Fallece el violonchelista Elías Arizcuren, fundador del Octeto Ibérico de Violonchelos

El mundo del violonchelo pierde a una de las figuras españolas que con mayor constancia trabajaron por la difusión de la música contemporánea durante las últimas décadas. Elías Arizcuren murió ayer, 3 de septiembre, en Madrid a los 83 años, después de una larga trayectoria desarrollada principalmente en los Países Bajos.
Nacido en San Sebastián en 1943, Arizcuren recibió sus primeras enseñanzas de su padre, también violonchelista, y completó posteriormente su formación con maestros como Gaspar Cassadó, André Navarra y Sándor Végh. En 1968 fundó en Ámsterdam el Trío Mendelssohn, con el que desarrolló durante dos décadas una intensa actividad internacional y dejó una amplia discografía. Su trayectoria docente transcurrió asimismo principalmente en los Países Bajos, donde fue durante años profesor de violonchelo y música de cámara en los conservatorios de Ámsterdam y Utrecht.
Uno de los capítulos más personales de su carrera comenzó en 1989 con la creación del Octeto Ibérico de Violonchelos —conocido internacionalmente también como Cello Octet Conjunto Ibérico—, formación que dirigió durante veinte años y que contó desde sus inicios con el respaldo de Mstislav Rostropovich y Yo-Yo Ma. El conjunto desempeñó una labor especialmente significativa en el terreno de la música contemporánea: realizó más de sesenta estrenos y encargos y reunió un repertorio con obras de compositores como Xenakis, Berio, Donatoni, Luis de Pablo, Gubaidulina, Denisov, Pärt, Boulez, Kagel, Terry Riley o Philip Glass.
Arizcuren amplió además las posibilidades tímbricas de la formación mediante sus propios arreglos. Adaptó para voz y ocho violonchelos alrededor de un centenar de canciones de autores españoles y latinoamericanos —entre ellos Falla, Granados, Albéniz, Turina, Guridi, Montsalvatge, Ginastera, Piazzolla o Revueltas— y colaboró con intérpretes como Teresa Berganza, Bernarda Fink y Carmen Linares. Con el Octeto actuó en numerosos países de Europa, Asia y América.
A la interpretación unió una prolongada actividad pedagógica, con cursos y clases magistrales en distintos países, y una labor de investigación y divulgación en torno a su instrumento. En 1985 preparó un método dedicado a la técnica del violonchelo. A esta vertiente pertenece también El violonchelo: sus escuelas a través de los siglos (Labor, 1992), volumen con carta-prólogo de Mstislav Rostropovich en el que abordó la historia del instrumento, sus distintas escuelas interpretativas, su repertorio y sus principales intérpretes. En 2011 donó una parte importante de su biblioteca musical al Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París y al entonces Centro para la Difusión de la Música Contemporánea.
Al retirarse de la actividad concertística, recibió de la Casa Real neerlandesa el nombramiento de Caballero de la Orden de Orange-Nassau. En España fue distinguido en 2021 con la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.


