Estrellas soviéticas

Estrellas soviéticas

PROKOFIEV: Sinfonía n.5; MIASKOVSKI: Sinfonía n. 21 / Orquesta Filarmónica de Oslo. Dirección: Vassili Petrenko / LAWO

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¿Qué dirían si abandonara la práctica de puntuar con estrellas los cds criticados? Este tipo de clasificación representa tan solo una vaga aproximación a la opinión de un crítico, y bien podría verse afectada por el clima o por las últimas cifras de la Covid. He visto clasificaciones que apenas reflejan el contenido de una crítica, igual que esos futbolistas que obtienen una nota de diez que apenas guarda relación con su influencia real en un partido. Sé que algunos lectores tan solo miran estas puntuaciones a la hora de decidirse. Pero, para los que sí leen el texto de la reseña, ¿la clasificación supone alguna diferencia? Díganmelo.

Tomemos, por ejemplo, las dos sinfonías del presente disco, la Quinta de Prokofiev y la Vigésimo primera de Miaskovski. La interpretación de la Filarmónica de Oslo es extraordinariamente colorida y sutil, con tonos de auténtico bosque ruso bien evocados por el director Vasily Petrenko. He escuchado a la Filarmónica de Berlín tocar la obra de Prokofiev con una fuerza y una belleza sonora mayores, lo que implica que no puedo otorgar a los noruegos las cinco estrellas de rigor. Y aquí es donde la cuestión se distorsiona. La que hoy comentamos es una interpretación fabulosa, con estrellas o sin ellas.

El Adagio de la Quinta de Prokofiev está maravillosamente dibujado, con una mezcla impresionante de miedo, esperanza y vuelta al miedo. Estrenada en Moscú en enero de 1945, la sinfonía fue concebida como un himno a la libertad justo en el momento en que Stalin se preparaba para aplastar una vez más a los artistas. El bueno de Prokofiev jamás acertó con el timing político.

Deberíamos escuchar más música de Nikolai Miaskovski (1881-1950). Sus sinfonías suelen ser breves y la emoción que expresan suele ser contenida. La número 21, encargada en 1940 por la Orquesta Sinfónica de Chicago, nos lleva en apenas un cuarto de hora a través de cuatro movimientos entrelazados. La escritura, especialmente para los vientos, es exquisita y la atmósfera es más que sugerente. Petrenko la dirige con fervor  atemperado por la contención. Por su parte, los profesores de la Fularmónica de Oslo se entregan con pasión. La grabación se merece cinco estrellas, y me fastidia tener que guardarme una. El sistema no sirve.