GINEBRA / ‘La Tempestad’ de Frank Martin abre con fuerza la temporada del Grand Théâtre

Ginebra. Grand Théâtre – Bâtiment des Forces Motrices. 16-IX-2026. Stéphane Degout, Catherine Trottmann, Julien Dran, Nicolas Cavallier, Edwin Crossley-Mercer, Léo Vermot-Desroches, Christian Immler, etc. Coro del Grand Théâtre de Genève. Orchestre de la Suisse Romande. Dirección musical: Thierry Fischer. Dirección de escena, escenografía y vestuario: Netia Jones. Iluminación: Malcolm Rippeth. Vídeo: Lightmap. Frank Martin: La tempestad.
Frank Martin (1890-1974) es conocido sobre todo por su oratorio profano Le Vin herbé (1938-1941), en el que se muestra particularmente inventivo y dotado de una gran fuerza expresiva. Otra partitura fundamental de este compositor, hijo de pastor protestante que reivindicaba abiertamente su fe cristiana, es el notable oratorio sacro Golgotha (1945-1946), junto a una Misa para doble coro a cappella, una Cantata sobre la Natividad, salmos, In Terra Pax… El Grand Théâtre de Genève, instalado a causa de unas obras en el Bâtiment des Forces Motrices, en medio del Ródano, ha recuperado una partitura menos conocida: una nueva producción de la única ópera de Frank Martin, la infrecuente La tempestad (Der Sturm), en su versión francesa, basada en la obra maestra homónima de William Shakespeare.
Nacido en Ginebra el 15 de septiembre de 1890, Frank Martin, alumno del Conservatorio de Ginebra después de haber compuesto ya a los nueve años varias canciones, se orientó definitivamente hacia la música en 1910, tras dos años de estudios de ciencias y matemáticas en la Universidad de Ginebra. En 1915 conoció a Ernest Ansermet, que tres años después dirigiría el estreno de su primera obra de importancia, Les Dithyrambes, para coro y orquesta. Tras residir en París, Roma y Zúrich, ingresó como alumno en el Instituto Jacques-Dalcroze de Ginebra, donde entre 1928 y 1939 enseñó improvisación y ritmo.
En 1926 terminó su Misa para doble coro a cappella y participó en la fundación de la Société de Musique de Chambre de Genève, de la que fue pianista y clavecinista hasta 1938, año en que recibió el encargo y compuso Le Vin herbé, obra descrita como «dodecafónica tonal o armónica», principio que aplicó después de descubrir en 1932 los procedimientos de escritura de Arnold Schoenberg. La obra fue estrenada en 1942, año en que compuso también Die Weise von Liebe und Tod des Cornets Christoph Rilke, para contralto y pequeña orquesta, y asumió la presidencia de la Asociación Suiza de Músicos.
En 1946 se instaló en los Países Bajos, cerca de Ámsterdam, en Naarden, donde concluyó Golgotha en 1948 y donde moriría el 21 de noviembre de 1974. Entre 1950 y 1957 enseñó composición en la Staatliche Hochschule für Musik de Colonia, antes de consagrarse exclusivamente a la creación. Entre sus obras de esos años figuran el Concierto para violín (1951), el Concierto para violonchelo (1965), el Concierto para piano nº 2 (1967), su ópera Der Sturm (1952-1955), Polyptyque para violín y dos pequeñas orquestas de cuerda (1973), el Requiem (1971-1972) y la cantata Et la vie l’emporta, para contralto, barítono, coro de cámara y conjunto (1974), su última partitura, terminada diez días antes de su muerte.
Compuesta durante la primera mitad de la década de 1950, Der Sturm es la única ópera de Frank Martin. Se inspira en La tempestad, comedia en cinco actos de William Shakespeare, concebida hacia 1610-1611 y publicada en Londres en 1623. La acción se desarrolla en una isla desierta a la que ha llegado Próspero, duque de Milán, exiliado junto a su hija por su hermano. Gracias a la magia que le proporcionan sus libros, domina los elementos naturales y a los espíritus, especialmente Ariel, espíritu positivo del aire y del aliento vital, y Calibán, ser negativo que simboliza la tierra, la violencia y la muerte.
