Ernesto Monsalve: ‘Nunca más volverá a producirse un estreno de una ópera de Antonio Salieri’

Ante el estreno absoluto en Valladolid de la última ópera de Antonio Salieri, La bella selvaggia (La bella salvaje) en dos representaciones (2 y 3 de mayo), hablamos con Ernesto Monsalve, quien ha recuperado la partitura y se dispone a dirigirla en el podio del Teatro Calderón. Habla con apasionamiento del autor y de su época, como corresponde a un especialista.
Es sorprendente que en 2026 se produzca un estreno de una ópera de 1802 y de un compositor no precisamente desconocido. ¿Cuál fue la suerte de La bella selvaggia? ¿Se extravió la partitura? ¿Cómo llegó usted a ella?
Antonio Salieri (1750-1825) compuso unas cuarenta óperas. Después del estudio que cristalizó en la publicación de mi libro Salieri: el hombre que no mató a Mozart (Rialp, 2024), comprobé que cuatro de ellas no fueron estrenadas en tiempos del autor y que, tras el estreno el año pasado en Viena de Kublai (Les talens lyriques), aún hoy día una permanecía inédita. Me puse encontacto con la Biblioteca Nacional de Austria para tratar de localizar el manuscrito, que afortunadamente estaba allí prácticamente intacto. Únicamente faltaban en el texto las acotaciones
escénicas, que no están en la partitura y ha habido que rehacer. Como Salieri era extremadamente metódico, escribió una carta en la que lega opiniones e instrucciones para la interpretación de la obra a aquel que en el futuro decidiera subirla al escenario. Dicha carta se ha conservado y ha resultado ser un documento valioso para la reconstrucción de cuantos datos faltan sobre acción y escena.
¿Qué tipo de ópera es? ¿Ópera cómica?
El propio autor habla de opera buffa. Pero se trata de una ópera con recitativos, en dos actos de casi hora y cuarto cada uno. Posee una orquestación completa con vientos a dos y tres percusionistas; siete solistas vocales y un coro numeroso que en ocasiones funciona como doble coro. Hay incluso un efecto logrado con castañuelas.
¿Y qué cabe esperar de ella? ¿Se parece a Paisiello, a Cimarosa, a La flauta mágica, que tanto admiró una década atrás?
Sin duda resulta más moderna que Cimarosa y más avanzada que las óperas que firmó el propio Salieri en las décadas de 1770 y 1780. Por ejemplo, da un paso más en cuanto a continuidad dramática. A diferencia de las arias clásicas, que son de recreo (es decir, que la acción no avanza en ellas, puesto que para eso están los recitativos), aquí sí pasan cosas en el desarrollo de las arias, lo que anticipa los logros que estaban por alcanzarse en el Romanticismo.
Stendhal menciona un interregno para referirse a aquellos años de «vacío de poder» operístico en los años que separan la muerte de Cimarosa y la irrupción de Rossini. ¿Por qué motivo deja de componer Salieri en 1802 cuando está aún en plena forma?
Ese vacío de poder es real y responde a un motivo concreto como es el ambiente bélico de las guerras napoleónicas, en virtud del cual las potencias políticas destinaron más financiación a la batalla que a las óperas. Por ello Salieri no pudo estrenar La bella selvaggia tras su composición y, cuando quiso volver a hacerlo tras la caída de Napoleón, se dio cuenta de que el gusto del público había cambiado y que su ópera iba a resultar anticuada. No era, por tanto, época propicia para componer ópera y por eso Salieri se retira de la composición operística en 1802. No obstante, es una retirada de facto pero no de iure, puesto que va a seguir como pedagogo y como autor de música religiosa (Réquiem, 1807), lieder (no olvidemos que fue maestro y protector de Schubert) y música sinfónica según plantilla plenamente romántica (Variaciones sobre La Follia di Spagna, 1815). El caso de Salieri es el de un clásico relativamente longevo que va a conocer otra época posterior. Sobrevive a Napoleón; Luis XVIII le condecora con la Legión de Honor en 1815, pues en Francia sus óperas aún eran repuestas con éxito como recuerdo de una época más amable desde el punto de vista musical. Cuando Metternich piensa en los fastos del Congreso de Viena (1814-1815), recurre a Salieri para aportar la música. Salieri funda la Sociedad de Amigos de la Música de Viena (Musikverein), la Escuela de Canto y la Universidad. Un detalle más de su actividad en estos años es su iniciativa para la implantación del metrónomo, que llevó a cabo como fruto de su inquietud por asegurarse de que tanto su propia música como la de otros compositores fuese interpretada de acuerdo con la voluntad del compositor, al menos, en cuestiones de tempo.

