FRIBURGO / Britten con sabor renano

FRIBURGO / Britten con sabor renano

Freiburg. Theater Freiburg. 16-XI-2019. Britten, The Turn of the Screw. Solen Mainguené, Joshua Kohl, Judith Braun, Inga Schäfer, Julian Finckh, Alma Unseld. Director musical: Gerhard Markson. Director de escena: Peter Carp.

Opresiva soledad, pérdida de la inocencia, mórbida pulsión sexual, depurado terror gótico… todos los ingredientes que se dan cita en Otra vuelta de tuerca hallaron marco propicio en la cercanía camerística a que obligan las reducidas dimensiones del teatro de ópera friburgués, que presentaba una nueva producción del título de Benjamin Britten, convertido –con doce funciones hasta marzo de 2020– en uno de los principales reclamos de su temporada.

La propuesta de Peter Carp, de carácter sintético y realista, opta por una ambientación más cercana a los añejos resplandores del british style of life de la posguerra mundial que a la atmósfera victoriana del relato original y sabe sacar provecho de esa impuesta intimidad escénica para alcanzar soluciones simples y efectivas en muchos momentos, como el inicio del segundo acto y la conclusión de la ópera. Apoyado en una iluminación fría, en el juego de sombras y de veladuras de telón y en un parco atrezzo, el discurso escénico fue fluido y la mera combinación de un elemento central (ya biombo en el prólogo recitativo, ya vidriera o cortinaje), un espacio lateral doméstico y una serie de módulos rotatorios bastaron para representar con suficiencia los espacios internos y exteriores de la mansión de Bly, sometidos a perspectivas angulares y niveles de altura definidos para encarnar la oposición simbólica entre la realidad humana y el universo de “los otros” amenazantes.

Como es costumbre en los teatros alemanes, el elenco, sin especiales altibajos, se conformaba por miembros de la compañía estable del Theater Freiburg, encabezado por una Solen Mainguené que firmó un papel protagonista matizado y expresivo, de progresivo relieve vocal conforme avanzaba la acción hasta lograr una adecuada confrontación tanto con la recia ama de llaves (Judith Braun) como con Inga Schäfer (Miss Jessel) y Joshua Kohl (Quint), más cómodo en este papel que como recitador del prólogo; y no cabe reproche alguno, bien al contrario, a la actuación de las dos voces blancas, con mención especial del inquietante Miles de Julian Finckh. Por su parte, Gerhard Markson condujo la representación con tempo giusto y suficiente nervio rítmico, aunque aún falto en el primer acto –era solo la segunda representación– de la necesaria transparencia tímbrica y balance en los números de conjunto; las buenas prestaciones solistas (sobre todo del viento madera y la celesta), la delicadeza de la octava variación sinfónica y la conseguida tensión dramática del tramo final de la ópera mostraban el camino para redondear una versión que, recibida con unánime aplauso por un auditorio casi completo, muestra que al tándem Britten/James le sientan bien las tierras de Baden-Württenberg…