FOZ / Cuarteto Seikilos: españoles y Ravel

FOZ / Cuarteto Seikilos: españoles y Ravel

Foz. Pazo de Fontao. 18-VIII-2021. VIII Festival Bal y Gay, Cuarteto Seikilos. Obras de Turina, Del Campo, Gómez y Ravel.

Con un recital del Cuarteto Seikilos en el precioso marco de la orangerie del Pazo de Fontao se abría ayer el VIII Festival Bal y Gay. En el arriesgado y muy interesante programa Joaquín Turina, Conrado del Campo y Julio Gómez —podrían haber sido, qué sé yo, Jesús Guridi, Julián Bautista y Salvador Bacarisse con la misma intención, dada la realidad reinante— trataban de reivindicarse una vez más, ahora con el invencible punto de comparación del Cuarteto de Maurice Ravel.

Obras escritas, las de los tres compositores españoles, en el muy significativo decenio que va de 1935 a 1945. La Serenata (1935) de Turina, el Cuarteto “Castellano” (1945) de Don Conrado —que escribió dieciséis— y el Cuartetino sobre una danza popular montañesa (1941) de Julio Gómez mostraron, respectivamente, la sabiduría del estilo asumido como una segunda piel, una cierta dificultad para incluir la intención en el resultado y la claridad como virtud.

Las tres piezas fueron tratadas con una energía suficientemente cuidadosa por el Seikilos, galardonado como “ensemble emergente” por la Asociación Española de Festivales de Música Clásica (FestClásica) a finales de 2020. Los jóvenes, aspirantes a sumarse a la lista de grandes cuartetos españoles que han pasado por el festival de La Marina lucense, antepusieron la fuerza expresiva a la sutileza en el detalle —es una opción— en la página del compositor francés, que es de 1903 y queda, así es la vida, a años luz de las que le precedieron en el concierto —y de muchas otras de cualquier parte, naturalmente.

El Bal y Gay cumple de este modo con una si se quiere no obligatoria pero sí necesaria presencia de la música española, ayudando a no olvidar que también ella tiene su propia historia, no siempre feliz pero tampoco siempre desgraciada. El programa de apertura —quedan por llegar Granados, Falla, Albéniz, Rodrigo, Tárrega y de nuevo Turina— fue, en ese aspecto, toda una invitación a la reflexión. Y, por ello, verdaderamente aleccionador.