Escuchar, experimentar, descubrir, conectar…

Reflexiones sobre el universo musical con el que nos rodeamos, las relaciones que establecemos con él y la importancia de aprender a escuchar
Hace unos meses me mudé de casa y, por fin, he podido poner orden a la colección de vinilos y cd que habían estado almacenados durante más de dos años. Algunos vinilos tienen casi cinco décadas y, a pesar de múltiples traslados, incluso entre distintos países, no me he desprendido de ellos; de alguna manera constituyen el universo musical del que me he rodeado durante diversas etapas de mi vida. Las plataformas digitales (Spotify, YouTube, etc.) solo han sido mi principal fuente de escucha cuando no he tenido acceso a mi colección física, y este reencuentro me ha impulsado a oír de nuevo muchos discos y a reflexionar sobre las distintas formas que tenemos de escuchar música y qué nos impulsa a ello.
Hay algo especial en la deliberada selección de un disco de la estantería y, en el caso de los vinilos, un ritual añadido: mirar la portada, recordar los nombres de los músicos, sacarlo con esmero de su funda, colocarlo en el plato, limpiarlo, ver como desciende la aguja… Es evidente que es una experiencia muy distinta que escuchar en el móvil o el ordenador un tema que nos propone el algoritmo de una de estas plataformas, aunque también me han llevado a descubrir obras o artistas que desconocía y me permiten encontrar músicas cuyo acceso a las mismas mediante los tradicionales formatos físicos sería muy difícil.
¿Qué nos lleva a escuchar una determinada música?
La creatividad humana ha producido millones de músicas. Antes de la aparición de los sistemas de grabación solo se podían escuchar en vivo, sin embargo, ahora es posible acceder a tal cantidad de grabaciones que nos podemos preguntar: ¿qué nos lleva a escuchar un tema, obra o interpretación determinada en un momento y lugar específico?
Hace años, teníamos que decidir qué disco comprar o regalar. Poco a poco íbamos construyendo nuestra colección personal; cada disco estaba en la estantería por algún motivo: nos lo había recomendado un amigo o el vendedor de la tienda de discos, era el último lanzamiento de nuestro artista, grupo u orquesta favoritos, leímos una crítica en un periódico o revista especializada, era un disco fundamental dentro de nuestro género preferido, incluía los temas/obras que habíamos escuchado en un concierto… o incluso puede que nos hubiese llamado la atención la portada. En mi caso estas compras reflejan las distintas etapas por las que he pasado en cuanto a preferencias musicales, una especie de viaje sonoro de mi vida. Mi relación con estas músicas ha estado marcada por estos impulsos y por las experiencias que me han proporcionado en distintos momentos. De alguna manera, sacar un disco de la estantería y escucharlo de nuevo es a la vez un recuerdo nostálgico y una nueva experiencia sonora, ya que nuestras circunstancias, gustos y entorno han cambiado. Quizá el retorno del vinilo que estamos viviendo esté motivado por la necesidad de establecer una relación más personal con la música grabada y de rodear la escucha de un cierto ritual, que la convierte en una experiencia más intensa.
Educación musical: aprender a escuchar
Puede parecer un sinsentido decir que debemos aprender a escuchar, pero, si pensamos en lo que sucede frecuentemente cuando oímos música, quizá no lo sea tanto. Es fácil observar cómo nuestro propio proceso de escucha está filtrado por una especie de ruido mental casi permanente que frecuentemente nos impide oír lo que realmente suena: valoraciones sobre la música (me gusta, no me gusta…), asociaciones, pensamientos, críticas, opiniones, recuerdos…, todo ello condicionado por nuestro estado emocional, psicológico e incluso físico. De vez en cuando conectamos con un pasaje musical de manera directa, sin interferencias, y gracias a ello puede que se produzcan momentos mágicos e irrepetibles.
La formación musical se centra fundamentalmente en el proceso de aprender a tocar un instrumento, a cantar o a componer. A esto hay que sumarle el hecho que la enseñanza de la música dentro de los colegios, en España y otros muchos países, es mayoritariamente testimonial fruto de una visión de la enseñanza que no considera las artes como algo fundamental en la educación de las personas. Frente a esta situación, uno de los aspectos que suele faltar en la enseñanza musical es una verdadera educación de la escucha y una decidida vocación para promover que los estudiantes descubran y experimenten un amplio abanico de géneros y tradiciones musicales. Aprender a escuchar sin filtros ni ideas preconcebidas es fundamental para dejarnos llevar por los sonidos y experimentar su impacto emocional y sensorial.
Debido a innumerables factores individuales, culturales y de nuestro entorno, conectamos y nos sentimos más identificados con unas músicas que con otras. Ante nuevas experiencias musicales, a veces establecemos una conexión inmediata y otras tardamos más, o incluso las rechazamos. Conocer los códigos sonoros y estéticos de una música nos puede ayudar a entenderla mejor, pero este conocimiento no puede sustituir la experiencia de la escucha directa. Con todo, es imprescindible no intentar analizar un género o estilo musical con los códigos y el lenguaje de otro, ya que estos códigos están estrechamente relacionados con su universo estético y emocional. Por ejemplo, no podemos partir del lenguaje de la música clásica occidental para entender la música clásica de la India o las tradiciones musicales africanas. Escuchar la música de otra persona, comunidad o cultura sin filtros puede ser el primer paso para crear una conexión más empática con ellas, algo que nuestro mundo actual necesita en abundancia. ¶
Joan-Albert Serra


