Expresivo Silvestrov por Krimmel y Grimaud

VALENTIN SILVESTROV:
Canciones silenciosas. Konstantin Krimmel, barítono. Hélène Grimaud, piano. DEUTSCHE GRAMMOPHON (1 CD)
Sé que apenas estamos en mayo, pero he preseleccionado este álbum como mi más firme candidato a mejor disco del año, y dudo que pueda ser fácilmente desbancado del primer puesto.
El proyecto surgió al revés de lo que suele ser lo habitual. En lugar de que un cantante se dirija a una discográfica con la propuesta de grabación de un programa o ciclo de canciones, en esta ocasión ha sido la pianista francesa Hélène Grimaud quien ha llevado el ciclo en su corazón durante veinte años a la espera de encontrar el cantante adecuado. Y su hallazgo final no ha sido otro que el joven barítono germano-rumano Konstantin Krimmel. Cuando se reunieron en Berlín el verano pasado, se les unió inesperadamente el compositor, quien, a sus 85 años, se había refugiado allí de la invasión rusa de Ucrania.
Valentin Silvestrov es el sinfonista vivo más importante de su país. Su estilo es profundamente tonal, dentro de la órbita posmodernista, y su música produce un impacto emocional directo. Las Canciones silenciosas datan de mediados de la década de 1970, cuando el ruso era la lengua obligatoria para los escritores ucranianos. Silvestrov eligió poemas de Pushkin, Yesenin y Mandelstam, pero también de Keats y Shelley. Su lenguaje musical se sitúa entre Chaikovski y Rachmaninov. Silvestrov se remonta claramente a una cultura consolidada que precedió al mundo moderno y sus horrores.
A pesar de su carácter nostálgico, la música no se percibe como arcaica ni desfasada, haciendo lo que mejor sabe hacer la música: expresar una emoción y luego otra. El exquisito canto de Krimmel es casi conversacional, mientras que Grimaud añade colores, texturas, melodías. La concentración de este recital deja al oyente casi sin aliento.
Norman Lebrecht


