Gabriella Tucci, versátil y musical

Gabriella Tucci, versátil y musical

Otra de las grandes voces líricas del pasado que nos deja. Nos deja realmente su dueña, ya que el instrumento nos había abandonado hace decenios. No sabemos gran cosa de sus actividades tras la retirada. Pero sí de sus andanzas a lo largo de una carrera provechosa y variada, con actuaciones, desde muy joven, a los 22 años, en papeles de enjundia y en teatros de alcurnia. Cantó en los más grandes y alternó con los divos del momento. Conviene que le dediquemos este sentido recuerdo y que demos algunas pistas de la categoría de su voz, la de una lírico spinto bien evolucionada y que recorrió, con inteligencia, buena técnica y gusto una notable cantidad de papeles. En lo que aventajó a algunas de sus más importantes  coetáneas.

Fue mérito de la cantante romana el ir adaptándose, a medida que pasaba el tiempo, a las partes que le iba pidiendo su instrumento, muy lírico al principio, pero siempre dotado de un cuerpo muy apreciable y de una penetración singular, hasta el punto de que debutó, en Spoleto, en la piel de Leonora de La forza del destino, al lado nada menos que de un ya en declive Beniamino Gigli. Leonardo Fioni había sido su mentor en la Academia de Santa Cecilia. Un excelente maestro que la puso en órbita para que su inteligencia y sus dotes naturales prosperaran.

Y vaya si lo hicieron porque la pupila se puso, en un pis pas, solo dos años más tarde, en el escenario del Maggio Musicale Fiorentino, al lado de la Medea de Maria Callas cantando Glauce. La Scala vino en 1959 con Mimi de Bohème, un papel pintiparado para su voz de entonces, caracterizada ya por la luz de un vibrato stretto de calidad, por una envidiable extensión, por una igualdad de registros y por una rara capacidad para emitir notas en piano y realizar filados propios de una Gencer, de la misma Callas o de una Caballé aun por venir. Claro que Tucci no poseía la calidad tímbrica de esta ni la densidad de la soprano turca, ni, por supuesto, el talento de doña Maria, pero se apañaba divinamente.

Por  momentos su timbre nos traía el recuerdo del de una Tebaldi, pero sin su opulencia, su  cristalinidad, su encarnadura y su brillo refulgente. El de Tucci era de oscilación más rápida, estaba provisto de menor tersura y no campaneaba tan radiante en la zona aguda y sobreaguda, bien que esta apareciera mejor definida en su voz. Podríamos traer a colación otras voces de soprano de similares características más o menos coetáneas: Antonieta Stella, Ilva Ligabue, Marcella de Osma, aunque esta poseía una mayor amplitud. Pero ninguna de ellas poseía la rara flexibilidad de Tucci para alternar partes decididamente lírico-dramáticas como las Leonoras, Aida, Desdemona, Violetta (todas verdianas), Butterfly, Tosca, Maddalena (Andrea Chénier), Medea o, si se quiee Doña Elvira de Don giovanni, con otras de signo evidentemente lírico como Mimi, Alice Ford, Gilda, Marguerite; o, más raramente, algunas encuadradas en el mundo de las sopranos líricas coloratura, así Elvira de I Puritani.

Encontramos un feliz domino de las agilidades, por ejemplo, en su interpretación del primer acto de Traviata, donde todo está en su sitio, aunque la afinación deje un tanto que desear a veces. Inteligentemente no se iba al Mi bemol 5 no escrito, pero previamente se defendía con fortuna en los Do y Re bemoles. Sorprende gratamente en una grabación realizada en Catania en 1968 junto a Pavarotti de algunos fragmentos de la mencionada ópera de Bellini, en donde arrostra sin pestañear en unión de su insolente compañero las notas astrales. Era muy apreciable su Tosca, en la que la soprano hacía resplandecer su vibrato y un instinto dramático sin exageraciones. Magníficas sus intervenciones, con estupendos filados, en una Escena del Nilo grabada en Tokio en 1961 junto a un rudo Del Monaco. Y, también con él, tres años atrás y en el mismo escenario, una valiosa Desdemona.

Una pena que tengamos que recurrir a la piratería para escuchar a esta cantante. Grabó poquísimo en estudio: Unos Payasos, en 1959 con Del Monaco (Decca) y un Trovador, en 1964, con Corelli (Columbia), donde hace una soberana interpretación del aria Tacea la notte placida. Lástima de los imperfectos trinos de la cabaletta. Rastreamos también un Requiem por Bellini de Donizetti (MRF), una sorprendente versión de una ópera infrecuente del compositor de Bergamo: Il Furioso all’ isola di San Domingo; (Melodrama) y una inencontrable Micaela de Carmen en Tokio de 1959.