GIJÓN / Jorge Luis Prats arrasa en Asturias

GIJÓN / Jorge Luis Prats arrasa en Asturias

Gijón. Teatro Jovellanos. 7-X-2021. Jorge Luis Prats, piano. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Director: Josep Caballé. Obras de Chaikovski y Stravinsky.

Jorge Luis Prats acaba de inaugurar la Temporada de Otoño de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias con una extraordinaria interpretación del Concierto para piano nº 1 de Chaikovski. El artista es una referencia en el repertorio de autores rusos como Rachmaninov y Chaikovski, habida cuenta además de su formación en el Conservatorio de Moscú. En su actuación en Gijón mostró una increíble variedad de registros que pusieron a prueba al instrumento y a la orquesta.

La asombrosa capacidad virtuosística del cubano, unida a una sorprendente elegancia y a una técnica muy personal, lo encumbran al Olimpo de los pianistas. El segundo movimiento fue interpretado con un lirismo tan profundo como contundente, con un concepto sonoro que hechizó a la audiencia. El tercer movimiento, con sus legendarias y dificilísimas series de octavas finales, resultaron dignas del mayor virtuoso del presente. Prats, al igual que el gran Sokolov, acostumbra a ofrecer fuera de programa un generoso plantel de obras a modo de propina donde da muestras de su versatilidad y comparte con el público la música de sus raíces. Así lo hizo con las exóticas Danzas cubanas de Ignacio Cervantes, la estilizada Mazurka de Ernesto Lecuona —llena de diabólicos glissandi que en sus manos suenan exquisitos y delicados— y un guiño español con la Malagueña del mismo compositor cubano, en una preciosa y nostálgica versión, por no hablar de la sobrecogedora interpretación de Liebestod de Tritán e Isolda de Wagner en una transcripción de Liszt.

La OSPA, sin embargo, comenzó destemplada y a un volumen muy diluido ante la potencia de un pianista abrumador. Esto fue especialmente notable en el primer movimiento donde la bella melodía de Chaikovski apareció desdibujada, sin poder apreciarse el hermoso diálogo escrito entre solista y orquesta. Cierto es que la acústica de la sala, muy seca, no ayuda en este asunto, pero el director debería haber hecho los ajustes pertinentes para intentar minimizar las consecuencias. No obstante, en la segunda de las obras de la velada, La consagración de la primavera de Stravinsky, Josep Caballé supo sacar partido al potencial de la orquesta y, aunque la versión no epató, sí resultó más que solvente, con unos efectos rítmicos muy logrados. La agrupación asturiana continúa un año más sin director titular ni concertino, situación absolutamente inexplicable y que solo conlleva al estancamiento de un conjunto que cuenta en sus atriles con unos músicos de calidad contrastada.

(Foto: Carolina Santos)