colectivos de médicos y enfermeros granadinos en reconocimiento de su ingente labor durante estos meses de lucha contra la pandemia.

Con una orquesta expandida sobre el escenario, con pantallas delante de los instrumentos de viento y con coros distribuidos en las galerías inferiores y superiores del  Palacio de Carlos V, Gómez Martínez brindó una interpretación de la que sólo quedarán para el recuerdo fugaces momentos sumidos en una visión anodina y carente de personalidad. Nada más iniciarse el primer compás se pudo apreciar el escaso interés que el director granadino iba a prestar a dar relieve a las tensiones interiores. Esos trémolos inquietantes de los violines segundos que funcionan como un latido interior apenas si fueron audibles, mientras que las frases se alargaban y ralentizaban en demasía. Los ataques estaban escasamente marcados y alargados, eliminando el sentido agónico del Allegro ma non troppo, un poco maestoso. Beethoven plantea en este movimiento una serie de gradaciones dinámicas con un claro sentido dramático que en manos de Gómez Martínez perdieron toda su carga expresiva debido a la ausencia de acentuación. El crescendo final perdió así su fuerza volcánica.

Por la misma senda deambuló la errática batuta en el Scherzo: molto vivace-Presto, caracterizado aquí por una versión metronómica y monótona y sin variedad alguna en las repeticiones. Mejoró claramente la velada en el Adagio molto e cantabile. Aquí sí se pudo disfrutar de una visión clara y transparente que daba su relieve a las secciones instrumentales, especialmente a unas espléndidas maderas, mientras que la línea cantable de Gómez Martínez paladeó con fruición el lirismo de los dos temas principales. Y el último movimiento resultó como un resumen de todo lo anterior, con momentos sin interés y otros más cuidados. El agitado recitativo orquestal inicial a cargo de chelos y contrabajos sonó confuso, como también lo fueron algunos pasajes corales, aunque este caso haya que achacarlo a la distribución espacial de las masas corales. Salvo algún momento de sonidos tensos en las sopranos, los coros sonaron con calidad y precisión. Del cuarteto solista cabe señalar la contundencia autoritaria de Menéndez en su primera aparición y la sedosidad del sonido de Faus. Tanto Peña como Lojendio acusaron la inmisericorde escritura que Beethoven les endosa y, en consecuencia, sonaron tensos y con claras tiranteces.

(Fotos: Fermín Rodríguez)