Frank Martin adaptó personalmente y con gran fidelidad el texto, reducido a tres actos, no a partir del original inglés sino de la traducción alemana de August Wilhelm Schlegel. La ópera se estrenó el 17 de junio de 1956 en la Ópera Estatal de Viena, recién reconstruida tras su destrucción por los bombardeos aliados en 1945 —fue la primera creación contemporánea presentada en la sala renovada—, bajo la dirección de Ernest Ansermet, que había sustituido a Karl Böhm, dimitido de sus cargos de director artístico y musical tras sus desacuerdos con el administrador de la Staatsoper.
Posteriormente, Martin hizo traducir la obra al francés por su hermana Pauline con vistas a la primera producción suiza, ofrecida el 13 de abril de 1967 en el Grand Théâtre de Ginebra, con nombres como Ramon Vinay, José Van Dam, André Vessières, Eric Tappy y Jules Bastin. En el estreno absoluto, el papel de Próspero, concebido inicialmente para Dietrich Fischer-Dieskau, que tuvo que renunciar por enfermedad, recayó finalmente en otro gran nombre del teatro lírico, Eberhard Waechter, acompañado por la Miranda de una joven Christa Ludwig y el Ferdinand de Anton Dermota, mientras que las intervenciones de Ariel se confiaron a un coro lejano situado entre bastidores y el personaje era encarnado en escena por un bailarín.
Característica de su autor, la partitura posee una singular riqueza musical y una originalidad y expresividad sorprendentes, al tiempo que rinde homenaje a compositores como Kurt Weill, Francis Poulenc, Darius Milhaud y Alban Berg, así como al jazz. La obra requiere dos orquestas: una formación sinfónica en el foso y un conjunto situado entre bastidores que incluye un clave. Sin embargo, contiene demasiadas escenas dialogadas.
La producción ofrecida por el Grand Théâtre de Genève para el regreso de La tempestad de Frank Martin a los escenarios resulta irreprochable tanto en el plano escénico como en el vocal e instrumental. La dirección de escena y la escenografía de Netia Jones, que sitúa la acción en un espacio esférico, a medio camino entre un laboratorio y una estación meteorológica, acentúan naturalmente la dimensión teatral, hasta el punto de prescindir del ballet, con la excepción del personaje de Ariel, interpretado por el actor, cantante y acróbata Joseph Chosson. La partitura, en cambio, se ofrece completa en el apartado orquestal, admirablemente dirigida por el maestro suizo Thierry Fischer, ferviente defensor de la música de Frank Martin, al frente de una espléndida Orchestre de la Suisse Romande, de sonido redondo y claro.
Al frente del reparto se encuentra el siempre impresionante y magistral barítono francés Stéphane Degout como Próspero, a quien corresponde la parte más suntuosa de la partitura. A su lado, la conmovedora Miranda —único personaje femenino de la ópera— de la soprano francesa Catherine Trottmann, de voz flexible y timbre aterciopelado; el Ferdinand, de dicción ejemplar, del tenor bordelés Julien Dran; y el Alonso del barítono-bajo Nicolas Cavallier, que destacó la pasada primavera en la Ópera de París en Satyagraha de Philip Glass.
El resto del reparto se mantiene al mismo nivel, con el bajo franco-irlandés Edwin Crossley-Mercer, el Antonio del tenor francés Léo Vermot-Desroches, el Gonzalo del barítono germano-suizo Christian Immler y otros cinco papeles solistas, sin olvidar al esforzado Coro del Grand Théâtre. Cabe señalar que las divagaciones habladas de los tres borrachos —el monstruoso y vil Calibán (el bajo estadounidense Alex Rosen), el bufón Trínculo (el tenor francés François Rougier) y el copero Stefano (el barítono francés Christophe Gay)— están excesivamente desarrolladas y sus intervenciones terminan por alargarse, pese al brío de sus intérpretes.
Bruno Serrou
(fotos: Carole Parodi)


