GOTINGA / ‘Deidamia’ de Haendel: vacaciones en Grecia

Göttingen. 15. 5. 2026. Internationale Haendel-Festspiele. Sophie Junker, Bruno de Sá, Nicolò Balducci, Sarah Gilford, Rory Musgrave, Petros Magoulas. Dirección orquestal y escénica: George Petrou. Haendel: Deidamia.
La «Tentación» ha sido el tema elegido este año por el Festival Internacional Haendel de Gotinga, que se inauguró el 14 de mayo con un concierto de gala a cargo de la Orquesta del Festival de Gotinga para celebrar su vigésimo aniversario en el Stadthalle. El director de orquesta George Petrou, que es también director artístico del festival, volvió al podio la noche siguiente para dirigir musical y escénicamente la nueva producción del festival de este año (en coproducción con el Festival de Wexford). La última ópera de Haendel, Deidamia, estrenada en Londres en 1740, gira en torno a uno de los mitos de la Guerra de Troya. Se había profetizado que el héroe Aquiles moriría si iba a la guerra de Troya junto a los griegos, por lo que se escondió en la isla de Skyros, gobernada por el rey Licomedes, vestido de mujer bajo el nombre de Pirra. Allí se enamora de la hija del rey, Deidamia. Como a los griegos se les había profetizado que la Guerra de Troya no se podía ganar sin el concurso Aquiles, Ulises y Fénix desembarcan en la isla para buscar al héroe. Durante una cacería, descubren que Pirra es en realidad Aquiles, quien finalmente acude a la guerra, no sin antes casarse con Deidamia.

El montaje de Petrou enmarca la trama principal de la obra, ubicada en la antiguedad griega, en un presente en el cual ocho miembros del Coro de Cámara de la Universidad de Gotinga interpretan a turistas y residentes de la isla, y la acción se desarrolla en la playa, en una feria y en el Museo Arqueológico. Esto da lugar a una gran cantidad de elementos escenográficos que a menudo distraen de las interpretaciones puramente musicales de los cantantes. Resultaba especialmente molesto que las acciones de estos figurantes se situasen a menudo en primer plano, mientras que los cantantes tenían que interpretar sus difíciles arias en segundo plano. Aún así, la escenógrafa Giorgina Germanou consigue entrelazar con habilidad ambos planos, la antigüedad y la actualidad. Esto se puso de manifiesto sobre todo en el vestuario. Los personajes históricos lucen bellas túnicas griegas y atractivas armaduras, mientras que los personajes contemporáneos visten ropa moderna de diario, incluyendo trajes de baño, atuendos de vacaciones y gorras de béisbol. El telón de fondo del escenario, con el cielo y el mar, evoca un ambiente mediterráneo; en varias ocasiones se proyectan sobre él postales con felicitaciones veraniegas. Varios elementos escenográficos, como un barco varado o los restos de columnas antiguas, crean escenarios que se adaptan bien a la trama. Lo mismo sucede con las proyecciones de vídeo —como los pájaros revoloteando que acompañan el aria del ruiseñor de Deidamia al final del primer acto, o un cartel que anuncia una película sobre las andanzas de Ulises en el cine— son detalles muy acertados. Menos convincente resulta la puesta en escena del lieto fine, en donde el júbilo general resuena musicalmente, pero Petrou recrea una confusión emocional total entre los personajes, hace aparecer a soldados con uniformes de camuflaje y proyecta imágenes de guerra y destrucción sobre un telón de gasa.

Desde el punto de vista estrictamente musical, la producción fue brillante. La enérgica lectura de Petrou se hizo patente ya desde la obertura, dirigida con brío y tensión, y estuvo salpicada de momentos cargados de emoción. El elenco, encabezado por Sophie Junker en el papel titular, resultó sensacional. La soprano belga, con su voz brillante y clara y su aura noble, impresionó con un registro medio rico y unas notas agudas emitidas sin el mínimo esfuerzo. Su aria «Nasconde l’usignol», en la que imitó el canto de los pájaros con un increíble virtuosismo, se erigió en uno de los momentos vocales más destacados de la velada. En acusado contraste estuvo «Se il timore», marcada por la sospecha sobre la fidelidad de Aquiles, y la arrebatada «Va’, perfido!» al final del segundo acto, con una frenética sección central. No menos impresionante resultó Sarah Gilford como Nerea, la confidente de Deidamia, que interpretó el personaje con vivacidad y energía. La soprano británica deleitó al público con la coquetería desplegada en «Si, che desio quel che tu brami» y la exuberancia en «D’amor nei primi istanti». La aparición del sopranista Bruno de Sá siempre causa revuelo: por un lado, por sus interpretaciones siempre exaltadas, a veces incluso histéricas, y por otro, por su extraordinaria voz. En el papel de Aquiles, volvió a sorprender con sus prodigiosos agudos y por la fluidez y naturalidad de su coloratura. Especialmente en el aria de carácter heroico «Ai greci questa spada», supo combinar estas dos cualidades en una interpretación espectacular. Un contraste perfecto para su personaje fue el contratenor Nicolò Balducci como Ulises, con una voz viril, nunca afeminada. En la solemne aria «Perdere il bene amato», brindó tonos cálidos y sensuales, que contrastaron de forma poderosa con la arrebatada sección central «Furore disperato». En «Un guardo solo», sin embargo, su voz sonó tierna y reconfortante, coronándola con una ingeniosa cadencia ingeniosa. Por último, el barítono Rory Musgrave como Fénix y el bajo Petros Magoulas como Licomede se ocuparon del registro grave con maestría, mostrando el primero la calidad de su voz en «Degno più di tua beltà», con potentes notas altas, mientras que el segundo, en una escena submarina bastante surrealista durante «Nel riposo», canalizó su retumbante voz con autoridad y filosófica sabiduría.
Bernd Hoppe