¿Qué nos puede adelantar sobre el argumento? Con ese título, La bella salvaje, uno piensa en Las indias galantes, de Rameau, o en las teorías del buen salvaje de Rousseau.
Salieri fue un hombre muy culto, como Beethoven, y aunque no haya evidencias escritas de ello, sin duda conocía tanto a Rameau como a Rousseau. Conocía los principios ilustrados, muy presentes en su ópera Tarare (1787), con libreto de Beaumarchais y que supuso un éxito enorme en su día. Respecto al argumento, sobre una base de intriga y enredo propia de la ópera cómica, se desarrolla la historia de una expedición española a ultramar en tiempos de conquista. En una isla ignota, una joven indígena, una bella salvaje, se enamora de un capitán castellano al tiempo que es pretendida por el hijo de un jefe local.
¿Con qué elenco cuenta? Tras el estreno en Valladolid, ¿se prevén representaciones en otros lugares?
Sí, por supuesto. En principio tan solo puedo adelantar que se estrenará en Viena en la temporada 2026-2027. Respecto al elenco, los solistas salieron de un casting realizado en otoño en la Universidad de Viena para la ocasión. El papel de Zedda lo asume Tanja Weiss; Don Alfonso: Mathias Crazzolara; Don Parafanio: Moritz Merten; Don García: Simon Helm; Doña Leonor: Katharina Rothen; Dina: Erica Albertini; Azaib: Aaron Bauer. Los coros de isleños, mujeres y soldados serán interpretados por el coro de la Escuela de Artes de Valladolid, dirigidos por Eva Helena García. La dirección de escena es de Alberto Trijueque y, en el foso del Teatro Calderon, mi propia orquesta, la Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid.

¿Qué supone un estreno de este calibre visto desde el extranjero, desde el punto de vista musicológico?
Sé que en Viena lo ven como un acontecimiento emocionante. Desde la presentación del proyecto en Viena el pasado 3 de marzo, está teniendo un seguimiento muy notable. El estreno de una ópera de Salieri de 1802 es una gran noticia a nivel musical y musicológico. Para Valladolid y para España es algo verdaderamente relevante. Se trata del último estreno mundial de una ópera de Salieri. Nadie más podrá hacerlo, porque ya no quedan más tñitulos en su catálogo. Tampoco se podrá realizar un estreno de la capilla de la corte imperial del Sacro Imperio Romano Germánico a la que perteneció Salieri, porque se disolvió con Bonaparte y no se restableció. El sucesor jurídico del Sacro Imperio Romano Germánico fue el Imperio Austríaco, que, si bien tuvo compositor de corte, no volvió en el Romanticismo a tener una capilla en el sentido de la época de Mozart, Haydn o Paisiello. Todo ello ya es motivo de orgullo para nosotros, pero, por añadidura, el argumento tiene a héroes castellanos como protagonistas y viene a salir a la luz coincidiendo con el 475 aniversario de la Controversia de Valladolid (el primer gran debate sobre los derechos humanos y el derecho internacional de la historia moderna), con lo cual, este estreno gana un extra de interés.
Suponemos que se realizará una grabación. ¿Cómo fue el proceso de presentar el proyecto, de buscar financiación, de sortear dificultades?
Sí. Se realizará grabación de las dos funciones y también del ensayo general, por si acaso. Siempre supe que este proyecto debía salir adelante con mi orquesta, la Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid, sostenida por la Fundación EME. En principio, busqué la financiación dentro de los presupuestos de la Fundación, en cuyo patronato me encuentro yo mismo, por lo que el proyecto siempre vio luz adelante. A esto se suma la colaboración de la Universidad de las Artes de Viena, de la UNIR, en la que soy director de Proyectos de Música y Artes Escénicas, el Ayuntamiento, la Diputación de Valladolid y el Teatro Calderón. En lo que se refiere a la edición crítica de la partitura, la Biblioteca Nacional de Austria siempre puso un sí entusiasta, desde el primer momento, de igual modo que la Universidad ante todo lo que fuese recuperar su propio patrimonio austríaco. Hemos de recordar, en primer lugar, que dicha Universidad fue fundada por Salieri, y en segundo, que la cátedra de canto con la que colaboramos, lleva el nombre de “Antonio Salieri”. Siendo el bicentenario del fallecimiento del compositor, la ocasión no podía ser más propicia para honrar a su fundador. Me siento orgulloso y feliz de todo ello.
Al finalizar la entrevista sonreímos al comentar que, tras nuestra conversación, hemos hablado de Antonio Salieri, un compositor como la copa de un pino, y que no hemos tenido necesidad de mencionar a Mozart.
Enrique García Revilla


