FOZ. LOURENZÁ / Festival Bal y Gay. Los Elementos: ritmos y afectos

Foz, Basílica de San Martiño. Lourenzá, Iglesia del monasterio de San Salvador. 16-VIII-2025. Nuria Rial, soprano. Los elementos. Director: Alberto Miguélez Rouco. Obras de Haendel, Porpora, Caldara, Vivaldi, Merula, Castello, Strozzi, Cavalli, Caccini y Monteverdi.
Ya sea a pleno formato o en formación reducida, Los Elementos que dirige Alberto Miguélez Rouco se ha convertido en una de las agrupaciones de referencia en el terreno de lo que (a veces mal) llamamos música antigua o históricamente informada o como ustedes quieran. Entre otras cosas porque han aportado a tan ubérrimo como cualitativamente sobrado panorama una indudable personalidad que nace de la incuestionable competencia de cada uno de sus miembros. Ello ha quedado bien de manifiesto a lo largo de los dos programas protagonizados por ellos —la mañana en San Martiño, la tarde en Lourenzá— en el Festival Bal y Gay de este año. Ejemplos señeros podrían ser la sensacional recreación de La Follia vivaldiana, hispanizada a más no poder, incluida la percusión guitarrística de Leon Jänicke, o el imaginativo acompañamiento a Nuria Rial en Zefiro torna de Monteverdi.
Tal personalidad, el sentido pleno de esas libertades que se explican por sí solas, es acordada por el papel rector de Miguélez Rouco —clavecinista y director del conjunto, que esta vez no cantó— y compartida por todos los miembros del grupo. Una vez más Claudio Rado fue impecable solista en la Sonata en re mayor de Haendel, complementado su trabajo por Jaime Guri Batlle en el segundo violín en las piezas del propio Haendel, Caldara, Vivaldi o Porpora, mientras el citado Jänicke tañía alternativamente tiorba y guitarra según lo animado de los tempi en cada ocasión y Giulio Padoin complementaba al violonchelo con este y con el director un continuo en el que ninguna de las voces desmerecía a las de los solistas. Precisamente ese virtuosismo en el continuo, subrayado por la claridad de ideas de Migélez Rouco, es tambén una de las características de Los Elementos. El caso es que el programa mañanero en San Martiño de Mondoñedo fue una rutilante exhibición de cómo esos afectos tan de la época del repertorio tratado pueden aflorar plenos de sentido permanente, dejando claro que no hay música antigua sino música. A eso hay que añadir esa rítmica tan propia que alcanza su plenitud en cómo han abordado las obras de José de Nebra que han ido llevando al disco.
La hora y poco más de música pasó como un feliz suspiro deseoso de retomar la experiencia por la tarde en Lourenzá. Se repitieron por fortuna los logros matutinos, esta vez con la presencia de la soprano Nuria Rial, un nombre imprescindible en este reertorio y una referencia indiscutible desde hace años en el mismo. Precisamente ese cuidado en la elección de sus músicas ha hecho que la soprano catalana mantenga un excelente estado vocal sostenido en un incuestionable buen gusto. Quizá para el de este crítico le faltó algo de arrojo —se atisbó en Zefiro torna en el diálogo con Claudio Rado— una punta de expresividad, de riesgo, con la que hubiera resultado mucho más interesante el fragmento de Armida abbandonata de Haendel, algo plano en su discurrir, con el que se cerraba el concierto. Como encore las Seguidillas y fandango de Vendado es amor, no es ciego de Nebra. Por la mañana el regalo fue Il ballo detto pollicio de Merula.
Luis Suñén
(Foto: Maider Pumariño)


